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Maestros que mueren con M de Marzo. Ayer Delibes, hoy JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO.

Hoy ha muerto José Jiménez Lozano, 9 de marzo del 2020. Descanse en Paz.

Escuchadme todos:

Ha muerto un escritor magnífico, admirado y comprometido con su fe y con el hombre. Humanismo cristiano hecho letras en un mundo que odia lo humano, lo cristiano y las letras.

Ha muerto José Jiménez Lozano, y pertenecía a esa raza de escritores que son necesarios, casi imprescindibles en nuestra tierra.

Hace diez años fallecía Miguel Delibes, también marzo, fue el 12 de marzo de 2010. También escribía historias que nos han hecho escuchar lo más humano de lo humano. Lo más profundo del aire, que dijera Guillén junto a San Pablo, lo más auténtico que fueron en sus personajes, donde se retrata a la lumbre el fuego del alma de Castilla.

Y porque las letras están de luto, yo también ando como perro olfateando las esquinas. Como Rinconete y Cortadillo, que al lado de mi casa se entregaron a desentumecer sus vidas con un coloquio de penas y un ladrido de miseria. Cervantes los vio y nos los contó.

Y junto a la columna de esa esquina se enseñorea con su pluma y su paloma en la cabeza José Zorrilla, al que dieron en la plaza un hueco ladeado, cuando el nos dio a doña Inés en desvelo por causa del amor sufriente por el Don Juan.

Y me guardo triste cuatro versos sueltos:

 

¿Qué tendrá este mes de marzo que convoca a los Maestros?

¿Qué tendrá este tiempo amargo que olvida a los vivos para homenajear a los muertos,

pero que ni lee a los vivos ni a los muertos?

¿Qué tendrá esta tierra mía, que se nos van los poetas buenos?

¿Qué tendrá el aire hoy de Castilla, sin José y Miguel? Cielo.

¿Qué guardará San Pedro de los ángeles con tanta alma al término de su destierro?

¿Qué nos esperará a nosotros, los vivos, cuando busquemos una voz nueva,

y no encontremos más que silencio?

El mundo está más huérfano, y tú, Valladolid, de luto y de entierro.

 

 

 

 

 

 

Veintidós ministros de cuchipanda.

Este fin de semana, el presidente del Gobierno, gente progresista y feminista a tope, se ha ido de casa rural con los ministros de su gobierno. Es verdad, que les ha costado encontrar una casita, pues son veintidós pibes y no es fácil, pero al final la Calvo lo ha conseguido. De hecho, llevaba el tema en mente desde hace días, y debió ser un tema importante en el último Consejo de Ministros, que son secretos y los martes, pero que deduzco de manera natural de qué hablan en los ruegos y preguntas.

-¿Qué tenéis para el finde del 8 de febrero? Pues reservar que nos vamos de convivencias.

-Bieeeeen.

Y se lo han tenido que pasar bomba, porque esta gente de izquierda solidaria, progresista, feminista y antifascista donde va, triunfa. De hecho fueron en autobús para divertirse más y no sufrir los atascos de la capital. Es lo que tiene ser solidarios con el medio ambiente. Es verdad que podrían haber ido en bici, pero la Calvo dijo que no. Que ni hablar. Mejor en un ecoautobús, y se acabó.

Es verdad que los desayunos eran temprano, y que hay ministros que no les mola madrugar porque no están acostumbrados al curro duro; pero claro, tras la fiesta de pijamas del primer día, nadie quiso perderse al coletas despelujado con babuchas sarracenas. Bajó por la mañana con Irene, su señora, que está henchida de gozo por irse de convivencias con su marido.

Los demás se morían de envidia, pues no pudieron llevarse a sus respectivos ni por asomo. A los de Galapagar les dieron la suite nupcial, y los barones que se han enterado se han chinado de la leche. El amigo Pedro, que es el líder cuya luz nunca le llega al cogote, no estaba contento del todo la primera noche, pues parece ser que cuando se va de casa rural suele tener problemas porque se le salen los pies de la cama. Y es que el tío es alto y tiene problemas con sus pies.

