Archivo de la categoría: Pensamiento Filosófico.

Artículos y comentarios filosóficos. Desde una perspectiva antropológica, el autor opina.

La salvación que viene.

Salvarse, lo que se dice salvarse, es casi un grito unánime y colectivo de nuestro tiempo. Desde la cumbre del clima hasta el terror que infunde el heteropatriarcado en las niñas de bien. Todo es apocalíptico y teleológico, por lo que me temo que la humanidad está hoy más sedienta que nunca de salvación, y por ende de salvadores. Y ahí está el problema, que cualquier memo puede salvarte sin preguntar ni siquiera si quieres ser salvado, ni de qué.

Muchos de los nuevos mesías son verdes. Y el color vale para casi todo. Los pluriecologistas y su humanidad mediática no paran de repetir que el planeta necesita ser salvado. Que vamos al colapso y que el planeta está a punto de reventar. Que es demasiado tarde, aunque a veces también dicen que no lo es, que aún estamos a tiempo, pero que hay que tomar medidas urgentísimas y draconianas para salvarnos. Ellos saben lo que hay que hacer para salvar al mundo, pero en lugar de ser coherentes con lo que dicen que piensan, parchean la economía y la sociedad mientras los auténticos profetas verdes gimen desconsolados con que no es suficiente. Recicla, nene, que así salvarás al mundo. Lo dicho. Greta y el arrimado eventual tío Sánchez nos van a salvar de nuestra historia de progreso. O sea, que nos vamos a la mierda con estos mesías, y verde que te quiero verde.

Yo creo que tienen razón los greens auténticos, porque dudo que nos vayan a salvar los políticos guays gastándose una pasta en concienciarnos y contarnos repetidamente verdades indemostrables y acientíficas. Por mucho que inunden los libros de texto con la foto de Greta y los garbos, y por mucho que nos suelten una monserguilla utópica por inalcanzable, no vamos a salvar este desastre. Además, esta salvación ecológica es una caca, porque nos abandona empecatados al exterminio que nos espera en la historia. Salvaremos al planeta, si y sólo si nos extinguimos; o volvemos a las cavernas del tío Arborio.

Y es que el ecologismo como religión deja mucho que desear. ¿Qué quieren que les diga? Una salvación que no me salva a mi personalmente, y que me condena a morir y extinguirme por el bien del planeta no me mola. En realidad es una estafa. Ahí está Greta y el apóstol Sánchez bien arrimadito, os vamos a salvar, chicos. Ya, claro.

La otra caterva mesiánica es de color violeta. Me refiero a las señoras agentes de la dictadura de género, que es el nombre fino que reciben las feminazis. Nos quieren salvar de muchas cosas, algunas de ellas de dudosa existencia. Nos van a salvar del patriarcado, de la invisibilidad de la mujer y de nuestro género preconfigurado. Casi nada. En realidad esta salvación es bastante menos creíble, pero no por ello goza de menos adeptos, en este caso adeptas. Se ha construido sobre una serie de falacias indemostrables, y a cambio reciben un dinero que da gusto. Es la deconstrucción filosófica absoluta, el pensamiento débil convertido en pensamiento oficialista para la salvación de la mujer y del mundo. Salvar a las mujeres de las garras de la vida patriarcal y fascista que llevan.

El problema de esta segunda salvación es que necesita mantener a toda costa los prejuicios construidos artificialmente por la tercera oleada feminista, la de la ideología de género, para poder sobrevivir y ser creíble. Eso la convierte en una salvación excluyente para la mitad de la humanidad, o sea los varones heterosexuales y casi todas las mujeres oprimidas por la maternidad, amén de sus hijos y maridos. Estas salvadoras son menos proféticas y más molestas pues se empeñan en salvarnos de cosas insalvables, que además son imposibles de erradicar. Y que incluso son buenas hasta que se demuestre lo contrario. Ya advierto que tienen poco o nada que ver con el feminismo de equidad, al que combaten con tesón. El problema es el género, no la igualdad ante la ley. Nostradamus.

Las feministas de género, por ejemplo, pretenden salvarnos de hablar correctamente y nos introducen el lenguaje inclusivo, que en realidad consiste en hablar mal y confusamente. Nos salvan haciendo que nadie sepa escribir correctamente. ¿Por qué quieren salvar lo que no es pecado? También quieren salvar a las mujeres de tener hijos, de tener pareja para toda la vida y de querer a alguien incondicionalmente, para la salud y la enfermedad o las alegrías y las penas. Enamorarse y tener hijos tampoco es pecado, pero ellas quieren salvar a la humanidad de hacer lo que toda la vida se ha hecho. Amar, perdonar y crecer en la adversidad. Todo es patriarcado y todo es pecado, dicen.

También nos quieren salvar de Aristóteles, de Platón y de todos los varones que en la historia han pensado, han soñado, han escrito y han investigado. Todo el pasado cultural es patriarcado, y por eso gritan “os tenemos que salvar, chicas”. Mueran los filósofos y los artistas machotes; y vivan las mujeres. Porque yo lo valgo y viva mi vagina.

Yo creo que su salvación es una especie de narcisismo que en lugar de salvar a las mujeres, las condena a una muerte en vida, donde lo único valioso es su ego humano más absoluto. Lo malo es que además condenan al resto de hombres y de mujeres que no piensan como esta gente.

Lo más curioso de este mesianismo es que estas profetisas pretenden salvarnos de practicar sexo, porque también afirman que incluso el sexo consentido es violación (y no me lo invento, voto a bríos que lo dicen). Nos van a salvar de cosas que ni nos hacen daño, ni nos dan miedo. Para salvarnos manipulan a la opinión pública haciendo pensar que todos los hombres son machistas, agresivos y malos. Y que ellas son buenísimas, santísimas y que están hiper-oprimidas por el patriarcado. Ellas víctimas, y ellos verdugos.

