Archivo de la categoría: Pensamiento Teológico

Artículos y comentarios religiosos. Desde una perspectiva creyente, el autor reflexiona.

Tras las fuentes de Dios.

 

La experiencia espiritual no está en nuestras manos, tampoco la fe, la esperanza ni la caridad. Pero sí reside en nosotros la docilidad al Espíritu Santo para que ponga en nuestra condición pecadora la puerta estrecha que se abre al camino de la Gracia en la relación con Dios.

Dios habita en nosotros, y nos quiere hablar de Tú a tú, para que nos encontremos con Él, para que le reconozcamos como único Señor, y para que vivamos junto a Él.

Por eso la oración, es una puerta muy importante para los cristianos, y me atrevo a decir que para cualquier persona, de cualquier raza, cultura y condición. Orar a Dios, dirigirse a Él con el corazón contrito y humillado, amansado en el reconocimiento de la verdad, es muy agradable y querido por Dios. Humildad, mansedumbre, dejarse moldear por sus manos…. Manos que operan desde el interior de cada uno de nosotros.

La Iglesia, Cuerpo de Cristo, siempre ha ofrecido tres tipos de oración; y yo, desde mi pequeña experiencia cristiana, me atrevo a decir que las tres son imprescindibles en el camino del encuentro. Cada una ofrece algo diferente, y cada una otorga una gracia y una bendición única y peculiar.

No son oraciones para etapas distintas de la vida espiritual, al contrario. El ideal del cristiano sería compartir con el Señor las tres en un mismo día.

Oración repetitiva. Rosario. No es una oración menor. El rezo del Rosario que desgranamos con la Virgen María es una oración muy poderosa y potente contra la tentación y el mal. Su fuerza está no en que rezamos nosotros, sino en que María Madre reza con nosotros siempre que tomamos en las manos el Santo Rosario. Ella es la fortaleza de la Iglesia, pues el Espíritu Santo habitó en ella de manera extraordinaria. Toda la fuerza del Espíritu se manifiesta en Ella de manera asombrosa. El aspecto narrativo de esta oración está en los Misterios que contemplamos con las cuentas que hacemos. Repetimos el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria que son tres oraciones extraordinarias. El Padrenuestro es la oración que Jesús dirige al Padre, El Avemaría es la oración que Dios, la humanidad y la Iglesia dirige a María; y el Gloria es la oración de todos cristianos hacia nuestro Dios, Uno y Trino. Rezamos por tanto con Dios y para Dios.

Oración narrativa. Biblia. Es la Oración de la Iglesia. Rezar con los Salmos en la Liturgia de las Horas, proclamar el Evangelio, que es la Buena Noticia primero a nosotros, y luego al mundo.

La Palabra Dios no nos llega desde la lejanía, sino en la vida concreta y en la historia de Salvación de un Pueblo elegido y querido por Él. Dios toma la Palabra para que los hombres oigamos su voz y podamos acudir a su llamada. Dios se revela y se desvela con la Palabra que ha regalado a su Pueblo. Dios quiere hablar con nosotros, quiere que escuchemos su voz y le sigamos. Cielo y tierra pasarán, pero su Palabra no pasará.

Orar meditando el Evangelio del día, proclamando los Salmos, etc, es una oración que nos abre a su Voluntad. Nos permite discernir los signos de los tiempos. Leer y orar con la Biblia hace que nuestro entendimiento, nuestras ideas y nuestra mente y corazón se pongan en consonancia con lo que Dios quiere de nosotros. Nos hace comprender la historia del Amor de Dios por los hombres, nos ilumina y nos consuela en la adversidad de la vida.

Oración contemplativa. Silencio. Es la oración del que mira directamente a Dios, y se deja contemplar por Él. Es la oración que se fabrica en el silencio y que ante todo amansa el alma. Es la oración del “venid a mi los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”. Es la oración en la que ofrecemos, pedimos y alabamos con la boca pequeña. Y que luego prolongamos en una escucha silenciosa. Le miras y te mira. Y percibes que te quema su amor. Llama de Amor Viva. Es una oración que convierte las horas en segundos, y los días en instantes. No todos los laicos tenemos tiempo para prolongarla en el día a día, pero sí es imprescindible en los momentos fuertes de la vida.

Esta oración de escucha silenciosa traerá angustia, desierto, soledad y cruz; pero también nos ofrecerá alegría, arrobamiento, compañía y resurrección. En esta oración se toca el Amor de Dios. Es la oración del silencio y del tiempo, la que mejor rompe el velo que nos separa con Dios. También en ella sufriremos las peores y más sibilinas tentaciones.

 

Cuando se comprende la vida: yo hago lo que puedo, y el resto se lo dejo a Dios. Leyendo a Javier Garrido.

Tuve la suerte de conocer a este pensador cristiano, Javier Garrido, hace algo más de dos décadas. Fue en unos ejercicios espirituales que se celebraron en Valladolid. Yo andaba por entonces terminando mi etapa de estudios teológicos, y me ofrecieron la posibilidad de acudir para escuchar de viva voz, para tratar y aprender de Javier Garrido Goitia, uno de los teólogos y humanistas más interesantes de nuestro tiempo. Un franciscano que había hecho una síntesis asombrosa entre la teología espiritual y la ciencia psicológica contemporánea, con el referente de Jung entre sus principales.

Había escuchado bastante de él, y leído algo, pues varias creyentes, entre ellas una profesora de filosofía con la que conversaba a menudo, M.R., (que luego marchó de misiones) sentía verdadera devoción por este escritor y pensador. Me lo recomendó, me lo ofreció y me lo leí. Luego comprobé que muchos otros cristianos leían y aplaudían sus propuestas. Realmente ayudaba y mejoraba la vida de las personas en el sentido más amplio e integrador posible. No podría mencionar a todos aquí, pero fueron muchos, desde luego. Era convincente y aportaba algo nuevo.

El caso es que no me defraudó cuando lo traté. Javier Garrido había reinventado y reelaborado en una de los esfuerzos más interesantes de la cultura teológica contemporánea española y europea la psicología moderna con la teología espiritual. Hablaba del personalismo y de la construcción de la persona como elemento fundamental para que la gracia sobreabundase en la limitación humana. Explicaba, analizaba y contaba con mucha claridad y profundidad lo que todos sabemos, y nadie termina de poner nombre ni de definir. ¿Reconocen ese momento de luz intelectual?

Javier Garrido me gustó y me encantó. Tomé muchos apuntes, memoricé y anoté en mi mente muchas de sus nociones, ideas, sugerencias y continué con la vida. Hablamos, le escuchamos y discutimos, dialogamos e intercambiamos ideas y pensamiento. Y por supuesto aprendí mucho, porque estaba ante un maestro, un sabio , un pensador y una buena persona. Un franciscano único. Un creyente arrojado en los brazos del Padre.