El tema trajo miga incluso en el autobús. No es para menos. Pablo e Irene son la primera pareja matrimonio que son ministros los dos, y eso, aunque a muchos les suene a Ceaucescu y su señora, o a Marcos y la Imelda, no es verdad. Es porque somos unos fachas malpensados. Ellos viajaron juntos en el autobús, y los demás tuvieron que andar regateando pareja de viaje. Dicen las malas lenguas que es porque se parecen a los Clinton, Bill y Hillary, y por supuesto hay que alejar a las becarias de macho alfa de la tribu de los progresistas, feministas, solidarios y antifascistas. De hecho, aquella noche, fueron los únicos que se daban arrumacos  en la fiesta de pijamas para envidia del resto de los ministros, que se tuvieron que conformar con mirar y beberse su cubata de cincuenta euros.

El caso es que la fiesta de pijamas fue un éxito, sobre todo cuando se hizo tertulia en el salón de abajo después de cenar.

Pedro sacó su guitarra, la del campamento de las juventudes socialistas, cuando cantaban a Quilapayun y el kumbayá. Y se sintieron todos dichosos cantando lo de la muralla y el pueblo unido jamás será vencido, que para eso se han juntado. Pablo, que también es muy ducho en fiestas de facultad, sacó unos petas, y aunque la ministra de sanidad (no sé quien es pero seguro que es una mujer y acierto) le miró con recelo por aquello de facilitar el contagio del coronavirus chupando el mismo cigarro, nadie dijo nada, pues son gente moderna y moralmente superiores. Cantaron una cancioncitas y disfrutaron contando unos chistes de Franco que casi nadie se sabía, pues no lo vivieron. De hecho los llevaba Abalos escritos. Eran malos, los chistes digo, pero se tuvieron que reír para evitar suspicacias. Cuando llegaron chistes de mariquitas, de aquellos de Arévalo, ya dejaron de reirse y se fueron a la cama. El coletas con su churri, faltaría más, y los demás con pena pensando que no habían tenido ninguna oportunidad de ligar en aquel ambiente tan insano.

Al día siguiente, tras el desayuno de café au lait, digo que a media mañana, alguno se empezó a aburrir y propusieron una caminata al Valle de los Caídos, pero se vé que no tuvo éxito, y ahí empezaron los problemas, pues montar una convivencias sin nada que hacer es superaburrido. Por supuesto, alguien dijo que se podía jugar a hacer una lluvia de ideas bajo un mismo tema, en este caso: temas que cabrean a la derecha, y se entretuvieron hasta la hora de comer y se lo pasaron muy bien, aunque el tema era repetitivo.

Un, dos, tres, responda otra vez. Cosas que cabrean a la derecha: sacar a Franco de la tumba, llamar ultraderecha al que no diga que todo es violencia de género, quitarles la educación de sus hijos, afirmar que la Justicia es un poder al servicio del gobierno, indultar catalanes sin preguntar, invitar a Torra a la cuchipanda… Jajaja. interrupción. Perdieron algunos, porque todo el mundo sabe que Torra es de derechas y nacionalista, y no de ERC. ¿Quién lo iba a decir? La próxima vez hay que invitar al Rufián, que es un parto el tío.. Ahí se lo pasaron bien, y han sacado unas cuantas ideas para los próximos meses, que se van a divertir y nos van a entretener a todos con sus cosillas de gobernantes.

Con la comida llegaron otros problemas no menos graves que los anteriores. Con la cena del día anterior no pasó nada, pues la gente fue con su bocata, y aunque hablaron de compartir, no se animó más que el Ministro de Agricultura con unos yogures que guardaban de la época de Cañete. Nadie los probó, pues procedían del averno Aznar. Pero ahora, con la comida, los ánimos se empezaron a caldear cuando propusieron el menú.

Que si a mi me gusta lo vegano, que si yo soy huevófago y sólo trincho pimientos coloraos, que si yo no puedo comer pescado porque los progresistas no comemos seres vivos con memoria de pez (lo cogen, lo cogen). Ahí se entablaron varias discusiones terribles, que se resolvieron cuando el presidente afirmó que había que llamar a los veintidós cocineros personales de Moncloa, asesores incluidos de radio y televisión, para que les hicieran un menú verdaderamente progresista, sostenible y con perspectiva de género. Un ecomenú, vaya.