Esta salvación en realidad no es tal, pues necesita condenar a media humanidad (a los varones) y tres cuartos más de mujeres (que todavía no se han liberado de sus maridos y que quieren a sus hijos y a sus fetos). Es una salvación que apuesta por el odio como solución final. Lo disfrazan de muchas cosas, pero esa es su conclusión final.

Personalmente sigo prefiriendo la salvación cristiana. Un Dios que se hace humanidad y que muere de amor por nosotros, que nos redime de nuestros pecados desde lo profundo del pecado y de la vida y que nos proporciona una vida eterna, es mucha mejor salvación. ¡Dónde vas a parar! Además, ahora que es Adviento, se puede celebrar y vivir desde la intimidad del corazón, en la paz del silencio y en la venida del Niño en la esperanza de una mujer encinta. Lo dicho, una salvación así sí es una auténtica salvación. Tiene esperanza, que es lo que le falta a los demás. Por eso me apunto a Jesucristo y a su Reino. Marana tha. ¡Ven Señor Jesús! ¡Ven a salvarnos del pecado y de la muerte!

El infierno de Greta.

Siempre me han dado grima los niños superstar. Desde Marisol hasta Joselito pasando por Ana Belén. Todos ellos me han caído en su momento como el culo. Son niños que hacen ricuras y gracietas en lugar de ser niños corrientes y molientes. Son niños que están adulterados, manipulados e idiotizados por algún adulto que saca tajada de su estrellato, siempre efímero.

Estos niños luego crecen bajo los focos de ser celebridades, y terminan contándonos en las revistas más sórdidas y elocuentes que su infancia fue terrible, que fueron abusados, que se aprovecharon de ellos y unas cuantas lindezas más. Se quejarán de que les metieron en un circo que no querían…

Por eso, la última cría superstar llamada Greta, la adolescente activista (tiene 16 años) del ecologismo progre y sueco, me da cierta pena. O terminará como el juguete roto que ya es, o acabará como diputada de algún partido verde piscina por el Parlamento Europeo, y no sé que es peor. Morir de incoherencia siempre es una salida muy digna para la progresía europea, y seguro que tendrá un carguito en algún partido antifascista guay en el futuro. Pero no es lo mejor para nadie, claro.

Greta es un producto típico de nuestro tiempo. Es una niña de un país con pasta cuya gracia está en que se queja de la mierda de mundo que le vamos a dejar en herencia. Curiosamente no se queja del hambre, el aborto, las guerras, o el crimen organizado, que son temas de mucho excremento. ¡Qué va! Tampoco se queja de la trata de niños esclavos, ni de nada de eso. En realidad se queja de que no hacemos caso a los científicos que dicen que el planeta se calienta por culpa del hombre. Ya está. La invitan a la ONU a dar un discursito, y le acabarán dando el Nobel. Total, si ya lo tiene Obama, ¿por qué no dárselo a ella? No tiene ninguna propuesta más que quejarse y decir que hagamos lo que dicen los políticos que hay que hacer para arreglarlo. O sea, el acabose.

No se puede decir que Greta no haya atendido en clase. Por supuesto que no. Desde hace años, el discurso y la monserga del ecologismo políticamente correcto ha inundado las aulas de Suecia y de toda Europa; y ella, que es una alumna aplicada, se lo ha creído a pies juntillas. La educación tiene que ser crítica, caramba, y Greta, que es una alumna que aprende deprisa, ha aprendido a quejarse. Se lo han enseñado, claro. Si el mundo es una mierda, ¿por qué no vamos a hacer una huelga para que mejore? Y tiene razón la criatura. Es verdad que podrían haberle enseñado otras cosas como economía, latín, historia, filosofía, derecho o antropología. Pero no. Le han enseñado que el mundo es una mierda, y ella nos lo cuenta. Es un producto típico de nuestro sistema educativo. Por eso cae tan bien a los demás estudiantes y a los profesores contemporáneos europeos. Es una ejemplo y ya están tardando en dedicarle un párrafo con foto y todo en los libros de sociales. La pescadilla que se muerde la cola. Los mitos contemporáneos se alimentan con los nuevos mitos.

Greta se ha equivocado. No por quejarse, sino por entrar en política  de esa forma. Greta ha querido representar la pureza ideológica y existencial del ecologismo quejica. Quiere ser perfecta para que su discurso sea más creíble.Y ese es un error grave, porque te expones a que te critiquen y a que te lluevan hondonadas de bofetás por todos los lados.

Greta no es más que una adolescente, y la pobre no tiene más argumentos que su inocencia. Repite lo de su libro de texto y lo que le dijo su profe sindicalista. Y poco más. Y así no se puede entrar en política, como una niña inocente que juega a las tabas el domingo por la tarde. Porque no lo es. La han calificado como “la niña del exorcista” y reconozco que me hizo gracia, porque es verdad que algo de eso parece, pero también me dio pena por ella.

Si Greta hubiera sido una niña Amish habría sido más creíble. No usan la electricidad y huyen de los avances técnicos que perjudican el regalo que Dios nos hizo con la creación. Su queja sería verdadera y coherente, o al menos más coherente. Reconocería su pecado y su contingencia, y en su humildad sería una persona con algo que decir. Al menos para mi, que busco discursos profundos y con algo de sentido. Pero como lo religioso no vende, pues no puede haber una Greta Amish. Además, tampoco habría podido convocar a nadie porque los amish no usan móvil. Y Greta sí tiene móvil para convocar manifas y huelgas.