El caso es que la vida nos lleva por cualquier sitio, siempre diferente a lo que uno espera, y casualmente, hace unos quince días he vuelto a retomar algunos viejos libros que tengo por casa de este autor. En realidad tengo bastantes de él, así que escogí este de “Adulto y cristiano”, que me regalaron mis buenos amigos TyByT hace diez años, y me he entregado a releer y revivir pensamientos dormidos, siempre sugerentes y de excelente factura. Garrido no ha envejecido. En cambio soy yo el que tiene unos años más…

Hay muchas cuestiones que se podrían destacar de Javier Garrido, pero siempre tengo en mi mente la síntesis de contrarios que hacemos en la vida entre el IDEALISMO Y LA REALIDAD. La vida es eso, una lucha entre los ideales que uno tiene con respecto al amor, el trabajo, la familia, los demás, la sociedad y el mundo; y la realidad con la que uno se encuentra. Siempre en tensión, siempre en crisis y crecimiento. En expansión y en aceptación.

Ser creyente implica además hacer una apuesta por el IDEALISMO que construimos conforme a la fe. La utopía cristiana es una elaboración que hacemos también en nuestras cabezas, en nuestros sentimientos y en nuestras personas; lo cual explica los abandonos y las apostasías de los jóvenes; pero también augura el retorno a la iglesia de aquellos que una vez sintieron el toque delicado en el alma, gente que cuando la vida ha sacudido a fondo vuelven a entrar en un templo y se reencuentran con Dios y con ellos mismos.

“Yo hago lo que puedo y el resto de lo dejo a Dios” dice el libro que pronuncia mucha gente orante. Es una buena síntesis de lo que un cristiano vive cuando descubre que la vida no la controla uno, que todo ha sido y es gracia, y que Dios te ha ceñido el vestido y te ha llevado por donde tú no querías. ¿Acaso no sucede siempre así? A pesar de las dudas y de las vacilaciones, incluso de las negaciones, Dios te ha llevado hasta el final. Eso sólo es posible descubrirlo cuando se ha madurado y sintetizado el idealismo y la realidad. Cuando uno percibe la limitación propia y la grandeza inconmensurable de Dios. La vida es un derroche y un regalo, y nos queda agradecer antes de morir.

La única posibilidad de un cristiano maduro para vivir con autenticidad la fe es abrirse definitivamente a su gracia, a su amor, entregarse en sus brazos como un niño. Ahora qué sé quién eres, deseo estar contigo para siempre. Es la entrega definitiva del hombre maduro y del anciano que recapitula la contingencia de la vida y que descubre que Dios siempre ha estado ahí, purificándolo, amándolo, esperándolo. Todo es gracia, y ha sido voluntad de Dios.

Javier Garrido explica todo esto maravillosamente. Cosas que probablemente no necesiten explicación porque uno las vive sin más.

Y me trae el libro a colación el mundo en el que habito. También con la tensión entre idealismo y realismo que se da en todos nosotros. Me voy a lo prosaico. El idealismo de la izquierda de construir un mundo mejor se resiente cuando la vida avanza y uno necesita adaptarse para comer, entonces parece mira a las derechas; el idealismo de los jóvenes cuando tienen hijos y comprueban que la realidad no era lo que pensaban que era, lo que pensaban que no ibas a hacer lo termina haciendo; el idealismo de los profesores que empiezan pensando que van a cambiar el mundo con sus clases y terminan pidiendo que lleguen las vacaciones cuanto antes y por favor.

Para un creyente siempre hay un viento de idealismo por vivir Siempre se puede contribuir, aunque solo sea con un pescado y un poco de pan, para que Dios lo multiplique. Siempre descubre uno que no ha cambiado el mundo por dar clase, pero que sí que ha podido ayudar a alguien que estaba casi excluido. Con uno basta, porque sólo Dios sabe de verdad. Uno descubre que con que un sueño se haga realidad ya vale la pena. Y a veces ese sueño ya se ha producido.

“Yo hago lo que puedo, y el resto se lo dejo a Dios”; y entonces te das cuenta de que lo has comprendido.

 

Figura paterna y figura materna. Reflexión sobre San José. Fiesta del 19 de marzo.

Una de las consecuencias más llamativas del creciente feminismo excluyente, fruto de las ideologías de género, es la desaparición de la figura paterna en el relato contemporáneo y posmoderno. Mientras que se celebra y se recuerda a la mujer en unas cuantas variantes, no muchas; la figura del varón está prácticamente desaparecida en casi todas las suyas.

El modelo cultural de mujer que actualmente se ofrece no es demasiado variado, y se suele reducir a los arquetipos culturales que trata de imponer las ideologías de género. A saber: la mujer “modelo” es la que es trabajadora, la empoderada, la single en todas sus variantes, la que se enorgullece porque aborta, se masturba o enseña las tetas para gritar al mundo que son de ella. La imaginería actual la sitúa trabajando, empoderándose y gritando henchida de soberbia; pero la olvida y la relega cuando es ama de casa, cuando cuida a sus padres o cuando es madre, esposa y se sacrifica por los suyos con humildad y templanza.

Tan mujeres son las primeras como las segundas, pero ciertamente, unos modelos son exaltados y otros perseguidos, incluso denostados como negativos, ridiculizados y borrados de la presencia pública como si fueran un invento del machismo, de los hombres o algo parecido. Nada más lejos de la realidad que pretenden imponer a las mujeres que nos han precedido en la historia de la humanidad, y cuya visión tratan de imponer a la mujer contemporánea.

En el caso del varón, la figura que proyectan las ideologías de género son todavía más reduccionistas. Casi todas son negativas o inexistentes. En general el hombre es visto como un tipo violento, agresivo, con bajo autocontrol, y poca capacidad para no mirar el culo o las tetas de una jovencita. En resumen, la imagen del varón es la de un machista y un cabestro. Un ciudadano de segunda fila que no entiende lo que pasa, un opresor autoritario y machista que hay que perseguir y domeñar. Salvo que sea homosexual, o feminista de género sobrevenido, que entonces se le puede tolerar. Casi nunca se valorará en positivo lo que significa ser varón, ser hombre, ser padre o ser esposo salvo que asuma las funciones que tradicionalmente se le achacaban a las mujeres hace unos años.

Es decir, si un hombre pone la lavadora es un gran hombre, pero si un hombre trabaja y lleva dinero a casa, entonces es sospechoso. Curiosamente es al revés que una mujer. Si una mujer lleva dinero a casa, entonces es una gran mujer, pero si pone la lavadora, entonces está oprimida y hay que liberarla.

Me interesa, más que los roles sociales y organizativos, la figura de la paternidad y la maternidad, porque son los arquetipos más importantes que construyen la familia, y son por tanto, los imprescindibles para transmitir sostenibilidad y equilibrio a la siguiente generación. La figura de padre que tiene la sociedad actual es heredera de la paternidad recibida, y lo mismo sucede con la maternidad. Por eso una paternidad sesgada, inexistente, difamada, no podrá generar figuras paternas equilibradas en el futuro, y lo mismo le va a suceder a la mujer. Los jóvenes y las jóvenes no quieren tener hijos, entre otras cosas porque los modelos experimentados han sido fragmentados y disueltos.