Comieron lo que les dio la gana, excepto rabo de toro, que lo denunciaron como comida fascista y machista en grado superlativo. Pásame otro peta, Pablo.

Por la tarde las actividades se atascaron, pues varios ministros se echaron una cabezadita que se prolongó hasta la merienda. Recuperaron las formas con el partido de fútbol  que propusieron. Siendo veintidós, pues once contra once. El problema es que para no parecer cerrados, se hicieron equipos nombrando como capitanes a Pedro y a Pablo. Se cabrearon varias ministras cuando vieron que nadie las escogía, y decidieron formar su propio equipo. Heteromachos contra mujeres, y para dar perspectiva de género, los hombres tenía que jugar de rodillas, sin poner las plantas de los pies sobre el suelo. Es discriminación positiva, y todos se callaron como muertos jodiendose los ligamentos cruzados anteriores y posteriores.

Aquí se lo pasaron bárbaro. No porque ganaran ellas, sino porque dieron un balonazo a Abalos en los huevos, y daba gusto ver trinchado por el suelo al ministro. Luego se fueron a cenar a un burguer cercano de unos sindicalistas, que quisieron homenajear a los legítimos representantes del pueblo. Por supuesto, hubo langostinos, pero aquí nadie protestó pues dieron la consigna de no contradecir en asuntos de Estado a los sindicatos mayoritarios. Y se comieron los langostinos como está mandado. Luego volvieron a casa felices, no sin antes abrazarse a sus nuevos amiguitos.

Que digo yo, que si lo retransmitiera la tele, que sería mejor que la Isla de las tentaciones. Es por dar ideas a las cadenas…

(continuará algún día…)

 

 

Las heces envasadas del tío Pit.

Cuando Pit descubrió que podía envasar sus heces para venderlas en una performance,  su ama de llaves levantó una ceja, arrugó su papada y se ofendió 2,5 en escala Richter. Estaba claro que era una señora como las de antes, y que no deseaba molestar al dueño de Napoleón, que era el nombre que convinieron para llamar al caniche de oro fino que deambulaba por su palacio.

Con la ocurrencia llegaron los insomnios, que pueden resumirse en tres. ¿Qué si no? El primero lo provocó la Hacienda Pública, el segundo el Ministerio de Sanidad francés y el tercero la Subsecretaría de Cultura del Departamento de Artes Plásticas para la Igualdad y el Reciclaje de la Materia Prima y Hermana del Planeta Tierra de Bélgica.

Hacienda le envió una carta, pues tanto defecar como vender mierda debían pagar el correspondiente Impuesto de Valor Añadido.

Pit contestó que ya había pagado IVA al comer, y que era la misma materia subatómica que ahora defecaba y vendía, y que no se podía pagar dos veces por lo mismo.

Hacienda respondió que si esa mierda ahora valía oro, debía ser repercutida en los porcentajes que marcaba la Ley, es decir, el 21%. Y que debía pagar por cada ñordo valioso que arrojara y fuera vendido, donado o almacenado  a partir de la correspondiente notificación y sin efectos retroactivos.

Respondió Pit que la mierda la había cagado en el Louvre en Francia, que él era un artista y que no debía quedar sujeta a impuestos españoles sino franceses. Y que era una obra de arte. Y por supuesto, aseguró en carta jurada que no pensaba cagar más, no se lo fuera a gravar la Hacienda de los cojones.

La Agencia Tributaria se sonrió, y tras aceptar la declaración jurada de no volver a hacer arte con sus heces, informó a escondidas a a Francia para que investigara sobre el asunto.

Sin embargo, antes de que enviaran la mierda al depósito de los Juzgados de la plaza Castilla de Madrid, para que se tramitara su venta en subasta pública, llegó una llamada de la Ministra de Sanidad francesa a su homólogo español con una importante reclamación. Aquellas heces, que habían sido producidas en el Louvre pertenecían al Louvre, pues era arte robado y debían, según la normativa vigente de la Unión Europea para la protección del arte y contra el brexit, quedarse en suelo francés.