Eché un vistazo a su discurso en la ONU, y entendí la tragedia y la catástrofe de la que hablan los ecologistas de libro y de canas. Y es que la criatura pecó de simplonería y de soberbia. De lo primero podemos exculparla. Es una niña y le faltan estudios e ideas. Ya lo ha dicho Putin, que hay que explicarle que el mundo es más complejo (que vuelva a la escuela). Pero de lo segundo no, pues la soberbia es un pecado muy serio en una niña que quiere dar lecciones a la humanidad de como arreglar el mundo.

Greta fue a la ONU a contarnos unas cuantas falacias mediáticas ya asumidas por la demogresca, pero es que además lo hizo en tono enfadado y quejándose. Para muchos será una gran activista porque le ha dicho a la humanidad que le han jodido el futuro. Pero esta cría ha jodido su futuro ella misma. Greta no va a poder sonreír el día que se vaya a comer una hamburguesa hecha de carne de vaca pedorra contaminante, con su huevo frito de gallina violada en una granja. Esta niña no podrá sonreír nunca ante un mundo tan malvado. Y si lo hace la tacharán de colaboracionista con el imperio del mal, que es el capitalismo contaminante, supongo. Su único futuro está en ser vegana y frutívora. Jamás podrá venir a España de vacaciones (salvo que lo haga en bicicleta), y nunca será libre de la imagen infernal que la humanidad ha hecho de ella.

A Greta le espera un infierno, pero no medioambiental. Por eso me compadezco de ella y de todos los juguetes rotos que algunos adultos inventan para sus intereses. ¿Que quién ha sido el que ha montado este circo? No lo sé, pero me lo imagino.

 

Artistas libres; artistas controlados.

Cuando a un artista se le encarga una obra, la ejecuta y cobra. No hace lo que quiere, pero gana dinero. En este mundo del arte, el que paga, manda. O mandaba. Así ha sido durante mucho tiempo en el mundo del arte, de los artistas y de los escritores. Por eso, amigo lector, si quieres vivir de esto, tienes que buscarte un mecenas. O ser independiente y funcionario.

Te recuerdo que un mecenas es cualquiera que te da dinero por lo tuyo. Puede ser un lector o amazon. El problema es que a veces la obra no gusta mucho cuando es terminada, o que gusta pasado un tiempo, o que no es ubicada donde te esperabas.

Me cuentan que a veces el cuadro no hace juego con el tresillo de casa porque es de colores apagados, aunque también hay casos donde el pagador se “pasa” de cuando en cuando por el taller del artista y le da instrucciones, aporta su visión de lo que debe ser, y lo que considera que está bien o mal según su criterio y su bolsa. Poderío, que se llama. Sí moana, dice el artista. Mejor colores claros que hagan juego con el tresillo. Lo que usted mande, señor editor.

Lo dicho, tú eliges, o independiente o lo que diga el jefe.

Esta visión no está tan superada como podría parecer. El que paga sigue mandando, y salvo que un artista tenga una familia con pasta, le tocará plegarse a las exigencias de su jefe.

Hoy los que pagan son muchos (lectores y compradores) y piden que tu obra sea agradable, rentable y que valga algo, aunque sea en el futuro. Que no es poco. Ya saben, si no gusta tu cuadro al propietario de la galería de arte, siempre puedes venderlo a tus amigos, conocidos, despistados y turistas manirrotos. A veces te lo compran pensando que vas a ser famoso en el futuro. Ya está. Se lo vendes.

A los poetas siempre les queda un último recurso. ¡Amigo escritor, si tu poesía no le gusta a tu editor, siempre puede declamarla en el Campo Grande de Valladolid a los pavos reales! No pasa nada. Así empezó Clarín y terminó suicidándose.

Cada uno tiene su caché y para no amargarnos, nos recordamos una y otra vez que van Gogh no vendió una morcilla en su vida, y que mira ahora. Lo descubrimos tarde. ¿Seguro? Digamos que generó dinero tarde, cuando el pobre ya había palmado y no podía hacernos cientos de cuadros de girasoles similares. Si le hubiéramos pillado a tiempo…

Pocos artistas ha habido en la historia del arte que hayan sido verdaderamente libres. Pero los ha habido. Casi siempre responden al creador que ha logrado alcanzar un estatus y reconocimiento a partir del cual, hagan lo que hagan, tienen éxito y son apreciados. Dejan de ser deudores de sus intermediarios, e incluso de su público. Hacen lo que quieren, desde el punto de vista creativo, y todo se les perdona y se les compra. Porque son de fulanito.

Esto permite a los autores liberados crear sin cortapisas, construir su obra, pintar lo que les da la gana y como les da la gana. O escribir lo que les parezca sin que nadie les diga lo que tienen o no que hacer. Así le sucedió a Victor Hugo, pero no a Cervantes ni a Shakespeare.

Siempre me hace gracia que los mismos que coartan en el presente la libertad de sus artistas en nómina, son los que afirman guardar un amor desmedido por lo que hicieron los genios con toda la libertad del mundo. Y así encontramos al mismo editor que rechazó “Cien años de soledad” o abomina de “Marcel Proust” dando lecciones de lectoescritura a una camarilla de adláteres escritores que trabajan sometidos a él en la editorial equis. Ese mismo editor es además el que otorga los títulos de buenos escritores a los de su pesebre con la concesión de suculentos premios. Si les dices algo te contarán que si el mercado patatín, el mercado patatán. Y que ellos defienden el arte. Pero no es verdad. Lo esquilman sin sostenibilidad para el artista.

