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15 SEPTIEMBRE. BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DE LOS DOLORES.

Si hace una semana celebrábamos la natividad de la Virgen María, y profundizábamos en el misterio de su nacimiento. Hoy lo hacemos en el misterio de su dolor, pues hoy, 15 de septiembre, es la Virgen de los Dolores. Ave María.

La reflexión es muy sencilla, pero no por ello menos profunda. María sufre espiritualmente todo lo que su hijo Jesús sufre en cuerpo y alma. Ni más ni menos.

María sufre en Getsemaní, y pronuncia con Jesús las palabras dirigidas al Padre, “aparta de mi este cáliz, mas no se haga mi voluntad, sino la tuya”. En María, la oración cobra una profundidad y un dolor especial de madre, que podría recrear con las siguientes palabras: “aparta de mi hijo el dolor y la muerte, prefiero sdufrir y morir yo, a que lo haga Él; más no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Esto es muy lógico, pues, ¿qué buena madre o buen padre no preferiría morir antes que lo hicieran sus hijos? El desvelo de la paternidad, en este caso la maternidad, se traduce en un deseo de morir y padecer, antes de que sufran y padezcan los hijos. “Prefiero sufrir yo, a que sufran mis hijos”. Así lo afirman muchas personas con buen corazón. ¿Va a ser distinto en María, si era de nuestra naturaleza? María también fue tentada, pero aceptó la voluntad del Padre Dios, pues meditaba todo en su corazón, y era la esposa del Espíritu Santo. Pero esto no restó dolor y sufrimiento a su corazón.

María fue golpeada en la flagelación, pues cada latigazo en su hijo, era sentido en su madre. En este punto, Jesús es el redentor, que se entrega por amor; pero no hay que olvidar que María nos entrega a su hijo, obedeciendo al Padre. Participa de la redención desde su “sí”. María nos entrega a Jesús desde el amor. Desde la humildad, el silencio, la oblación, la obediencia, el amor y la pureza. María nos entrega a su Hijo desde el mismo momento en el que dice que sí a Dios, en la Anunciación se abre camino la redención de Cristo. El “hágase en mi según tu Palabra” discurre en paralelo al “hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” del padrenuestro. Oraciones que rezamos junto a María. María guardaba todo esto en su corazón, un corazón humilde que sufre y que guarda silencio.

María acepta humildemente la corona de reina. Es la corona de espinas transfigurada de su hijo Jesús. Corona que se clavó en Cristo, y que son signo de una realeza distinta a la de este mundo. María no es una reina como las de este mundo, no es reina del papel couché. Es una reina madre, que consuela, ampara, protege y vela por sus hijos. Por nosotros, que estamos llamados a ser herederos del Reino de Dios.

María recorre la vía dolorosa hasta el Calvario. Como madre, María se pregunta por qué rechazan a su hijo. ¿Acaso no es el Hijo de Dios, el Mesías? ¿Por qué no creen en mi hijo? María sufre el abandono de los amigos y seguidores de Jesús, sufre el rechazo del pueblo de Israel. Y eso sucede en un contraste infinito con el “fiat voluntas tuas”. Todo lo que María ama, es rechazado por los hombres.

Sin embargo, María está al pie de la cruz. Apenas quedan unas pocas mujeres que se acompañan entre sí. Junto a ella, está también el discípulo amado, el centurión que reconoce al Hijo de Dios, el buen ladrón arrepentido y cientos de personas que se burlan. El dolor de Jesús en la cruz es contemplado y meditado en el corazón de María. Las tres o cuatro horas que estuvo Jesús suspendido en el madero santo —cuya fiesta de exaltación de la cruz celebramos ayer, 14 de septiembre— las vivió María en fiel alabanza a Dios. “Tu dolor, es mi dolor”. También María encomienda su espíritu al Padre; también María los perdona por no saber lo que hacían; también María sufre espiritualmente. También María acepta la voluntad de Dios de ser Madre de todos los creyentes: “ahí tienes a tu madre, ahí tienes a tu hijo. Acepta esa maternidad universal, mientras contempla a su hijo morir como un esclavo y un malhechor.

Este es el misterio que hoy reflexionamos.

En Valladolid, la próxima semana, en concreto el día 23 de septiembre, tendrá lugar la Coronación Canónica de Nuestra Señora de los Dolores en la Catedral. Se celebrará una Misa Pontifical y habrá una procesión por las calles de la ciudad. Esta imagen se guarda, custodia y venera en la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz de Valladolid; lugar al que podemos acudir para rezar hoy y siempre. En este año jubilar del Corazón de Jesús en Valladolid, no es un mal momento para contemplar el misterio que nos ocupa, y amoldar nuestro corazón al de María Santísima con la oración, el ayuno y la limosna.