Los crecientes divorcios, separaciones, relaciones no estabilizadas, paternidades y maternidades fragmentadas y repartidas con los abuelos… son modelos que se extenderán a las siguientes generaciones como los mejores y posibles, por ser los vividos. Incluso aunque sean peores objetivamente que los que producen estabilidad afectiva y familiar. La crisis familiar no irá a menos con las ideologías dominantes, que claramente tienen como objetivo la destrucción de la familia natural occidental, la que es formada por un padre, una madre y varios hijos. No es fruto solo del ataque de las ideologías de género; el capitalismo liberal con su modelo disolvente es el principal responsable del estado actual de la familia.

Los interrogantes a estos temas nos dan respuestas molestas e insidiosas con los estilos de vida pautados. ¿Caminamos hacia un modelo de familia equilibrado y sostenible? ¿Qué valores transmiten  los arquetipos sexuales y de género actualmente implantados en la sociedad?

La paternidad ha sido asociada tradicionalmente y desde hace siglos, a dos valores imprescindibles y necesarios para educar a los hijos y hacerlos felices: autoridad y ternura. La autoridad del padre formaba parte de la firmeza con la que se educaba a los hijos, representa las normas, y en los freudianos fue simbolizado desgraciadamente con  la represión y el Superyo. Para los cristianos, la paternidad de la experiencia religiosa es Dios, que se comprende desde la experiencia cristiana como autoridad y como ternura. Jesús tiene autoridad, pero desde su autoridad es amor y ama hasta el límite de dar la vida en la cruz. Un padre es alguien que hace todo lo posible para que sus hijos sean felices, pero lo hace sabiendo que hay que reprender para enderezar lo torcido. Y hace eso por amor.

La maternidad ha sido asociada tradicionalmente al valor de la ternura incondicional. En varios pasajes de la Biblia se afirma que Dios ama como una madre protege y cuida a sus hijos, los alimenta y quiere dándoles la vida. También forma parte de la visión que concebimos hoy día  de Dios. Misericordia sin límites. Quizás en la teología podríamos decir que Dios es padre desde la autoridad del que endereza lo que se dobla, el que nos educa y enseña la verdad con paciencia, pero es también madre en cuanto que ama con un amor incondicional a sus hijos. Las dos imágenes son complementarias, y nuestro lenguaje siempre es más imperfecto que el misterio del que hablamos.

Sin embargo, la imagen de la maternidad es simbolizada en Freud con el Ello. Precisamente lo contrario de la autoridad normativa representada en el Superyo. No es casualidad que en nuestra sociedad el concepto de autoridad no viva su mejor momento, tampoco es buen momento para los varones, para la paternidad en familia, o para los oficios que precisan de un principio de autoridad: policías, maestros, políticos o médicos. Todo el mundo quiere decirles lo que tiene que hacer. En cambio, el concepto de disfrute, hedonismo ilimitado, narcisismo extremo son defendidos y se vinculan a la imagen que debe alcanzar la mujer para ser la mujer modélica de hoy. Por eso hoy el discurso feminista es el “único” discurso posible socialmente hablando. Nada de sacrificios, nada de apostar por los hijos, nada de renunciar al poder. Eso quieren de ellas.

Para los cristianos San José representa el modelo de varón, de padre, de esposo, de paternidad y de amor profundo hacia la esposa y hacia los hijos, a los que educa y enseña.  Es un buen modelo de vida. No es violento, ni agresivo, ni desprecia a su mujer; al contrario, la ama y la respeta hasta el límite de su honor. San José es un modelo de varón para los cristianos.

Su esposa, nuestra madre la Virgen María, representa el modelo de mujer, de madre, de maternidad y de amor profundo e incondicional  de la que se entrega a su familia hasta el límite de la cruz y de su misión en la comunidad cristiana. Su amor no es egoísta, no busca empoderamientos humanos, que siempre son tentación para oprimir a otros. Su gran deseo es hacer la voluntad del Padre Dios. Igual que San José.

 

¡Socorro, auxilio! ¡Qué viene el puritanismo!

Tiempos recios, tiempos recios. Eso es lo que hay. No lo dijo Chesterton, pero como si lo dijera.

Desde que el hombre no es pecador, la gente afirma su perfección. Es la nueva religión, la de la modernidad. Perfectos y salvadores del mundo, gente mesiánica. Soy un salvador del mundo porque tengo las ideas adecuadas para salvarlo. Puedo liberar a la humanidad de los malvados machistas, materialistas, y demás pecadores de la pradera. Basta con apostar por lo políticamente correcto y lo socialmente avanzado, lo progre que se llama, para convertirme en un salvapatrias. El problema es que hay tantos salvadores del planeta que terminan por exigirse entre ellos coherencia, perfección. O sea. Estamos ante un nuevo puritanismo que genera una doble moral.

Decía Jesús en el evangelio que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Y claro, la gente hace méritos para poder apedrear a los malos de toda la vida. Porque el puritanismo divide la humanidad en buenos y malos. Sin matices ni nada.

Ahora la gente se siente más culpable que cuando se confesaban con cura. Entonces era sencillo. Reconocías tus pecados, y Dios te perdonaba reestableciendo la paz en tu alma. Te perdonabas a tí mismo, que era también importante. Nadie es perfecto y al asumirlo en humildad, Dios te ubicaba en el lugar de los pecadores perdonados que se reconocen como tales. Gracias. Señor.

Pero ahora no; y los psicólogos trabajan a destajo. Como no hay ni pecados, ni Dios, ni patria, ni fronteras, pues se han quedado sin los palos del sombrajo y les da la solana en la calva. Me explico, la tan fantástica liberación del hombre, y el no menos idealizado fin de la represión, ha aventado nuestras tormentas psicológicas y sociales. La gente se siente culpable y anda neurasténica buscando culpables a los que cargar con el muerto. Pero como no son perfectos, pues el muerto se queda siempre en casa.

Y así, la gente se siente culpable, unos mucho y otros poco, de no reciclar, de ser machistas encubiertos, de soltar frases sexistas, de no comer sano, de no hacer deporte, de usar bolsas de plástico en el super, de ir al trabajo en coche, o de ducharse con agua caliente que contamina el planeta más de dos minutos de reloj.

Por eso ser moderno y avanzado es una tarea titánica. Porque nunca eres lo suficientemente moderno y avanzado. Siempre estás como por detrás de lo que hay que ser, que es perfecto. La culpa es de Platón, que era un amargado y que lo idealizó todo. Pero eso tampoco arregla el problema. El resultado de este desajuste es que tenemos, o gente con mala conciencia que sufre su incoherencia, o gente que se enrabieta con el mundo de los que no piensan como él, y que termina pensando que hay que exterminar. O sufridor u odiador. Puritanismo, puritanismo.

Por eso la gente disimula y finge que somos lo que no somos y que estamos luchando a brazo partido por cambiar el mundo, cuando la realidad es que ni siquiera nos cambiamos a nosotros mismos. Y como hay que sobrevivir, pues encontramos la justificación como la principal herramienta psicológica que nos libera de los pecados. Compramos un día la leche en envase de vidrio y ya somos superbuenos, activista de los que se indignan y pegan por ahí.