Picasso pudo pintar lo que le daba la gana cuando tuvo un estatus de pintor genial. Antes no, pero luego sí. Lo mismo le sucedió a Dali, que firmaba lienzos en blanco para incrementar su cuenta corriente. En la música popular, los Beatles decidieron dejar de actuar en directo y pasaron a experimentar en el estudio de grabación de Abbey Road en Londres, entre otras cosas, porque estaban hasta los mismísimos tarantinos de dar conciertos donde no se escuchaban ni a sí mismos desafinar del griterío que había. Hasta aquí hemos llegado, Paul, dijeron. Y se acabó. Y tres años después “Let it be”.

Los Beatles hicieron lo que quisieron, experimentaron e inventaron como quisieron. Revolucionaron gran parte de la música, y siguieron vendiendo discos. Son seguramente sus mejores discos, los menos comerciales y los más interesantes. Si no hubieran sido tan famosos, no habrían editado ni la mitad de sus discos, y hoy serían un grupo más de los muchos que hubo en los años 60 por la pérfida albión. No habrían salido de su pueblo, vaya. Por muy molonas que sean sus canciones no tendríamos la psicodelia del Sgt Peppers, ni el album blanco, ni habrían llegado a cruzar Abbey Road, frente a los estudios Apple, que ellos mismos fundaron.

El otro día me contaban las penas de varios escritores consagrados, teóricamente consagrados y conocidos. Escriben lo que todos esperan que escriban. Si han parido una novela histórica buena tienen que escribir una trilogía. Y cuando tienen una trilogía, otra segunda parte de la trilogía. Y así se pasan su vida de artistas escribiendo lo mismo que una vez escribieron. Son envidiados por el resto de escritores; pero es curioso que muchos escritores consagrados envidian a los que no tenemos tanto éxito, entre otras cosas porque disfrutamos de libertad para escribir lo que nos sale del prepucio, el pucio y el pospucio.

Ellos viven de escribir, o mejor dicho, viven de reescribir aquello que les dio éxito, y lo reescriben una y otra vez. Nueva novela del año, la última de fulanito. Y es igual que las anteriores, incluso peor. No tienen el suficiente éxito para escribir lo que quieren y en ocasiones se van autodestruyendo. En cambio los pequeños escritores que no vivimos del tema, podemos escribir más libremente, aunque tenemos que alimentarnos de otro empleo para sobrevivir.

Es curioso que haya sido así en la historia de la literatura de manera tan generalizada. Abundan los escritores militares, periodistas, profesores, funcionarios, hijos de papá, etc.

Los artistas de nuestro tiempo están controlados por el pensamiento políticamente correcto. Pero también por los grandes inversores de arte, gente que ha construido una maquinaria para vender y comprar arte, libros o cuadros al por mayor. Esa maquinaria tiene mucho que ver con la política y las ideologías del mercado democrático. Artistas de izquierdas y artistas contraculturales. ¿Les suena? Hay público para todo, es verdad, pero los grandes del negocio quieren productos de bajo coste y mucha venta. Por eso hay arte basura, arte para usar y tirar, arte mercado y arte clandestino. Libros basura y libros de usar y tirar.

Por eso muchos artistas hoy se rebelan. Autoeditan sus discos, sus libros, sus novelas y su pintura. Son los nuevos genios que no quieren someterse al viejo mecenas, ni a las viejas formas.

Yo quiero ser uno de ellos. Como los poetas, que son los más libres de todos. A ellos les basta con compartirlo en las redes sembrando luces de belleza donde antes solo había caos.

 

 

Polifonía de pinreles en verano.

El verano es un momento propicio para sacar los quesos a relucir. Me refiero a los pinreles, a los pies, a los quesos, a los frijolitos o a los sapos que Dios haya dado a cada uno. Y cada una, que en esto de la discriminación positiva en pies feos nos ganan por goleada.

Mi fijación por el tema es antigua, pues desde que era niño he relacionado los pies con el culo, y me producía la misma vergüenza tanto verlos como mostrarlos. Con el tiempo, mi socialización ha ido en aumento, y actualmente lo mismo hago un calvo que me rasco la entrepierna. Pero lo de los pies es superior a mis fuerzas. Es la parte más pudenda del cuerpo, y no es porque tenga antepasados orientales, que igual sí, sino porque enseñarlos me molesta;  en cambio verlos me resulta entre excitante, curioso, grimoso, morboso, agradable, asqueroso y admirable. Por eso me fijo.

Y es que los pies presentan dos caras. La de la planta es redondita, con garbancitos simpáticos colocados a modo de familia telerín; en cambio la superior son como la bruja de blancanieves, con uñascos terroríficos, juanetes deformantes, clavos, callos y demás floraciones. Son como la cara y el culo, que cuanto más guapa es la modelo y la moza, peores son sus cascos.

Los españoles tenemos una relación pudorosa con nuestros pies que no la tienen el resto de europeos. Es raro que uno de los nuestros, sobre todo si tiene más de cincuenta años, saque un queso en público y se lo rasque por entre los dedillos. En cambio, esa misma educación no la practican muchos europeos, que les encanta descalzase mostrando sus calcetines blanquecinos de deporte, y si se tercia, metiendo sus pies en cualquier charco cuando hace calor. Los españoles “prelogse” somos como de otra manera. Los extranjeros cuando vienen a nuestro país, traen sandalias con calcetines; en cambio los españoles cuando vamos fuera usamos zapatillas deportivas, bien tapados y con discreción. Spain is different, of course. Pero el mundo cambia, y ahora los jóvenes autóctonos llevan chancleta masiva y lo mismo te plantan un pie en asiento de enfrente del tren que se masajean los dedos mientras miran su móvil. ¡Qué se le va a hacer si los españoles caminamos hacia nuestra extinción!