Aceptó al petición el ministro español, que era de natural conciliador, y tras enviar el único resto de heces del tío Pit, abrió un proceso penal contra el artista, por robar arte francés a sabiendas.

El tío Pit fue detenido el jueves por la tarde cuando estaba intentando negociar una exposición de arte con la Subsecretaría de Cultura del Departamento de Artes Plásticas para la Igualdad y el Reciclaje de la Materia Prima y Hermana del Planeta Tierra con sede en Bélgica, y sucursal en Tierra de Campos. A la vez se abrió un debate importante sobre el Guernica que no llevó a nada.

Sin embargo, aquella detención alertó a la prensa, que tras movilizar a la demogresca en un par de programas, logró que la exposición de las primeras heces del tío Pit, defecadas en 1969, culminaran con una marcha nupcial de varios colectivos liberales. Se multiplicaron las visitas, las bodas, los banquetes y las heces por los medios. Hubo incluso varios miles de chalecos amarillos que se manifestaron frente a la sede de la Embajada China sin motivo suficiente.

El caso es que, por desgracia, el pobre tío Pit tuvo que huir del continente, pues estaba decidido a no pagar más impuestos por la venta de sus cagurrios. Y además estaba harto de no poder usar las toilettes de la Europa civilizada.

Cuando falleció, veintiocho años después en Pernambuco, hablaron de la falta de incentivos que había en España para proteger la cultura y a los grandes artistas. Por supuesto, junto al cuadro de “la Libertad guiando al pueblo” en el Louvre hay una inscripción que indica que en ese lugar, el tío Pit tuvo su primer retortijón en tierra francesa. Un lugar que ha despertado una variada literatura sobre qué quiso decir el tío Pit, y si tiene relación con que todo comenzara delante de un cuadro tan emblemático.

Y Fin.

 

Naturaleza muerta con gato erótico de porcelana.

Nunca pensó Melquíades Finosa, licenciado en artes marciales, que cuando se comprara un gato de porcelana para el salón de muertos, tropezaría su vida con la más trigonométrica tranquilidad a la que estaba acostumbrado. La imagen era ordinaria, pues se trataba de un gato simple con bigotes y sonrisa de tresillo, pero los movimientos incómodos de la porcelana se le antojaron demasiado acordes a su gusto por el caldo de pollo destilado en el alambique.

En cuanto se mojaba Melquíades en los caldos del alcohol, el gato mutaba el rostro. Entonces miraba despacio a su interlocutor, para luego sorber el aguafuerte que otrora le diera tantas tardes de gloria. Sucedió, para su desgracia, que se agitaba el minino de porcelana profiriendo un ronroneo característico. Terminada la fiesta, se bebió a chorros de la garrafa, con la intención mortal de ahuyentar su mal, pero sólo obtuvo como exiguo resultado una camisa blanca desesperanzada y un maullido en fa menor sostenido, que todavía lo recuerdan los músicos de la aldea de Catalicapanga, por haber logrado la erección del retorcido olmo de la plaza de la Revolución.

Melquíades se atolondró por la fatiguita del día, pues quedó adicto a los contoneos de su gato, y tras destilar los muebles del salón, el hamster japonés de la cocina y licuar en fermento de alambique varios de sus pañuelos de tela, guardados de la época en que los hombres tenían mocos en las narices, apuró y se bebió todo esperando que el gato siguiera con sus movimientos de polichinela en celo. Y así fue. La porcelana se le insinuó con más descaro que una gallina contemporánea.

Luego destiló el televisor, convirtió en bebida sus cinco móviles de última generación, e incluso se atrevió a destilar las quince garrapatas de un perro vagabundo que en soledad se lamía el desempleo. Todo era destilable y convertible en bebida espirituosa, y aquello no había hecho más que empezar.

El gato de porcelana mostró que tras sus barnices había todo un infierno de placer oculto en él, abrió la pata trasera derecha desocultando sus encantos. Melquiades estaba enamorado de una porcelana preciosa y buscó más elementos que beber y que destilar en su alambique.