La gente es así, pone unos cuantos “me gusta” por las redes, y ya tranquiliza la conciencia por una temporada. Contamos al mundo que estamos indignados, y al día siguiente ya está. Somos unos salvadores de película.

Y mucho peor lo tienen los activistas de cualquier causa contemporánea. Su sufrimiento se multiplica por mil, casi lo mismo que su incoherencia. Sufren hasta llorar sangre.

Los ecologistas, por ejemplo, sufren y lloran lágrimas cada vez que suben a un avión, o cogen un coche. Irían en bici de vacaciones con las maletas en el trasportín, pero claro, eso requiere muchos cursos de vida alternativa que no puede uno asumir. Pues en tren, venga, ale. Y resulta que el tren ecológico, el que va por energía solar tarda una semana en llegar a la costa. Pues casi mejor que no nos vamos de vacaciones… Y ahí los pillas un jueves de ordinario entrando en una hamburguesería a por carne de vacuno de esa que consume más litros de agua que cuando se bañan, y te cuentan que es por la niña, que le gustan los regalos kinder. Y sufren por no ser perfectos, y lo pasan mal. Y es que ser idealista es jodidísimo.

Tampoco ser materialista es mejor, aunque sí sea más Nietzscheano y dé menos problemas de culpabilidad. “Yo no reciclo porque no tengo hijos”. Incontestable. Lo siento Fran, pero es que ni piensan en los sobrinos ni en los niños de los demás. Cochino mundo, sí, lleno de egoístas. Y que nos den morcillas a los idealistas.

En fin. El puritanismo hace que todo el mundo quiera ser perfecto y presuma de perfección, sin apreciar las carencias humanas, sin asumir el pecado estructural de la humanidad, sin aprender que el mal no es combatido con la fuerza de voluntad.

Para los cristianos la lección es muy clara. Somos pecadores y confiamos en Dios para que nos libere del mal y de la muerte, y del pecado. Es verdad que podemos hacer más y que podemos amar más, pero no somos dioses ni Mesías. Intentaremos hacer el bien asumiendo que cuando no lleguemos, Dios sí podrá. Es la esperanza, creer en lo que no se ve, aceptar que es posible el cambio del mundo pero no con nuestras solas fuerzas. Es un idealismo no puritano, bastante más liberador. Es cristianismo. Ni mejores ni peores que los demás, simplemente pecadores perdonados.

 

 

 

La santidad de los sencillos. Sainte Bernadette y Lourdes.

A nuestro mundo le sobran soberbios y le faltan Bernarditas como la santa de Lourdes, Bernadette Soubirous. La sencillez hecha aprendizaje, la niña que vio a la Virgen es mucho más que una vidente del siglo XIX. Es el triunfo de los sencillos y los pobres sobre los soberbios y los poderosos, es una bienaventuranza hecha vida. Felices vosotros…

Digo yo que la iglesia no la hizo santa por ser la niña vidente, sino porque el resto de su vida buscó la santificación de su alma. Una vida cristiana que he tenido la suerte de leer en el libro que les presento hoy: Bernadette vous parle (Bernardita os habla) de René Laurentin, que es uno de los estudiosos lourdistas más importantes que ha habido en la historia.

Sé de sobra que no suelen caer bien estos videntes, ni dentro ni fuera de la iglesia. Desde el interior suenan como a fraude y cachondeo con las cosas de Dios. ¿A cuento de qué la Virgen se va a aparecer a una niña ignorante y medio boba? La revelación está en manos de los sabios y entendidos, y una niña como Bernardita suele romper determinados estatus intelectuales. Soberbia, una vez más. Soberbia que nos sobra.

Pero fuera de la iglesia tampoco gusta esta gente. Suele ser tachada de medio tonta, alelada y enferma de alucinaciones. Si aceptaran que lo que han visto y oído fuera verdad, pondrían en jaque su también elevado estatus de racionalistas a ultranza. Soberbia también y creerse los poseedores de la verdad absoluta.

Por eso Lourdes y Bernardita me siguen interrogando, y siguen interrogando a unos y otros. A los de dentro y a los de fuera. Interrogan a los soberbios, por eso doy gracias a Dios por habernos dado una santita tan pequeñita como Santa Bernardita Soubirous. Saint Bernadette. Priez pour nous, merci.

La vida de esta niña raquítica y enfermiza quedó marcada por las apariciones de la Virgen en la cueva de Massabielle de Lourdes, que se iniciaron un 11 de febrero de 1858 y que terminaron el 16 de julio de ese mismo año, día del Carmen. Lo más curioso del relato de Bernardette es que estuvo plagado de una asombrosa y trasparente inocencia. No entendía lo que sucedía, pero lo contaba tal y como le pasó. Por eso su relato es fácilmente creíble. ¿Cómo explicar que no se confundiera al narrar lo que pasó y lo contó cientos de veces? ¿Cómo explicar que memorizara el nombre de Inmaculada Concepción para “aqueró”, sin comprender del todo que era la Virgen María? Le llamaba la Señora, y “aqueró” (aquello). ¿Cómo no sorprenderse ante la aversión que sentía cada vez que alguien trataba de darle dinero, o de comprarle el Rosario? (se lo robaron varias veces). Bernardita fue una niña y mujer que soportó la enfermedad y el dolor en un grado muy elevado, y eso es algo que la vincula en sencillez con la otra santa francesa de finales del siglo XIX, Santa Teresita del Niño Jesús, Santa Teresita de Lisieux.

Sin grandes pretensiones, la biografía detallada y exhaustiva de Laurentin, es excelente. Nos muestra la Bernardita del relato de Lourdes, pero también nos enseña a la pequeña santita que fue en el convento de Nevers. Siembre huyendo de la publicidad, de la gente, de los curiosos, de los interesados. Y la historia me ha impactado.

Bernardita tuvo que repetir su relato cientos y cientos de veces; y la mayoría de las veces forzada ante la visita inesperada de un obispo, de un clérigo, de un jesuíta o de quien fuera. Mucha gente se creía con derecho a interrumpir la vida de esta religiosa para hablar con ella. Desde el principio hubo clérigos que quisieron engañarla para que les cambiara el rosario, por ejemplo, gente sin demasiada sensibilidad que poco menos que la idolatraba en vida. BErnardita huía de todos ellos, y en muchas ocasiones manifestó el hartazgo y el cansancio de haberse convertido en un mono de feria para mucha gente que no comprende, que no siente en los demás, que no empatiza con un alma sensible a Dios. En definitiva, por alguien que no busca a Dios.

