Archivo del Autor: Antonio José López Serrano

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Acerca de Antonio José López Serrano

Nací en Valencia a finales de los años sesenta, pero casi toda mi vida la he pasado en Valladolid. A esa ciudad le debo lo que soy, lo que creo, lo que siento y lo que amo. En ella estudié Derecho primero y Teología después. En ella conocí a mi mujer y en ella ví por primera vez el rostro de mis hijas. En ella descubrí que la CREATIVIDAD puede ser amiga de la VERDAD, y que la AUTENTICIDAD es un bien escaso que se descubre PENSANDO y VIVIENDO. Trabajo como profesor de Filosofía en Secundaria y Bachillerato, y recientemente he descubierto una nueva pasión: ESCRIBIR. Disfruto escribiendo y me gustaría que disfrutaras leyendo. Como puedes ver, solo soy un profesor de filosofía al que le gusta pensar, rezar, escribir y amar.

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT.

Pues ha sucedido.

Hay libros que te cambian la vida, y he tenido la suerte de topar con el mejor de ellos; en este caso el que lleva por título “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen” y que fue escrito por S. Luis M.ª Grignion de Montfort a principios del siglo XVIII. Unas cien páginas, más o menos, y todas llenas de vida, de intención y de profundidad. Un libro denso y contundente de espiritualidad católica. Casi nada.

El caso es que a mi tampoco me sonaba su escritor, pero San Luis de Montfort es uno de los doctores de la Iglesia y un mariólogo de reputado prestigio, muy conocido en las lides teológicas de la espiritualidad mariana y un inspirador de la mariología de los siglos XVIII, XIX y XX, incluido el Concilio Vaticano II en la Lumen Gentium cuando trata de María Santísima.

Este tratado, fue, de hecho, uno de los libros de cabecera de San Juan Pablo II. Y tras su lectura, confieso que lo va a ser de la mía. Juan Pablo II se consagró a la Virgen, y yo también me he consagrado en este mes de Agosto. Totus tuus.

Me explico y os lo cuento.

Yo siempre digo a mis amigos, allegados y compañeros de café que soy un místico. Además de un tipo que escribe, un humorista frustrado, un pelma insoportable, un padre de familia, un músico ramplón y un profe de filosofía… también soy un místico que disfruta rezando, en oración y en el silencio de Dios.

El caso es que muchos de los mejores momentos de mi vida se han gestado —y los he vivido— en oración, frente al sagrario, junto a una cruz y contemplando el profundo amor que Jesucristo nos tiene, y que también me tiene a mi en concreto. Las gracias y los regalos que, a lo largo de mi vida, me ha otorgado Dios, han sido muchos, tantos que no podría enumerarlos.

Y el último regalo que he recibido de sus manos ha sido definitivo. Es el regalo de su misma Madre desde la profundidad del Espíritu Santo. Esto no lo había experimentado con tanta trasparencia y hondura hasta estos días en que me he consagrado a la Virgen María siguiendo la vivencia y saber de este hombre, San Luis de Montfort. Toda una teología al servicio de Reinado del Corazón de Jesús.

El “Tratado de la verdadera devoción a María Santísima” es realmente un curso de preparación (unos ejercicios espirituales) para consagrarse a la Virgen, para entregarle toda la vida, y que Ella, que es madre de Dios y madre nuestra, se convierta en dueña y protectora de nuestras vida. Es una consagración que puede realizar cualquier bautizado. Y hasta ahí puedo leer.

No voy a contar las intimidades que he vivido en esta consagración, pues no me es lícito contarlo, pero sí tengo que decir, a los que sois creyentes y vivis la fe con intensidad, que Dios cambia el corazón y que María lo transforma en profundidad si os sometéis a ella y os vinculáis de por vida al Reinado de su Hijo Jesús, a su Sagrado Corazón, y al de su Madre la Virgen María.

Si te sientes llamado, nos podríamos ayudar en esta bella tarea. Lo rezaré, vaya.

La oración de Juan Pablo II que expresa la profundidad de la entrega es la siguiente. La transcribo en latín y castellano. La que yo rezo a menudo es parecida.

Totus tuus ego sum (soy todo tuyo)

et omnia mea tua sunt (y todo lo mío es tuyo)

Accipio te in mea omnia (te recibo como mi todo)

Praebi mihi cor tuum Maria (Dame tu corazón María)