Recuerdo haber desayunado rodeado de guiris en los albergues juveniles de esos países de por ahí, donde los únicos tipos calzados éramos nosotros. Ellos preferían los pies al viento y los pelos enmarañados al estilo Boris Johnson, que debe tener unos quesos de espanto. Por eso esta gente gusta descalzarse en el trasporte público y colocar sus pies en el asiento de enfrente. Ni que decir tiene que ir a rezar a Taizé, en Francia, con moqueta bajo una carpa, es un muestrario ecuménico de calcetines donde tienen que echar sándalo para que la humanidad no sucumba fácilmente al delirio espiritual. Yo me entiendo.

Dada mi condición curiosa, una de las cosas que más me entretiene cuando hojeo una revista del corazón (o de los pies) es ver los pezuños que se gastan las guapas de turno. Primero cuento el número de pies que veo, y luego me entretengo en examinar con detalle lo feos que son. No falla, cuanto más hermosa y diáfana es la sonrisa de la hembra, peores son sus garrapuchos. Están tensos, endurecidos, desparramados y delirantes. Imagino su olor tras una jornada de paddel en la élite. Da igual que la señora sea princesa, reina, infanta, duquesa, modelo o actriz de reparto, les encanta enseñar sus juanetes y exhibirse – en todos los sentidos – ante un público sediento de emociones fuertes. Incluso aunque sea invierno y haga un frío de asustar, llevan zapato abierto (así se llama al exhibidor). Y además te lo dicen los gurús de la moda: donde esté la elegancia de unos estiletess con unos dedorros decorados que se quite lo demás. Perdón, pero lo de los dedorros es mío.

Porque esa es otra. Los uñascos se pintan y se repintan. Y a mi eso también me llama la atención. Porque cuando veo una dama estirada e inalcanzable, me la imagino en el baño de su casa tomando posturas fetales para adecentarse la cutícula del queso y la coloración del mejillón. Luego posa con ese rigor que da la condición de diva, pero al mirarle los pies descubro una sirvienta agachada disimulando los batracios en que se han convertido sus pies.

Las revistas de féminas dedican muchos meses, siempre previos al verano, para que tengan todas sus lectoras los pies más delicados del mundo. Pero claro. Quod natura non dat… Ahí aparecen los cientos de consejos para suavizar talones, separar soldaditos, amaestrar callos y perfilar contornos. Si dedicaran tanto tiempo a cuidar su alma, otro gallo nos cantaría, y no lo digo por los espolones que desarrollan, sino porque el culto al cuerpo tiene un límite. Y me temo que ese límite son los pies, los quesos, los garrapuchos, los pinreles o los pezuñones.

Supongo que Dios ha hecho así los pies para que desarrollemos la humildad, que es una virtud muy necesaria en estos tiempos de exhibición y soberbia.

Pues eso, feliz verano polifónico de pinreles y quesos.

 

 

El pichiglás (la materia que sostiene el universo sapiens)

Si los presocráticos hubieran vivido en el presente – o sea, siglo XXI – se hubieran quedado admirados al descubrir la sustancia primigénea que compone el universo infinito, y que no es otra cosa que el pichiglás. Palabra que se compone de dos lexemas imposibles: pichi y glas.

Yo descubrí primero la sustancia, y lo hice en mis años mozos. Creo que todos mis juguetes acabaron a trozos, lo cual ya demostraba que el pichiglás estaba presente en la realidad de la sustancia atómica. Rompí un reloj de péndulo a mi abuela Carmen con tan solo rozar el badajillo, y sepulté mi bicicleta BH, una que yo creía más resistente que el acero cromado, tras usarla como bici de montaña-cros, que es como se llamaba a hacer el vándalo con la bici. Balones pinchados, relojes casio muertos y bolígrafos explotados fueron el legado que recuerdo de esos años donde coqueteaba con una materia que llegó de las estrellas para quedarse: el pichiglás.

Se supone que como era un niño, pues era normal que todo se rompiera con el tiempo. Pero no. Ahora he descubierto la verdad. Todo está compuesto de pichiglás, y ese es el arché de los griegos, el principio unificador de todas las cosas, es el Ser de Parménides y es la madre que la parió a un tiempo. Ni el agua, ni el fuego, ni el aire, ni los números… el pichiglás. Sólo el pichiglás.

La palabra se me apareció en años de adolescencia y juventud, pues hasta entonces no gozaba del término adecuado para designar aquella transustanciación de la materia, donde lo que parece “algo” se convierte en una mierda. Alguien supongo que la dijo, y yo, que siempre he sido mimético con lo que me hace gracia, lo adopté. Pichiglás, pichiglás.

Por suerte adopté la palabra mágica. PICHIGLÁS, y creo que lo logré gracias a otro invento de mi época: el blandiblú. Tenía que sonar así, en aguda y con tilde. Como madelmán y caricú. Luego apliqué el denotativo (¿o era lo otro?) a aquellos objetos que se cascaban con la mirada, y la expresión no pudo ser más feliz.

– ¡Esto está hecho de pichiglás! – y era verdad.