Bernardita representa un mensaje de pobreza inigualable. Dios escoge a los más sencillos, a los más pobres. La Virgen escogió a Bernardita porque era la más pobre. Así lo aseguraba ella con los primeros relatos. Vivían en la cárcel cuando se produjeron las apariciones, y nunca deseó una vida que fuera distinta a aquella. Sólo cuando se le hizo insoportable la vida en Lourdes, donde no le dejaban en paz los peregrinos, optó por alejarse de allí en una vida conventual. En Nevers. Lejos del pueblecito que tanto amaba. Siempre enferma y débil físicamente, lejos de su familia, y bajo la incapacidad de hacer muchas de las cosas que los demás podían hacer fácilmente. Sufría desde su incapacidad, y se complacía en la promesa de la Virgen de obtener la felicidad en el otro mundo.

Es paradójico que el dogma de la Inmaculada Concepción, uno de los más sesudos intelectualmente para la teología y los siglos, el que fuera especialmente estudiado y proclamado por el papa Pio IX en 1848 fuera revelado a una niña que ni siquiera había hecho la Primera Comunión. No sabía leer ni escribir, y ni siquiera hablaba francés. La Virgen le habló en patois, el dialecto de la zona, una reliquia del antiguo provenzal del Languedoc que se extinguió pocas décadas después. El dogma se lo regaló la Virgen a una niña analfabeta tras la insistencia de ella para que le diera su nombre. La Virgen sonreía, y Bernardita, que estaba presionada por los de su alrededor, le preguntaba que cuál era su nombre, que quién era. Lo dijo en patois: QUE SOY ERA INMACULADA CONCEPCIOU, traducido Yo soy la Inmaculada Concepción.

La niña memorizó esas palabras hasta soltárselas al cura. Que dice que se llama Inmaculada Concepción; que era tanto como decirle al cura que no era la Virgen. Pues eso. Inocencia hasta las entrañas.

 

Pecados navideños y tiempo de Navidad.

No me apetece convertir este blog en una clase, pero es que a veces conviene. Sobre todo cuando han pasado los caballos de Atila por encima de la cultura contemporánea. Así que vamos con un poco de reflexión en voz alta, y con unos razonamientos filosóficos y teológicos que nunca nos vienen mal. Seré breve que va por ustedes y feliz año.

Lo primero que hay que explicar es que no es lo mismo el día de Navidad que el tiempo de Navidad. El  día de Navidad, que es el día que empieza el tiempo de Navidad, arranca la festividad en la víspera del día 25 de diciembre,  en la Nochebuena, pero el tiempo de Navidad se extiende hasta el domingo posterior a la Epifanía, que este año será el día 13 de enero, fiesta del Bautismo del Señor y primera semana del tiempo Ordinario. Por tanto la Navidad no es un día, ni unas horas, y no se termina ni cuando comienza el año, ni cuando llegan los Reyes. La semana tras los Reyes (epifanía) también son días de Navidad.

En Navidad los cristianos celebramos el nacimiento de Jesucristo, de Jesús el Mesías, que es tanto como decir del Hijo de Dios (Unigénito de Dios). Navidad es una abreviatura del término Natividad, que significa nacimiento.

Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo desde la eternidad. Pues bien, los cristianos creemos que el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, se encarnó en Jesús de Nazaret, el hijo de María en los días históricos de hace unos 2019 años. No nos importa la precisión o la imprecisión de las fechas exactas, porque no es relevante para la fe. Lo importante para nosotros es lo que indican los evangelios: Jesús nació en Belén de Judá y es el Mesías que esperaba el pueblo de Israel. Ser el Mesías en la tradición semita significaba que era Dios mismo. Que Jesús sea el Mesías y el Hijo de Dios sólo puede indicar que es Dios mismo. No es hijo de adopción como nosotros, no es criatura; sino que es, y así ratifica la tradición de la iglesia desde el inicio que es engendrado, luz de luz, es Dios mismo.

¿Cómo no celebrar que Dios se ha hecho hombre por nosotros? Esta sería la teología de abajamiento. Dios desciende y se hace pecado por nosotros, dice San Pablo en la 2Cor. Dios se hace uno de nosotros para que nosotros podamos alcanzar lo divino, en palabras de San Ireneo.

Dios se hace hombre de forma plenamente humana. No es un medio hombre, ni es un medio Dios. La iglesia defendió en los primeros Concilios que Jesús era verdadero hombre y verdadero Dios, uno y el mismo, en plenitud de facultades. Eso nos permite descubrir que Dios se hace uno de nosotros, para poder dialogar con nosotros, para redimir nuestra naturaleza pecadora, para dar su vida en la cruz mostrando el profundo AMOR de un Dios que se hace DOLOR Y SUFRIMIENTO por nosotros.

En Navidad celebramos tal abajamiento, tal descenso y humillación de Dios para mostrarnos la MISERICORDIA INFINITA que tiene por nosotros. Se hace además hombre en un pequeño niño, indefenso y pobre, desnudo como estuvo desnudo en la cruz. Dios nos interroga con su manera de hacerse hombre.

Durante el tiempo de Navidad, la Iglesia Católica de los primeros siglos  fue ubicando otras fiestas menores de ese gran misterio que nos ayudan a comprender la profunda naturaleza de ese misterio sobrenatural que supone que un Dios se haga hombre.

Configuró el tiempo de Adviento en las cuatro semanas previas a la Navidad para que hubiera una preparación adecuada. Es un tiempo de esperanza, reflejo de la Segunda Venida, un tiempo para reconocer la figura de la Virgen María en la fiesta de la Inmaculada Concepción, para descubrir una actitud en Juan el Bautista, y para mantener encendido el aceite de la lámpara.

Dentro ya del periodo de Navidad, del tiempo navideño, las fiestas importantes se van sucediendo una tras otra, especialmente la primera semana tras el día 25 diciembre. El primer mártir de la Iglesia es festejado el día 26 dic (San Esteban), el día 27 dic celebramos al primero y más joven de sus discípulos (San Juan Evangelista) y el día 28 dic la iglesia reflexiona sobre la matanza de los inocentes.

El primero domingo tras la Navidad la iglesia recuerda la fiesta de la Sagrada Familia, donde recordamos el misterio de la encarnación desde la perspectiva de un niño en su hogar y en su familia. El crecimiento en sabiduría y estatura es la clave; y la actitud de María es ejemplar para los cristianos: María meditaba todas estas cosas en su corazón.

La tercera fiesta más importante para el cristianismo tras la Navidad y la Sagrada Familia es la fiesta de Santa María, Madre de Dios. 1 de Enero y día de hoy. Es quizás la fiesta mariana más importante del año. El misterio de la Maternidad y Virginidad de María confluyen en un sentido para afirmar que Dios lo puede todo. Por eso, la que era una simple niña-mujer, es ahora la Madre de Dios, la que dice que “sí” a Dios y cambia la historia de la Redención. Dios pide permiso al hombre para redimirlo, y María abre una puerta que cerraron Adán y Eva con su pecado. Ahora sí se puede. María es esa puerta. Abre el año civil, pero abre también la historia de salvación.

El misterio del Theotokos fue afirmado en el Concilio de Efeso en el 431, creo recordar. No es María madre de la humanidad de Jesús, es Madre de Dios. ¿Una madre que es Virgen a un tiempo? Dios lo puede todo. ¿Una madre que lo es de su creador? Dios se entrelaza de esta manera amorosa con nosotros. Un Dios que se hace hombre, y una madre que lo es de su creador. Esa es nuestra fe.

