Delante de las Médulas, en el corazón del Bierzo se respira el polvo romano. Extrajeron un oro que nadie sabe ya donde se encuentra. Nadie recuerda el nombre de ningún esclavo que aquí dejó su vida trabajando. Así somos nosotros. Explotamos el planeta, lo esquilmamos, lo desecamos.
Así somos con nuestros semejantes, codiciosos, robamos, pisoteamos al otro buscando una gloria que nunca tendremos.
La gloria es para las montañas, como estas de las Médulas, donde el polvo rojo es el residuo de su paso por aquí.
¿Los hombres? Enterrados Dios sabe donde.

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