Los listillos esos de la lengua, que son unos listillos, afirman que la palabra PICHIGLÁS procede de PLEXIGLÁS, que es su origen, y que procede de la marca registrada construida por algún capullote del plástico en su versión más casera. Dicen en la RAE que se forma de dos palabras, una del latín: “plexum”, que viene a significar “plegado”; y la otra del inglés “glass” que significa vidrio o cristal. El plexiglás es una resina sintética que tiene aspecto de vidrio (primera acepción), o material transparente y flexible con el que se hacen las prendas de vestir, manteles, etc (segunda acepción). El término se nos queda corto, aparte de que es más difícil de pronunciar.

En realidad PICHIGLÁS procede de PICHI, que significa hecho con el pucio de los huevos; y GLASS, que se rompe con la mirada como si fuera cristal. En resumen, son dos lexemas que se unen en una combinatoria inigualable. Lo fabricaron con la polla (el pito para entendernos) para que se rompiera lo antes posible. El término científico es “obsolescencia programada”, pero a mi, que quieren que les diga, ahora que he reflexionado sobre el término PICHIGLÁS, lo prefiero una y mil veces. PICHIGLÁS es la palabra.

Casi todo lo de mi alrededor está hecho de está trascendental materia. La batidora antigua que se fue a tomar por saco, mi viejo coche, el otro viejo coche, los cientos de radiocasetes que he tenido, las pelis de video VHS, los cedés de hace unos años (medio borrados) y por supuesto los intangibles: las ideologías de hoy son de pichiglás, igual que los adolescentes, los alienígenas de la tele, los jovencitos, los niños y las mochilas de los niños. Los móviles son de la misma materia que los milenial, por eso lo llevan adherido a sus manos, los grandes clubes de fútbol, los programas de televisión y sus series, en especial con sus finales de pichiglás. Todo. Absolutamente todo está hecho de pichiglás. Lo material y lo inmaterial. Salvo el NOUS, todo es de pichiglás.

El único problema que tiene la palabreja es que suena sexista. Pero yo, que tengo asumida mi condición de ciudadano varón hetero, me importa una mierda como suene. Pichiglás tampoco es peneglás, ni cipoteglas, que son palabras mucho más machistas. En realidad pichi es un pito deconstruido, que es lo que tiene la sustancia primigenea, una deconstrucción de la leche. Por eso pichiglás no es machista, es una realidad decadencial y decadente, un paralelo a la uretra amorcillada y poco más.

No obstante, para que vean que no soy un retrógrado y que estoy al día, he construido un nuevo término: CUCAGLÁSS, que es más fino que chochoglás y – dónde vamos a ir a parar – mucho más discreto. La cucaglás. Así tendríamos que según el fabricante, los objetos son de pichiglás, o de cucaglás, según es aspecto externo del genital del ingeniero o ingeniera fabricante.

Dado que el pichiglás y el cucaglás son los nombres que damos a la materia primigénea, y que esta compone todo el universo desde el origen, tendríamos que valorar con seriedad, que todo en el origen se organiza desde un doble principio, regresando así a Platón, a Pitágoras. Pero como este  dualismo (bien y mal, noche y día) se enfrenta en los clásicos griegos pues prefiero alejarme de ellos y apoyarme en una dialéctica bíblica, menos dualista y más unitiva.

Es evidente (y ya termino) que lo creado y el creador no son la misma cosa. De ahí que haya que separar pichiglás y cucaglás para lo creado, lo que tradicionalmente hemos llamado contingente; y reservar el término Dios, para lo necesario.

Esto me emparenta de nuevo con la filosofía más clásica: Todo es pichiglás, excepto Dios, que es necesario. Por supuesto, el hombre en su contingencia solo puede fabricar en pichiglás; y la mujer igual solo que en cucaglás.

Ahí lo dejo, antes de que se me estropee mi ordenador de pichiglás.

¿Razonamos igual que antes? Pensar con las emociones o con las ideas.

Una de las señales que nos avisan de que “hay algo podrido en este reino” es la incapacidad para sostener debates reales con premisas válidas, argumentos de peso y conclusiones que no sean eslóganes insulsos. No es que me haya dado cuenta ahora, pero es que últimamente es verdaderamente difícil encontrar un debate en las redes sociales donde la peña no termine soltando cuatro simplezas con la misma soberbia del que reparte perlas de engordar gorrinos. Proliferan los debates en las redes, que son como las perogrulladas de carajillo que escupen cuanto listos en un bar, y que ahora son comida rápida de casi todo el mundo en este planeta llamado “porque yo lo valgo”. Cualquier frase sirve, y cualquier pensamiento, por bobolicón o mentiroso que sea, parece extraído del mismísimo Séneca. Lo mismo ladra un cerdo, que gruñe una oveja.

Yo empecé a diagnosticar la enfermedad cuando escuché, hace treinta años o más, una memez soltada por el inefable Txiqui Benegas, portavoz del Psoe en los tiempos de Felipe González, que fue repetida por alguien, no recuerdo quién, del que pensaba que tenía ideas propias. Fue como un despertar al mundo, porque comprendí que las gansadas de los políticos eran creídas a pies juntillas por las masas afines a su color político. Intenté razonar con tal persona hasta que llegó a ver una cierta luz: los políticos dicen tonterías porque forma parte de su actividad política. Es su trabajo soltar memeces, pero no el nuestro creerlas.

Los políticos, razonaba entonces, en su juego político hablarán bien de lo suyo (aunque la caguen se justificarán), y echarán mierda sobre lo del adversario (el otro malo, mi partido bueno). Por eso la actividad política se ha convertido en un fango intransitable, donde nadie dice lo que piensa y todos miran de reojo escuchando sandeces preconcebidas en laboratorios sociológicos. Luego se extrañan que la gente no se fie de los políticos. No hay más que oírles dos tardes seguidas para pillarse una descomposición intestinal en grado superlativo.