Finalmente, la última gran fiesta, además del segundo domingo de Navidad, cuando lo hay, es la fiesta de la Epifanía. De hecho, para los ortodoxos es el verdadero día fuerte de la Navidad, el centro del tiempo navideño. Lo celebramos el día 6 de enero como el día de los Reyes Magos.

Epifanía significa manifestación, y es el día en el que el misterio de la encarnación de Jesús se abre a la humanidad entera, se manifiesta ante la humanidad entera como Rey y Señor de la Historia. En esta epifanía (hay otras dos más), Jeśus es adorado por la humanidad entera, representada por la figura de los reyes magos, cuyo número no viene en la Biblia. Es un día que personalmente me recuerda mucho al último del calendario litúrgico: Jesucristo como Señor y Rey de todo lo creado. Esa fiesta que es la fiesta plena del Resucitado es rememorada por la Iglesia cuando todavía es un niño. Día de la Epifanía.

El pecado de los cristianos durante estos días santos está en celebrar otra cosa. En celebrar unas cuantas comilonas, o celebrar que somos felices haciéndonos regalos, o celebrar que nos juntamos en familia que hacía muchas semanas que no nos veíamos. O celebrar que hay que ser solidarios y buenos, soltando frasecitas más o menos ñoñas y melancólicas. Esa forma de celebrar la Navidad solo conduce a la tristeza, que es el principal fruto del pecado.

Y la Navidad es alegría, que Dios ha nacido es una buena noticia para una humanidad que lo creía muerto.

 

FELIZ NAVIDAD 2018

A todos los lectores de este blog, y a los que nos seguís desde distintas plataformas sociales.

Os deseo una Feliz Navidad 2018.

 

 

En Belén nace un Niño,

Unigénito de Dios.

Y en el corazón sincero,

su paz y su redención.

 

 

Olvidos y descuidos en los historiadores de la Filosofía.

Me viene el tema de hoy por culpa de las clases de Literatura Universal que imparto en estos días ¿Por qué será que se le olvida al libro de texto mencionar al genial San Agustín y su libro de las Confesiones? Sin duda, es una de las obras más importantes de la historia de la literatura… La primera autobiografía, modelo de interioridad y psicología, modernidad de la obra, gran difusión cultural, etc. Pues se les ha olvidado, y me temo que es un desliz imperdonable. Saltan de Séneca a la Chanson de Roldan (mil y pico años de pértiga), y nos omiten a Boecio e Isidoro, al resto de la patrología, y a toda la lírica musulmana del medievo. ¡Señor, Señor! ¡Cómo están las cabezas! Con razón dicen luego que en el medievo había oscuridad. Tanta tiniebla como gafas de sol en los contemporáneos.

El caso es que la Historia de la Filosofía, y sus variadas propuestas intelectuales, no están menos perjudicadas de olvidos imperdonables, que casi siempre – casualidad digo – les entra la amnesia para las cuestiones relacionadas con la religión y la teología. Aunque hay que decir, que todo tiene su lógica, que como las primeras Historias de la Filosofía se hicieron en el siglo XIX, entre el romanticismo, el positivismo y la revolución francesa, pues claro, con las prisas y las modas del momento, se les coló el anticlericalismo que hoy prefiere el mutismo y el silencio (dictadura) a propósito del cristianismo en nuestra cultura occidental. Y estudiamos la HF, también en las Universidades, dando saltos de altura. ¡Qué remedio!

Como tengo la suerte o la desgracia de haberme aplicado con la teología en la Universidad de Comillas de Madrid y en la Facultad de Filosofía en la UNED, pues como que dispongo de cierta visión periférica de dos mundos y dos saberes fundamentales para nuestra cultura occidental. A los que añado el tercero del Derecho. Y el tema es curioso. La paradoja es que la filosofía desprecia a la teología, entre otras cosas porque desconoce sus contenidos, y la ignorancia siempre es lo más atrevido que hay. El caso es que la teología sí valora y aprecia la filosofía, y de hecho, en todas las facultades de Teología se estudia Filosofía como algo previo, imprescindible, necesario para comprender. Pero no al revés. Y en mi opinión, no estaría mal que la filosofía se dejara aconsejar por la teología de cuando en cuando, y estudiara el pensamiento teología, que son también ideas, algunas brillantes. Desde luego, se miraría menos el ombligo, y sería hasta menos infantil.

Los historiadores de la filosofía, decía, se han olvidado de muchos pensadores y muchos pensamientos. Incluso las propuestas francesas de hacer una Historia de las Mentalidades, o una historia de la Cultura, no siempre cuajaron con éxito en las Facultades o los centros de secundaria. Y es que, en mi opinión, la Historia de la Filosofía que plantearon los hegelianos en el siglo XIX, sigue siendo el modelo estructural de tales estudios. Y rezuma anquilosamiento, sobre todo cuando se sintetiza para la propuestas de la asignatura en Bachillerato.

La historia de la filosofía no puede empezar con los presocráticos. No, cuando en la misma época tenemos unos pensadores tan interesantes y sorprendentes llamados Isaías, Jeremías, Oseas o Amós. Todos ellos profetas bíblicos, que aportan una visión política y social que da mil vueltas a Sócrates y a Protágoras, que además de posteriores, no llegan a su altura filosófica ni a su crítica social. La filosofía política no empieza con los sofistas, es anterior y judía. Y por supuesto el nacimiento de la filosofía no es, de ninguna manera, el paso del mito al logos, que es la visión de lo que es la religión de los positivistas del siglo XIX, y la base del desprecio y la ignorancia de tantas generaciones de filósofos.

Tras el mundo helenista y la filosofía romana, digo en los planes de estudios de las facultades de Filosofía de medio mundo, saltan por encima con mil años de historia que no les sonroja. Ni una palabra de los padres de la Iglesia, ni San ambrosio, ni San Basilio, ni Gregorio de Nisa, apodado el Filósofo en su tiempo. Vaya por Dios. El único al que recuerdan, y casi dándote las gracias es a San Agustín, al que le quitan el san, para que sea todo más laicista. el siguiente pensador es Santo Tomás y para de contar. Un poco Averroes, y ale, a por Ockham.

Triple mortal con olvido de toda la filosofía medieval. Es el viejo desliz de la propaganda luterana, que todavía tiene su eco en Europa. El medievo es oscuro, y para que siga siendo oscuro, lo olvidamos y no lo estudiamos. Así son. Los grandes pensadores españoles de los siglos VI al VIII, San Ildefonso, San Leandro o San Isidoro son olvidados sistemáticamente. También Boecio, la literatura y el pensamiento místico musulmán, y demás. Se olvidan y omiten las construcciones medievales del derecho y de la teología de los siglos XII y XIII.

Y siguen con su alzheimer impregnado de soberbia.

