
Hoy es un día importante en nuestro querido santoral. Es Santa Marta, María y Lázaro, amigos de Jesús. Los del pueblo de Betania.
Jesús resucitó milagrosamente a Lázaro, y afirmó, nada menos, antes de mover la piedra del sepulcro, que Él era la resurrección y la vida. Aquello suscitó muchas conversiones, pero también despertó la animadversión contra Jesús en Jerusalén.
Las dos hermanas, Marta y María, salen en el evangelio en varios relatos. Cuenta en uno que Jesús se hospedó en su casa, y que ellas se afanaba en contemplar y en servir al Señor. Jesús aprovechó para hablar de la belleza de la vida contemplativa, frente al trajín de lo mundano.
Marta, María y Lázaro eran tres hermanos, y por eso el santoral celebra a los tres en este día de hoy, 29 de julio. Vivían en el pueblecito de Betania, que está a la derecha de Jerusalén saliendo hacia la Decápolis, camino de Jericó. Dicen que a unos tres kilómetros.
El caso es que, a mayores, es el santo de mi hija pequeña Marta, que lleva por nombre completo Marta María, en honor a estos hermanos de Betania, cuya síntesis siempre he pensado que representa la teología.
La teología tiene un doble misión, estudiar y contemplar, afanarse y orar. El hermano Roger de Taizé lo expresaba en su escrito “lucha y contemplación” hace unos cuantos años, y hablaba de esta síntesis como vital para la vida cristiana. La teología se estudia, pero también debe ser rezada. En estos días en los que ando escribiendo un compendio de teología (que me llevará meses) veo que es más que nunca necesario “servicio y oración”. También es un buen consejo para cualquier creyente, laico, religioso, consagrado u obispo. Servicio y oración.
Hoy día, en el que la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa congrega a cientos de jóvenes, es imprescindible vivir como las santas del evangelio, como amigas y hermanas del Señor, activos y orantes. Humildes y fecundos, como la Virgen María.
Me gusta mucho el título de estos tres santos: amigos del Señor. Así aparece en los evangelios. Amigos.
Jesús tenía, según el evangelio, a estos tres por amigos. La única vez que vemos a Jesús llorando es ante la tristeza de las dos hermanas, lloran por la muerte de Lázaro, su hermano. Jesús lloraba por su amigo, pues le quería, y mucho. Y llora con ellas. Así lo recoge el evangelista. Eran amigos del Señor, y Jesús se alojaba en su casa de cuando en cuando.
Jesús afirma que su madre y sus hermanos son los que acogen su palabra y le siguen. Son sus amigos. Como María, su madre, y como Marta, María y Lázaro.
Jesús, en el discurso de la Última Cena, en ese mismo evangelio un par de capítulos más tarde de la resurrección de Lázaro, afirma “no os llamo siervos, sino amigos”. Dicho de otra forma, Dios, Jesús, quiere ser amigo nuestro, quiere ser íntimo a nosotros. Quiere compartir con nosotros la vida, quiere que unamos nuestra voluntad a la suya, quiere que nos dejemos querer por Él. Quiere resucitarnos, y quiere llorar con nuestra penas, y reír con nuestra alegrías. Quiere ser amigo nuestro, y nos llama amigos, no siervos.
Ser amigo del Señor es sorprendente. Que todo un Dios quiera ser amigo nuestro nos sobrepasa, pero es la propuesta de Dios para nuestras vidas. Nos lo recuerda la Iglesia el día de hoy, y a mi me hace pensar.
Yo quiero ser amigo de Jesús. Faltaría más. Así que te invito a entablar relaciones de amistad con Jesús, y ya me contarás.
PD: Felicidades Martas, y feliz amistad con el Señor.