Destiló el vecindario entero, con sus mascotas y sus vecinos de orejas puntiagudas. Destiló coches, estaciones espaciales, autopistas y ciudades enteras. Incluso acudió a un plató de televisión para destilar a cientos de famosos más aporcelanados que su gato, acometió y convirtió en bebida espirituosa a cincuenta presentadores de telediario de su país, y acabó con la vida de miles de políticos de verso suelto y de frase idiota. Se los bebió a todos tras destilar en su alambique a un sistema solar que no le daba más que sinsabores.

Y entonces sí. Entonces el gato habló y dijo algo que Melquiades Finosa, licenciado en artes marciales, nunca pudo olvidar.

“Tienes que dejar la bebida antes de que hables con los cuadros”.

Y él obedeció, pues quería de veras a la que iba a ser su esposa.

 

(Lo sentimos, pero no continuará).

FELIZ NAVIDAD 2018

A todos los lectores de este blog, y a los que nos seguís desde distintas plataformas sociales.

Os deseo una Feliz Navidad 2018.

 

 

En Belén nace un Niño,

Unigénito de Dios.

Y en el corazón sincero,

su paz y su redención.

 

 

Una ciudad española dentro de 200 años. (Crónica del infierno demográfico).

Aquella mujer enterró al último habitante de su ciudad, es decir a su madre. Tenía 68 años y se seguía considerando una mujer joven y atractiva. No conocía a nadie que viviera cerca de su barrio, pues era la última habitante de su ciudad. Una ciudad fantasma, donde los últimos no eran los primeros.

El trabajo telemático estaba bien, pero ahora que había fallecido la única persona con la que hablaba en carne y hueso, echaba de menos a otros seres humanos. Su madre le había hablado de otro tiempo… de las ciudades de más de 20.000 habitantes. Decían que antes había gente joven por el mundo. Nacimientos y niños. Pero eso no lo había conocido ella.

El último niño que correteó por su barrio había crecido y dejado de ser un niño, y lo sabe bien porque era ella. Nunca conoció a otros niños de su edad, pues estudió a través de un profesor que se aparecía por su ordenador todas las mañanas. Jugó a través del ordenador con amigas a las que nunca pudo tocar, salvo contadas excepciones. Seguía hablando con ellas de cuando en cuando por internet. ¡Qué gran invento! Luego fue a la Universidad y conoció a otra gente joven. Se divirtió, e incluso estuvo a punto de quedarse a vivir en Madrid con amistades de su edad. Pero ella no necesitaba a nadie, no quería tener hijos, y debía atender a sus padres, que no tenían a nadie más en el mundo que a ella. Ninguna de sus amigas quiso tener hijos, y no me extraña. Los hijos eran una esclavitud.

Recordaba a menudo que cuando necesitaba el afecto y el tacto físico en años más ardientes. Cuando buscaba algo de sexo, pedía al servicio de relaciones que le enviara alguien, pero incluso eso era ahora muy caro. Hola y adiós. ¡Qué bien funcionaba el transporte de su ciudad cuando había alguien! Aunque apenas hubiera cincuenta personas en Valladolid, era fantástico. En cambio ahora, no sé si llegamos a diez. Y por diez personas, nadie trabaja.

Mientras caminaba hacia el cementerio se afianzó en sus convicciones y en su forma de vivir. Se estaba tan bien sola, sin la intimidación de tener que hablar con alguien de carne y hueso. Incluso su madre había sido un incordio cuando hablaba demasiado. No se puede cortar la conversación cuando se quiera. No se puede oler ni sentir el malestar ajeno. Mejor sola y con el móvil, o con internet, o con las redes sociales que le evitaban el tener que quedar y sentirse vigilada, agredida, molestada… ¿Acaso no hablaba con sus amigas cuando le daba la gana? Y todo sin necesidad de soportarlas.

Llevó el cadáver al cementerio en una caja que le había llegado por correo en el reparto mensual. Metió a su madre tras vestirla con la ropa que encargó hacía dos meses junto con los placebos y unas cuantas medicinas para el tumor terminal. ¡cuánto había avanzado la medicina! Se podía uno morir sin apenas sufrir. Sin que nadie lo viera a uno sufrir.