Si alguien se lo cree, es problema suyo; aunque por desgracia es verdad que mucha gente (se supone que letrada) repite como loros lo que escuchan en determinados medios de comunicación afines a sus intereses emocionales. Pero ese no es mi tema de hoy.

Al cabo de los años, noto que existen otros cambios no menos preocupantes. Y es que ahora los pensamientos y las argumentaciones son alimentadas por “presuntas informaciones” encontradas y disparadas en las redes sociales, que son en realidad mensajes emocionales, propaganda pura y dura, y que son seguidas por gente que se supone que ha estudiado y sabe algo de algo. El deterioro se ha disparado.

Es el triunfo de la propaganda sobre la razón. Cualquier asunto es tratado como si fuera un eslogan, una marca emocional, un conflicto entre lo bueno y lo malo. No hay matices, no hay ideas, no hay pensamiento, no hay más que emociones y enfados emocionales. y no hay más que asomarse a las redes sociales para verlo. Lo de Cataluña es un debate emocional, pero también lo es lo del cambio climático, el feminismo, los tuyos y los míos, el aborto o el madrid barça. Todo son emociones, nada se puede pensar.

Me encuentro, por ejemplo, con la decisión del rey emérito Juan Carlos de España de retirarse de los actos oficiales. Inmediatamente aparecen las redes los memes de los republicanos con fotografías (ni siquiera se argumenta) mostrando al rey de cacería, o junto a Franco y en blanco y negro. Medio faltando al respeto, medio condenando, y por supuesto, no contando toda la verdad, o sea mintiendo ¿De verdad es lo único que saben del rey? Supongo, porque todavía no me ha llegado, la información contraria, la reacción de los que llenarán la red de mensajes emocionados y agradecidos al rey por su lealtad al país y a la democracia. Todo emocional, todo irracional.

Si me hablas de un partido de fútbol, exactamente igual. La gente defiende sus colores incluso en los detalles del arbitraje. ¿Acaso no se puede opinar en contra de las emociones que se supone que uno tiene? ¿Tanto cuesta reconocer la verdad frente a las emociones? Si tu hijo es tonto, reconócelo, que no pasa nada. Pues no. Mejor decir que es la sociedad la que no está altura y que es un adelantado a su tiempo. Y debatimos las emociones que nos suscita todo.

Ya Parménides diferenció en la filosofía antigua entre opinión y verdad. Entre lo que se dice y se cree, y lo que realmente es y no cambia. Ahora estamos peor, porque la opinión no tiene que ver ni con la lógica, ni con las premisas, ni con los argumentos; sino llana y exclusivamente con los intestinos, el corazón y las vísceras naturales que uno ha acumulado durante su vida. Se opina con las emociones, y no se piensa nada. De forma que nos alejamos, irremediablemente de la razón y la lógica que ha construido nuestra civilización occidental.

Por eso lo mejor es no entrar a discutir nada en los foros donde no se debaten ideas. O sí. Es ciertamente divertido ver como se van cabreando según uno va hiriendo sensibilidades emocionales con argumentos y razones. Basta con decir que la Primera República española no duró ni un año, para que se cabreen los republicanos. Basta con explicar lo que es la ciencia, para que los del cambio climático te llamen negacionista. Tú te lo has buscado, ale. Por malo.

 

Reflexión sobre la eutanasia.

De nuevo aparece por la puerta de atrás un debate que no es tal. Yo creo que casi todo lo relativo a este asunto se ha decidido ya (lo han decidido los de siempre), y se va a vender como modernidad, progreso y futuro para luego colarnos los “hechos consumados” de turno. Así que no nos queda más narices que aceptar la muerte buena para los que no se saben morir como Dios manda. O mejor sería decir que no se saben morir sin molestar. Vamos a pensar qué es esto.

Eutanasia es matar a alguien con permiso de los jueces, o de la administración si acaso. Ni más ni menos. Cuando el que lo pide es el muerto hablamos de suicidio asistido; y cuando lo pide la familia es eutanasia, que en griego significa “buena muerte”, y no es un eufemismo ni una ironía. La eutanasia no tiene que ver con los cuidados paliativos (ayudar a que no sufra el enfermo), sino con acelerar la muerte, para que llegue antes y se sufra menos (argumentan).

Realmente, si se quiere sufrir menos todavía, se podría matar a la gente con treinta años, que es cuando vienen las crisis de madurez, y así nos ahorramos tener responsabilidades y pasarlo mal. Relanzaríamos “Un mundo feliz”, la novela de Huxley. Pero no doy ideas, que seguro que alguno me copia la maldad creyendo que es ingenio.

No descubro nada nuevo si afirmo que el problema de la eutanasia es un problema práctico y más frecuente de lo que parece pues tarde o temprano uno se enfrenta a la muerte, a la enfermedad terminal de sus familiares más cercanos, o a la enfermedad de uno mismo. Por eso, a diferencia de otras cuestiones de bioética, la eutanasia y su problemática está mucho más presente en la vida cotidiana. Es frecuente que ante un caso mediático de un tetrapléjico que desea que lo maten surjan cientos de personas con el mismo problema que se indignan porque se diga que sus vidas tetrapléjicas son menos dignas. Los paraolímpicos nos dan ejemplo de que se puede luchar y se puede superar el mal y el sufrimiento. No obstante, hay algo que ya se observa con facilidad, y es que ante el dolor, la enfermedad y la muerte, no todo el mundo reacciona igual, ni lo vive del mismo modo.

