Comentario del autor.

“Casi desde el principio de mi carrera docente, he escrito apuntes para clase.

Recuerdo que cuando impartía Religión, seguía los libros de texto vigentes. Pero, incluso en esos años, ampliaba la materia, la modificaba y la adaptaba a las necesidades del aula con apuntes y esquemas que proyectaba en clase.

Cuando aprobé la oposición, y empecé a dar clase de Filosofía, la necesidad se me hizo más apremiante por varias razones. La primera por estar ante cursos de Bachillerato, siempre más complicado y de más calado intelectual. La segunda, porque los libros de texto se me antojaban deslavazados, fragmentados y en general poco claros. Casi todos están compuestos por varias manos, y no solían unificar pensamiento, ni ofrecer “ideas claras y distintas”, que diría Descartes.

Hay una sentencia de Ortega que siempre he tenido muy presente: la claridad es la cortesía del filósofo. Esa premisa, que siempre he tratado de aplicar en el aula, me empujó a ofrecer, durante varios cursos, unos apuntes de clase que los alumnos podían fotocopiarse para estudiar sobre ellos. Apuntes que, no pocas veces, fueron valorados por los alumnos como extraordinarios y excelentes, lo que me impulsó a ampliarlo y casi a terminarlos en todas las asignaturas.

Con los años, la carrera docente me ha llevado a especializarme en alumnos con carencias educativas y de aprendizaje, lo que ha hecho que abandonara abruptamente el proyecto de “fabricar” apuntes de filosofía en fotocopias. Durante varios años me he dedicado a impartir Historia, Geografía, Lengua y Literatura a muchachos de Secundaria con dificultades de aprendizaje.

Durante el curso pasado, volví a mi especialidad de Filosofía, lo que hizo replantearme la necesidad de reescribir apuntes. Sin embargo, ante los cambios tecnológicos, y el conocimiento que poseo para editar libros de texto, he pensado que sería más interesante ofrecer las ideas y el pensamiento filosófico de manera divulgativa a más lectores. En ese proyecto nace esta colección EL PLACER DE PENSAR”.