También por el cementerio crecían las plantas y las flores silvestres sin ningún orden, igual que por la ciudad, y era precioso. Los nombres de los miles de personas que habían vivido y muerto, evocaba los miles de casas y pisos que se derrumbaban y que permanecían vacíos. Aquel enjambre de cadáveres  del camposanto estaba incompleto sin el suyo y el de su madre. Era hermosa la vida tal y como la concebía, quizás porque no había tenido otra. Se preguntaba cómo hubiera sido la ciudad con gente, los colegios con infantes y párvulos de todas las edades. Ella sólo había conocido sus ruinas. Se preguntaba cómo habría sido una cabalgata de Reyes, donde los niños se juntaban por cientos para ver pasar a los Reyes Magos. Ella nunca vio juntos a más de 7 niños, y fue en una fiesta regional.

Recorrió un pasillo desierto de vivos, pero colmado de muertos. Metros y metros de tumbas y de nichos, nombres del pasado, del XX y el XXI. Cuando se empezó a decrecer toda esa gente vivía en el mundo y fabricaba cosas, viajaba, tenía niños y cuidaba de sus ancianos, había servicios públicos con gente molestísima que no sabía vivir sin tener hijos. Eran unos atrasados, porque el futuro estaba en realizarse sin soportar a los niños. Eran patriarcalistas y opresores de las mujeres y de los niños.

De aquella época procedían los coches abandonados de los chatarreros, los aparatos eléctricos de nadie, las propiedades que habían acumulado los que no podían heredar. Es verdad que toda la ciudad era de su propiedad, y era fantástico sentir que todo era de ella. La última habitante.

Dicen que había sido una regla lógica muy sencilla: Si son muchos los que no quieren tener hijos, entonces habrá pocos niños. Y si esos pocos niños tampoco quieren tener niños cuando son mayores, entonces habrá todavía menos niños. Así hasta hoy, donde todos somos ancianos. Y es que los niños dan mucho trabajo.

Dicen que el último español en morir será un señor de 43 años que vive en Madrid, pero no hay ninguna mujer fértil que pueda tener hijos con él, así que nos extinguimos. Es lo que planearon a principios del siglo XXI. Además, es lo mejor para conservar limpia la naturaleza que es muy sabia. En eso también había tenido suerte, pues a nadie le gusta ser el último de una especie en morir.

De pronto, le abordó una duda. ¿Quién va a enterrar a los muertos si no hay nadie para hacerlo? Ella enterraba a su madre, porque la amaba. Y porque era lo único que le quedaba en la vida. Pero, ¿quién la iba a enterrar a ella?

Por suerte, había un servicio interestatal que enterraba a la gente a cambio de sus propiedades. Era una suerte no ser el último. Decidió, mientras empujaba la caja de su madre a la pared del cementerio, que contrataría aquel servicio tan humanizador.

Balcones relajantes chill-out con perros de peluche.

No había empezado el aguacero de la semana pasada cuando me asomo por la ventana de mi casa, para ver si llovía, granizaba o jarreaba, cuando mis ojos tropezaron por casualidad con el vecino de enfrente, el que tengo a tan solo cinco metros de distancia, pero al otro lado de la acera donde vivo. Enfrente y hacia abajo, pues el disfruta de la terraza que es deslunado, que es a su vez un prodigio de la decoración minimalista estilo relajante en un metro cuadrado. Lo que mide su balcón. Sofácito, toldo antichaparrones, mesa campera, plantitas gigantes y musiquita tranquilita. Que así da más gusto contemplar la lluvia en una tarde otoñal como las que disfrutamos en Valladolid.

El tipo, cincuentón como un servidor, andaba a la gresca con los hielos que se le estaban deshaciendo en su vaso de whiski on the rocks. Verlo era un prodigio. Los removía como para que se golpearan en las paredes del ancho cristal. Metía el dedo índice para remover mejor su apreciado licor, y de cuando en cuando lo depositaba sobre la mesa mojada de jardín. El tío estaba feliz. Ni que decir tiene que el señor entró visiblemente preocupado, y tras un adecuado plástico amarillo, que se puso encima a modo de poncho, salió con una bolsa de patatas. Ya saben, las chips de toda la vida. Felicidad y una tarde completa para el tío.