Luego le llega el turno a la Escuela de Salamanca, donde los pensadores de la talla de Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y demás son ninguneados. Ni una palabra sobre los creadores del derecho internacional y del derecho de gentes. Ni una palabra sobre el pensamiento político, los derechos humanos que elaboran, la defensa y protección de los americanos (nacidos allí o aquí), la política nació casi con Locke, y desde luego, hasta Rousseau y la RF nada es digno de ser aprendido. En cambio nos meten al pastiche de Descartes por los ojos, olvidan al fantástico Espinoza, pasan de Leibniz que era el más culto, fragmentan a John Locke (para que nadie sepa que era liberal, o sea un fascista), y nada de Berkeley, que era obispo, coño. Deprisa, deprisa. Ni la mística de Santa Teresa, la genialidad psicológica (bastante más brillante que la de Freud) de San Ignacio de Loyola. Nada. Son religiosos, y a esa gente ni agua. La psicología se creen que la han inventado en el siglo XIX y todo, por eso no saben que hacer con Aristóteles y Platón. Y por supuesto, de San Ignacio es que ni han oído hablar.

En fin. A partir de ese momento, el pensamiento occidental está ya derrotado. Kant sigue sin ser entendido, Hegel y los que siguen hacen la historia de la filosofía que quieren escuchar. Terminan en la posmodernidad hablando del agotamiento de los relatos sin haber leído un solo de tales relato, entre otras cosas porque los relatos son bíblicos. ¡Vaya si están agotados los relatos, que mejor ni los estudiamos! Suma y sigue.

Recuerdo cuando daba Historia de la Filosofía, y preparaba a los alumnos para las pruebas de acceso a la Universidad. Estudiaban a Marx, olvidando a Hegel (su maestro), y se afanaban en comprender a Nietzsche con su anticristo alumnos que no sabían lo que era el cristianismo. Ahora igual ni lo dan. A fin de cuentas Nietzsche es muy incorrecto para la molicie mental que acumulamos. Y si no damos a Nietzsche, tampoco a los profetas… huy, esos eran patriarcado puro, oyes.

Perdiendo libertades, retrocediendo en derechos.

Todo el mundo coincide, derechas e izquierdas: en España hay menos libertad ahora que hace treinta años. ¿Por qué? La tragedia no es exclusiva de nuestro país, pues también se afirma la pérdida de libertades en México, Estados Unidos, Francia o en Alemania… ¿Qué está sucediendo en nuestro mundo para que haya un retroceso en la libertad de expresión, cuando precisamente los sistemas políticos democráticos, defensores de las democracias, son los que han triunfado frente a los totalitarismos del siglo XX? ¿Por qué ahora que no competimos contra las tiranías, hemos convertido nuestras sociedades biempensantes en reductos de fanatismo y de persecución? ¿Quiénes son y qué políticas e ideologías restringen las libertades? Adivina, adivinanza.

Los datos se van repitiendo. A Coque Malla le reprochan una canción que hizo hace años, lo mismo a Mecano. No es correcto, es machista, no es correcto, es homófobo, no es correcto, y deben pedir perdón. No es correcto, nos repiten. Por eso ya no se oyen las opiniones de los obispos en los medios de comunicación social, porque están vetados. Tampoco hay catedráticos discrepantes, gentes de universidad con ideas diferentes. No es que no existan, es que están ninguneados y sus opiniones perseguidas cuando afloran. Por eso se tienden a esconder. Son fascistas, ¿qué si no? ¿Tenemos que pedir perdón por lo que dijeron nuestros artistas hace treinta años? ¿Tiene que pedir perdón Aristóteles, San Agustín o Santa Teresa de Jesús? ¿Es un fascista Cervantes,  Ortega o Julio Iglesias por lo que dijeron en su tiempo y en su sociedad? Ya no tienen credibilidad, por lo que la humanidad ha sido desposeída de su historia y de sus pensadores. ¿Empezamos de cero? Vale, ¿volvemos a la tiranía que encarceló a Platón, aquel gran clasista, machista y fascista?

Es evidente que nuestra sociedad ha evolucionado desde lo que la izquierda ha venido en llamar ingeniería social. Las posturas defensoras de la familia, los hijos, la mesura o la tolerancia han sido criticadas y vejadas hasta el extremo de ser tachadas permanentemente de fascistas. Es el triunfo de la pereza intelectual. Todo lo que es contrario a la ingeniería social y cultural de las ideologías de género, o de los ecologismos contemporáneos, es tachado inmediatamente de patriarcal, de machista, de favorecedor del asesinato y la violencia, y por tanto malo en sí mismo. No hay ninguna posibilidad de dialogar. Por eso el machismo es siempre radical y malo; y el feminismo tiene matices en su defensa intelectual. Todo es calificado y etiquetado bajo tales parámetros, y no se escapa nadie. Si comes carne eres un maltratados de animales, y si comes espárragos un falócrata y un salido.

La persecución se está extendiendo con cada día que pasa, y el radicalismo llega a las nuevas generaciones que son incapaces de leer nada de literatura, poesía, historia o filosofía sin que perciban machismo por todas partes. Se les está educando para que no vean otra cosa, y esa es la desgracia verdadera y profunda de nuestro tiempo. Ciegos e ignorantes que van diciendo lo que vale y lo que no. Emiten juicios de valor a la historia, y nos quedamos en bragas, desnudos, bajo la intemperie y a merced de que cualquier listillo nos diga lo que tenemos que pensar. Eso es Podemos, pero eso es también el Frente Nacional francés. Son los que dicen lo que tienen que decir la siguiente generación.

Cuando afirmábamos hace unos años que la falta de cultura y la ignorancia cultural traería una manipulación mayor de las masas, no nos equivocábamos. Aquel futuro hace tiempo que es presente, y las nuevas generaciones están más concienciadas. Bueno, en realidad están sólo concienciadas y nada ilustradas. Desconocen el valor de lo tradicional, y la sociedad se ha, por desgracia, fracturado brutalmente. Todo es machismo, todo lo anterior al móvil y las redes sociales es una basura y no vale nada. No nos lo dicen, pero nuestros jóvenes lo piensan. Y los mismos que están alimentando al monstruo empiezan a darse cuenta de que los está devorando. Ya son una masa incontrolable que se está adueñando de la sociedad. Cursos, leyes, televisiones… todo es políticamente correcto; es decir, todo es dictadura y pérdida de libertad. Nadie puede ni debe discrepar, o será perseguido en las redes sociales, en el mundo, y truncadas sus posibilidades.

La incoherencia de la nueva sociedad no es un freno. La posmodernidad no tiene complejos, no es como antes. Al contrario, es la fragmentación la que absolutiza cada fragmento. Se puede tachar de machista el cuento de caperucita, y a la vez estar sometido a los controles del móvil que ejerce la pareja. Son radicales en lo que rechazan, que es casualmente lo cultural. Así es. Se puede estar horrorizado y ser beligerante con el racismo del amigo Trump, y a la vez odiar a los que piensan diferente. Intolerancia disfrazada de radicalismo y tolerancia cero. Se puede defender en público el libertinaje sexual, y a la vez exigir fidelidad en privado. Nada importa, todo vale, menos el machismo, los negacionistas y los católicos. Son sus dogmas.

