
Llevo varios días, semanas, pensando sobre el conflicto Israel Palestina. En estos dos últimos día la agresividad se ha incrementado; e Israel, en aras de la legítima defensa, ha decidido destruir el arsenal y las posibilidades nucleares de Irán, que sin duda es un peligro para toda la región.
En estos días he visto imágenes terribles, y opiniones más odiosas todavía. Muchas han sido manifestadas desde el odio visceral, incluso desde la estupidez y el absurdo de la ignorancia. Hay de todo, y cada uno mira lo que quiere; pero pocos miran a los demás a los ojos.
Desde lo que Europa representa, y dentro de las redes sociales me ha llamado la atención que esta cuestión es vivida en lo político como un simple forofismo simplón y tedioso entre lo que tenemos que opinar simplemente por ser de izquierdas o de derecha. Los de izquierdas tienden a apoyar a los terroristas de Hamás, al pueblo Palestino, e incluso a Irán por su papel de justiciero contra lo que ellos llaman un genocidio. Su gran heroína es Greta y su barco de ayuda humanitaria estupendo. Los Israelíes son genocidas todos y sin ambages. Las soluciones que proponen son irreales e imposibles.
Por el contrario, los de derechas muestran sus respetos a Israel que está, desde la legítima defensa, defendiéndose del terrorismo de Hamás, de Hizbulá y de Irán. Israel quiere liberar a sus conciudadanos, todavía rehenes, y entienden sus defensores que estamos ante la única democracia de la región, además de un país occidental donde se respeta a las mujeres. Los excesos de Israel estarían justificados por la estrategia de Hamás de utilizar a la población Palestina como escudo humano. Se están defendiendo, y vale todo, o casi todo. Apoyan la solución israelí, pues ellos conocen la región y tienen derecho a sobrevivir.
En mi indagación he observado imágenes que no son habituales en televisión, y menos en las del gobierno. He visto, por ejemplo, varias manifestaciones de palestinos gazatíes gritando contra Hamás cuando iban a por alimentos, También he visto a mujeres soldado de Israel haciendo tictoks para animarse ante los inminentes ataques. He visto a israelíes rehenes sufriendo y llorando, y he visto a niños palestinos malnutridos, túneles de escape y declaraciones de los rehenes pidiendo a su gobierno, el de Netanyahu, que sea firme y no se deje engañar. Mano dura, piden los israelíes a gritos todos los días. También he visto muchedumbres de varones palestinos, y ninguna mujer entre ellos, gritar contra Israel y contra Estados Unidos.
Sin ninguna duda, en este conflicto, hay un choque cultural evidente, y varias ideologías que crecen y decrecen según la trama.
Desde la España dominante, la opinión más consolidada es que Israel se ha pasado tres pueblos y que esto es un genocidio. Evidentemente no es un genocidio, pero la propaganda no va a decir otra cosa. Este posicionamiento tiene, en mi modesta opinión dos orígenes: la tradición franquista pro árabe; y el catolicismo español que nos empuja inconscientemente a situarnos junto a los débiles.
Los españoles leemos que, en esta guerra, los débiles son los palestinos. David es ahora Goliat, y Goliat es débil frente a David. El principio católico de que el fin no justifica los medios, late con fuerza entre los católicos españoles. No todo vale, aunque tengan más razón unos que otros, y ninguna la tenga del todo. Los católicos rezamos por la paz todos los días, y los españoles que no lo son, se echan las manos a la cabeza para tratar de justificar la barbarie de su supuesto bando.
La posición de los países anglosajones, y de una buena parte de Europa, es más cercana a Israel. Alemania se sigue sintiendo culpable por el holocausto nazi; e Inglaterra, la que tuvo Palestina como colonia antes de cederla para montar Israel, y Estados Unidos, son favorables a un país que han auspiciado y potenciado. Son de los nuestros, repiten de cuando en cuando.
Francia es la más contraria a la actuación de Israel, entre otras cosas porque hay muchos millones de musulmanes que viven en el hexágono. Sin embargo, ante el ataque de Israel a Irán por lo nuclear, Francia se ha posicionado junto a Israel y contra los Ayatolás. Y es que no es lo mismo ser argelino, que ser iraní. La población persa que vive en el exilio desde la caída del Sha en 1980, sigue teniendo peso en Francia. El cómic Persépolis sigue siendo muy leído en Occidente, y evoca bien la realidad de la mujer que tenía todo con el Sha y ahora vive en una dictadura moral con los clérigos.
El mundo musulmán es muy variado, y también se odian entre sí. Estos días he visto cómo el sucesor del Sha de Persia se postulaba para regresar a su patria iraní, y devolver la libertad perdida al pueblo iraní. Una postura que seguro que es muy deseada en Inglaterra, Estados Unidos, y en parte del pueblo iraní. Las manifestaciones de mujeres contra velo en Teherán es de hace cuatro días. Y no hay que olvidar que con el Sha fueron alfabetizadas. Un Sha cruel y despótico que parece haber aprendido la lección de la historia.