El hombre se subió un poco la música, me temo que no era Elvis, pero tampoco Camela, y es que el buen gusto aflora por los rincones de mi ciudad. Me sonó a algo parecido a glam rock, quizás Bowie pero en castellano. Por ahí. Luego salió su pareja, una señora con una permanente recogida con un plástico, la cual se sentó en el sofacito de al lado. En su vaso derecho una cervecita, y en el izquierdo otra bolsa, de chuskis, imagino. Por supuesto se enfundaba en algo parecido a una manta, aunque seguramente era más un nórdico de esos que hacen sudar a los osos polares en los iglús del polo norte. Fiesta por todo lo alto.

No llovía más que débilmente, pero al poco arreciaron las aguas y los goterones comenzaron a salpicar la calle. Sin embargo, apenas unos metros más abajo, sumergidos bajo un toldo entre amarillo con topos blancos y unas plantas que los escondían, estaban mis aguerridos vecinos. Su vocación estaba clara: resistir, disfrutar del verano hasta que vuelva, lo que sea. Todo menos plegar las velas y dejar la fiesta para otra ocasión. En fin, unos activistas.

A las tres horas volví a asomarme. La lluvia había cedido un poco, y aunque el toldo estaba empapado y formaba bolsas de agua, habían modificado el escenario. Se asomaba por la ventana algo parecido a una pantalla, desde la cual se podía ver un partido de fútbol. El verde del estadio no falla. Estaban medio de espaldas, porque no les entran las piernas si se ponen de frente a la ventana, y de espaldas a la calle. Pero les daba igual. Habían cortado salchichón, jamón y me temo que chorizo del bueno. Algo amarillo sería queso, pues tal forma tenía. Los vasos que copaban la mesa empezaban a ser más de cinco o seis. Estaban disfrutando de su tarde de gloria y hablaban elevando el tono más que antes.

A las dos horas y media volví a verlos sentados. Hacía un frío gélido, de los de por aquí. Y ellos seguían en su balconcito. Creo que estaban con un cafelito, sentados más relajados y sin el toldo. Normal, si no llueve, lo lógico es salir a la terracita. La pena es que no tengan un balcón más grande, pues ese metro y medio por dos, apenas les deja estirar las piernas sin golpear sus zapatillas con la pared. Las plantas ya no estaban, y es que las han debido meter en la casa, para que no sufran. Tenían unas botas de piel, de esas que usan los esquimales para pasear por el hielo, y para evitar fríos indeseados, descansaban sus pies, casi a la par, sobre la mesa. La música no sonaba, y es que imagino que estarán esperando a la primavera para poner Las cuatro estaciones de Vivaldi. La tele tampoco estaba, pero supongo que es porque se les acabó el partido, y en su lugar había un par de peluches sobre uno de los sofases, lo que me indica que debía haber niños cerca.

Entonces reparé en un gropúsculo de adolescentes que por la calle, birras en mano, proferían sonidos guturales inarticulados. Medio corrían y cantaban, intentando aparentar más disfrute y fiesta del que en realidad traían consigo. Uno se medio caía y los demás se reían como si estuvieran poseídos por el espíritu de la falsedad. No pude evitar levantar la vista para ver que a tan solo unos metros, por encima de ellos, unos señores cincuentones disfrutaban apurando sus birras felices y complacidos de no estar en la misma fiesta. Hasta los peluches gozaban con su momento chill out.

 

PD: Es cierto que las vistas de las que gozamos no son las mejores, pues contemplar mi balcón, y el de mis vecinos, no debe ser como asomarse al apartamento de Torrevieja, donde el mar azul desborda la vista, y el olor a sal ensancha el alma. Tampoco son los picos de Urbión, ni las nieves adorables de Guadarrama, Gredos o Cervera de Pisuerga. No, claro. Pero con un poco de imaginación, el alma es capaz de ver luz donde todo es penumbra. Tumbona, sofases, y a disfrutar pensando que uno está en medio de los Alpes con los esquíes a punto de salir a darlo todo en el telesilla. Eso es un balcón y lo demás son chorradas. El balcón que todos necesitamos en nuestra vida.