La consigna que tuvieron hace años, afirmaba que cada cual hiciera con su vida y con su cuerpo lo que quisiera. Pero eso ha cambiado. Sin negar la premisa, ya no se puede pensar como se quiera, ni se puede actuar como se quiera. Vida y cuerpo para lo que quieras, pero pensar lo que se quiera no. Eso nunca.

Es la muerte de la democracia, y lo hace de la misma forma que anunció Aristóteles, vence la demagogia, la estupidez y la ignorancia. Vence la intolerancia del que es incapaz de escuchar un pensamiento contrario al propio. Cualquier discurso será bueno para ellos si dice lo que todo el mundo quiere escuchar (aunque sea mentira); y cualquier discurso será malo si dice lo que la sociedad rechaza públicamente, (aunque en privado se le dé la razón). Hermanos, bienvenidos a la clandestinidad.

 

 

Todos contra la iglesia.

 

Tengo la impresión de que siempre he navegado contracorriente de la sociedad en la que he vivido. Cuando la gente me hablaba del Mediterráneo, como que yo andaba contando lo grandioso que era el Atlántico, y cuando la gente me decía que el océano Atlántico era el más grande, yo les hablaba del Pacífico. Y ahora que me cuentan del océano Pacífico les hablo del inmenso océano de metano que hay en la Titán, una de las lunas de Saturno. Es una metáfora lo que cuento, pero el sentimiento que padezco es real, y los sentimientos no se discuten, se tienen o no se tienen, aunque puedan ser autoinducidos.

El caso es que tomé conciencia de que quería ser cristiano y seguir a Cristo cuando la sociedad  española apostató de una fe que quizás nunca había abrazado de verdad. Años 80. En esa década dejé de ser de izquierdas, justo cuando la izquierda empezó a gobernar este país con sus dos adalides: Felipe González en Moncloa (al que nunca voté), y Santiago Carrillo en la calle (al que voté cuando era PTE y no lo quería ni el tato). Luego empecé a votar a CDS, Adolfo Suárez, justo cuando dejó de gobernar. Luego abandonó la política y yo les seguí votando porque no había nadie que me inspirara confianza. Y así durante años. Luego voté al Saín, un partido casi testimonial de cristianos de izquierdas; y como oveja sin pastor, he ido votando lo que me ha parecido la opción “menos mala”, que ya es triste. Voto útil, voto inútil y voto nulo.

Tengo la impresión de que abandoné la izquierda cuando todo el mundo se hizo de izquierdas, y de que me hice cristiano cuando empezó a estar perseguido. Ahora es mucho peor, pues está mal visto, como que eres intolerante por el simple hecho de creer en Jesucristo, y como que eres malo y enemigo del progreso simplemente por pensar que abortar es un crimen. Hemos dejado de ser una opción para ser la “peor” opción. Pero claro, como experimentar la presencia amorosa de Cristo en la cruz, la mística del que es amado sin merecerlo, es el mejor regalo que se puede otorgar a alguien, pues uno sigue siendo cristiano. Es verdad que eso no solemos contarlo a casi nadie. Por eso no me cambio, ni aunque se haga todo el mundo cristiano dejaré de creer, que ojalá cambie el mundo.

El caso es que mi fe nunca ha sido sociológica, sino experimentada. Una gracia, vaya. Me estorba el cumpli-miento, y agradezco el encuentro con Dios en profundidad, pues su presencia me impregna permanentemente, incluso cuando nadie es consciente de ello. Soy un místico, no un asceta, un enamorado de los planes de Dios que aspira al encuentro definitivo. Al muero porque no muero. Por eso no me sorprende que la iglesia sea perseguida, pues forma parte del destino y de los planes de Dios para confundir al mundo.

Así ha sido. En los últimos años en España – ¿cuarenta? ¿cincuenta? – no ha habido ninguna Ley que haya favorecido de manera clara a la Iglesia. Más bien al contrario, leyes contrarias a los postulados sociales y familiares de la Iglesia. El debate pendulaba entre negarle absolutamente todo a la iglesia, o en negarle solo una parte, para no parecer muy facha. Es la postura de una parte de la izquierda radical, que necesita para justificar sus odios, eliminar los derechos religiosos y de conciencia de los ciudadanos, obligando a los creyentes a meternos en un armario; o la de los de derechas, que nos miran con cierta condescendencia, como pidiéndonos perdón por no hacer nada por nosotros, y pidiéndonos (lo cortés no quita lo valiente) el voto para que no vengan los otros, “las hordas rojas dispuestas a robarnos hasta la catedral de Córdoba si hace falta”. En fin, el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, y bendito sea el nombre del Señor.

En esta línea nos aconsejan muchos: que no hablemos como creyentes, que no opinemos del aborto, que no salgamos a la calle, que nos callemos y que nos metamos en el armario, que ahora corren otros tiempos y no se puede afirmar sin tapujos que eres cristiano. Que volvamos a las catacumbas, donde quizás ya estamos.

De ahí que muchos cristianos vivan su fe de manera anónima, pues se sienten perseguidos, ridiculizados, raros… Lo curioso es que son mayoría sociológica, pero da igual. La propaganda y la atmósfera del mundo se atornilla a golpe de cuchilla desde la Revolución Francesa en círculos donde el odio a los curas primero, y a los cristianos después, es la norma, y no la excepción. Nos toleran, pero nos odian; por lo que es lógico que en este ambiente de persecución y dictadura cultural, la gente oculte su fe, o que va los domingos a Misa. Extraña esa fe, desde luego; y maldito mundo, que ha engendrado tal dictadura y odio. No dude nadie que cuando puedan nos crucificarán como antes lo hicieron con Jesucristo.

La propaganda política desde siempre ha tratado de hacer dos cosas: mentir y ningunear; y las dos son apreciables cuando se habla de la Iglesia. Se miente y exagera para sembrar la confusión, pues algo quedará en el subconsciente colectivo, una dosis más de odio. Mentira fue el caso Galileo, el de Hipatia, la inquisición o el abuso pederasta de los curas, que es una excepción dolorosa, fruto de un hedonismo sexual que nosotros no hemos deseado para nadie. Pero a la propaganda le da igual el mal o el bien. Lo que hacemos y somos en la historia se olvida; y se ningunea, se omite, se restringe y se borra de la memoria colectiva. Como si nunca hubiera existido. No hubo pensadores cristianos en los libros de texto, y si no hagan la prueba y hojeen los libros escolares. Incluso los libros de filosofía.

La iglesia sufre tales ataques desde hace mucho tiempo, y no solo en España. Somos el gran adversario de la modernidad, simplemente porque “ellos” han decidido lo que es modernidad. Pero no nos debe preocupar. Antes que a nosotros ya persiguieron a los profetas, a los mártires y al mismo Hijo de Dios. Por eso, aunque todos estén contra la iglesia, no la derrotarán, entre otras cosas porque es un trozo en el corazón inmenso de Cristo.

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