Lo de Israel es otra cosa. El discurso de Netanyahu me impresionó. No es la primera vez que sucede, por cierto. El discurso del presidente fue claro e intenso, incluso emocionante: no nos doblegarán, igual que no nos doblegaron los nazis.
Afirma sin titubear el presidente israelí que los iraníes son los nuevos nazis, que quieren destruir a su pueblo y a su forma de vivir. Les atacan porque dicen los iraníes que les quieren destruir, y no quieren llegar tarde, como llegaron tarde los europeos para detener al loco de Hitler. Consideran que es su momento histórico, y que Europa debe apoyar.
Percibo una visión etnocéntrica como principal argumento, tanto para los suyos, como para los europeos. Israel es occidente, y no será destruida. Quieren defender su mundo, y no hay nada que objetar, salvo que el fin no justifica los medios.
Pero esa máxima para el sionismo contemporáneo no es obstáculo. Nadie puede negar que no tengan derecho a defenderse, igual que lo tiene Irán y lo tiene todo el mundo, pero para ellos, quizá por la supervivencia en la que juegan, sí vale cualquier medio. Y eso genera rechazo en la Europa acomodada del bienestar.
El discurso iraní y el discurso de Hamás o de Hizbulá se parecen mucho entre sí. Apelan a destruir y a hacer daño al gran enemigo Israel. Para ellos occidente es el gran Satán. E Israel un demonio molesto. Un demonio que molesta a los palestinos, que son, dentro de los musulmanes, muy poco apreciados por sus vecinos.
En estos asuntos, Egipto, Turquía o Arabia Saudí están más cerca de la apertura occidental que Irán, de ahí que su animadversión sea menor contra Israel. Incluso hay cierta alianza y acuerdos puntuales para algunas cuestiones de seguridad frente a otros países de la región. Israel no sólo tiene enemigos entre los musulmanes. Hay matices. Los palestinos no son tan apreciados en Egipto, y tendrán sus razones. Siempre han sido los hermanos pobres del Islam. Desde hace siglos.
Irán subraya más el mal que es Israel, que el bien que es su religión. Es su justificación. Tenemos derecho a ser poderosos y fuertes. Somos un gran pueblo. Subrayan su estilo de vida Chií, que es su variante musulmana de clérigos. Una variante no deseada en el resto del Islam.
Occidente había logrado, junto con Israel y Hamas, mantener una situación en Gaza que fuera más o menos estable. Podía haberlo sido, pero ha fracasado porque Hamás ha traicionado al pueblo palestino, y a engañado a Israel y a occidente con sus intenciones. Sin duda, la mano de Irán está detrás de todo eso.
El conflicto, no lo olvidemos, estalló cuando Hamas decidió atacar a Israel y hacerse con unos cuantos rehenes para negociar casi nada. Ese fue el error, un error que puede llevarnos al desastre nuclear. Para unos todo está justificado; para otros, el odio es necesario para cambiar el mundo. Para la mayoría, la paz y el entendimiento son el camino. Pero este valor, de entendimiento y de razón, no parece funcionar en algunas culturas. No se razona más que cuando se saca tajada clara, y esa es una cortedad de miras enorme.
El cristianismo habla de perdón, paz y justicia.
Estos valores no son compartidos del todo por Israel, que prefiere ampararse en los valores occidentales de la Revolución Francesa y de la Constitución de los Estados Unidos con su libertad, igualdad, separación de poderes y respeto por los derechos humanos. Podría ser suficiente para entenderse. El problema está en que ninguno de esos valores está en el mundo islámico; y tampoco los va a respetar el terrorismo ni la revolución islámica de Persia.
Para Israel, que creo que ha comprendido bastante cómo son sus vecinos, lo primero es obtener la paz. A cualquier precio. Y luego los derechos humanos. Si se hace al revés, como pretendemos en Europa, la guerra será interminable. La pregunta es de nuevo si el fin justifica los medios. ¿Cómo puede pacificarse la región respetando los derechos humanos? Esa es la pregunta, sobre todo cuando los niños palestinos los atacan con bombas pegadas al pecho.
No hay soluciones fáciles. Si la hubiera, ya se habría alcanzado. Todos tienen que ceder, y por supuesto, deberían apostar por solucionar los problemas de forma pacífica y calmada. Hay que razonar y entenderse. Algo que hasta la fecha, sigue pendiente.
Seguiremos rezando por la paz y el entendimiento.
Por cierto, como buen español que ha investigado su pasado, corre sangre judía por mis venas. Tribu de Benjamín. También, por los apellidos, sé que corre sangre musulmana. También hay otra parte cristiana, pues soy católico. Descendiente de los cristianos del norte de la península. Mezcla humana, pues hombres somos, hijos de hombres creados por un sólo Dios.