Y es que no hay nada como saber disfrutar de lo mucho que nos ha regalado la providencia. Incluidos los peluches.

 

 

 

Nos mienten. Siempre nos han mentido.

Nos mienten.

Repito: nos mienten.

Nos mienten por la mañana, por la tarde y por la noche.

Nos mienten porque subrayan medias verdades sin contarnos la otra mitad.

Nos mienten despreciando y olvidando la verdad.

 

Nos mienten porque quieren nuestros votos y nuestra atención.

Nos mienten porque quieren nuestras conciencias, nuestro pensamiento y nuestro comportamiento.

Nos mienten para vendernos sus productos, y ya somos oblación de sus anunciantes. Picada de tres cuartos.

También nos mienten porque nos quieren sumisos, uniformes e iguales.

Mienten y lo seguirán haciendo para que seamos avanzados, inanes, felices y malos.

Y nos mienten con mentiras engañosas que nos confunden.

 

Nos mienten para que repitamos sus consignas formales y asertivas.

Y para que nos llevemos las manos a la cabeza indignados por la mentira que ellos mismos han urdido.

Mienten con saña para alejarnos de Dios.

Pero quizás no saben que somos un resto.

Y que conocemos la verdad que trasciende las cosas.

 

Ellos quieren que la humanidad sea  una masa amorfa y blanda, y mienten por el poder.

Nos mienten. Y nos mienten sin parar desde hace siglos. Guiados por el príncipe de las mentiras que les ha prometido el éxito, el dinero y el poder.

Mienten por el poder. Y sueñan la mentira de una lucha de clases eterna. Aspiran ser verdugos de un periodo de Terror eterno donde todos mueran por la justicia, que es la bota de su nuevo demonio. Morirán en Thermidor, un martes. Si no, al tiempo.

 

Pero nosotros conocemos la verdad.

La verdad que afirma a Dios.

La verdad que confía en los hombres mansos. La verdad de los perseguidos por inocentes.

La verdad que siembra la paz en el corazón. La que repara el odio en los silencios llenos de amor.

La verdad del monte Tabor es ya vencedora.

Pero ellos no lo saben, pues no quieren un dios traspasado en una cruz.

 

Poema del escritor en oración.

Quiero Señor, confiar en Tí, en Vos. En el padre.

Poner mis manos en sus manos,

Mi inteligencia en su inteligencia.

Mi mente en su mente.

Para así desgranar palabras y versos buenos

que ensanchen el alma de los atareados,

que abran el corazón de los que lo dejaron de mirar,

que suspiren el aliento que el mismo Espíritu Santo da a sus hijos.

Señor, que no escriba palabras para mi, sino para tus hijos.

que tu inspires mis relatos y mis textos,

que no busque la fortuna, sino tu voluntad.

Para que así, al final de los días

pueda llegar dichoso, con el corazón contrito por mi pecado

a las fuentes de la misericordia.

Cualquier palabra que escriba, que sea para ese fin,

para mejorar a una humanidad

que sangra por un desencuentro, soledad.

Y que se haga tu Voluntad.

Antonio José López Serrano

(Fotografía Roberto Tabarés)

Poema a la cruz desnuda. Pascua 2018.

Cruz desnuda de olivo,

cruz entregada.

Casa de los que sufren,

Hogar del alma.

 

Cruz vestida de sangre,

cruz de la gracia.

Semillero que alumbra,

vida entregada.

 

Cruz de los perseguidos,

cruz de la esperanza,

cruz que llevó en los hombros,

Cristo, en la mañana.

 

Cruz donde el amor murió,

donde el amor se levanta.

Cruz del que resucitó.

Al despertar el alba.

 

Cruz, de la cruz, de tu cruz,

de un Dios que nos acompaña,

Cruz donde lloró la Madre,

la misma que cuida el alma.

 

 

 

Feliz Pascua en el Señor Resucitado.

Antonio José López Serrano

 

El agua de la fuente

Blog de espiritualidad cristiana.