En algunos casos que vemos por televisión (siempre extremos para convencernos de lo ya decidido por los gobiernos) parece que lo solicita un familiar o el enfermo que está hasta los huevos de sufrir y que no quiere vivir. El desenlace estará en si el juez de turno le dice que sí o que no. Pero no suelen hablar de muchas otras realidades que quedan ocultas y que se suceden a nuestro alrededor.

En los países donde hay eutanasia, que son Holanda y pocos más, siempre se dice que sí a la solicitud de matar, y punto. Al final se ahorran papeles y me cuentan que los ancianos holandeses ingresan en los hospitales van acojonados; porque si pierden la consciencia, la familia puede pedir la eutanasia y ale. Pues que se reparten el bacalao, apartamento de Mallorca incluido. Así me lo han contado varias personas que lo han comprobado en sus carnes, no me lo invento. La eutanasia asusta cuando hay mucha gente deseando que nos muramos, y no solo hablo de los familiares malvados, sino también del Estado que se ahorraría una pasta en pensiones. Ok, intentaré no dar más ideas de este tipo, pero es que las veo crecer como hongos.

Es curioso el problema en estos países, porque al final se toma la decisión de matarlo entre varios y así parece que nadie lo ha decidido. Pero cuando llega el momento del homicidio, nadie quiere empujar la jeringuilla. ¿Quién soy yo para decidir a una hora y un día? ¿Y si lo dejamos para mañana por si acaso? Estas preguntas son reales, se las hace la gente cuando puede matar a alguien legalmente y tiene cierta conciencia moral en algún rincón del cerebro. Pues eso.

En este mundo se mata a mucha gente, legal e ilegalmente, pero la eutanasia es un tipo de muerte que se hace bajo un primer argumento filosófico y ético muy recurrente: evitar el sufrimiento. El problema es medir el grado de sufrimiento en cada uno, y también es un lío concretar si el sufrimiento es de la familia, del enfermo o de los dos. También es un problema si el sufrimiento es físico o psíquico, que esa es otra. Así que tenemos un buen jaleo. Las personas no soportan el sufrimiento de la misma forma, y lo que para unos es un dolor terrible, otros dicen tratarse de una molestia. El umbral del dolor y del sufrimiento no es el mismo.

Tampoco hay que olvidar que la incapacidad para asimilar el sufrimiento en nuestra sociedad hedonista es uno de los sentimientos que se utilizan para convencer de la bondad de la muerte controlada. Nos molesta el sufrimiento, molesta cuando es en nosotros, y nos genera estrés cuando lo vemos en los demás, pues no somos psicópatas y sufrimos con el que vemos sufrir. Para evitar un sufrimiento gratuito, se afirma que es mejor “morir y acabar con el dolor cuanto antes”. Vale, ¿lo vas a matar tú? Si lo hacemos entre todos parece que no lo ha hecho nadie, y eso es lo que está sucediendo en los países donde está aprobada al eutanasia. Así, aunque matamos a alguien, nadie sufre por sentirse culpable por haberlo matado. Es el hedonismo elevado al cubo, que a mi, que quieren que les diga, me suena a Alemania Nazi.

Lógicamente, una sociedad hedonista no considera que el sufrimiento puede tener algún tipo de valor, de sentido, de razón de ser. No se lo da, ni comprende que lo pueda tener. Simplemente se oponen a él porque impide lo más importante del mundo que es el placer, el disfrute y la alegría de consumir y de estar bien. La sociedad del bienestar necesita estar bien, y el sufrimiento es una molestia excesiva. Pero sufrir es una experiencia muy humana, incluso podríamos decir que por el sufrimiento maduramos en la vida. Los golpes nos ayudan a hacernos persona, a valorar lo que se tiene. Es verdad que desear el bien al otro implica desear que no sufra, esto es cierto. Por eso los cuidados paliativos sin imprescindibles para mejorar la atención al paciente, al enfermo y a la familia. Por eso no hay que prolongar la vida artificialmente más allá de lo razonable, en encarnizamiento terapéutico tampoco es válido.

Aceptar la muerte de manera natural, cuando llegue es lo mejor para el moribundo y para los que lo contemplamos. Es aceptar que Dios se ocupa de los hombres y de su dolor; y es no intentar ponerse en su lugar.

Quien bien te quiere, te hará llorar (del refranero clásico).

El refranero castellano clásico está lleno de frases con profunda sabiduría, que por aquello de las prisas y de la modernidad, se han terminado olvidando, y por desgracia sustituyendo por cientos de frasecitas facilonas y recurrentes de las redes sociales. Yo creo que muchas de ellas no aguantan ni medio asalto con la vida, y la prueba es que van cambiando y siendo sustituidas por cientos de miles que saturan las mentes y atrofian la sapiencia, dejando en su lugar la sensación de un buenismo tan infinito como falso. Con el refranero clásico no sucede igual, como mucho se percibe el paso del tiempo, el cambio de la sociedad en la que surgió, pero no la infinita sabiduría que esconden en pocas palabras. Pocas palabras para enseñar mucho.

Hoy me centro en esta “quien bien te quiere, te hará llorar” que se ha convertido, por su mala interpretación y su deficiente aplicación en el azote de pedagogos y de demagogos de todo tipo y condición. Es uno de los refranes más perseguidos de la sociedad actual, y como lo mío es pensar y no condenar, pues prefiero pensar en el refrán y ofrecer mi reflexión filósofica. Qué sino.

La primera filosofía que encuentro en ella es que el amor hace sufrir. Sin más. No es cierto que el amor sea una cosa bobalicona, romántica y desencarnada. Eso no es amor, sino una construcción, una entelequia para eludir el presente. El amor es duro. Amar supone querer, apasionarse, entregarse, renunciar y por tanto dolerse y sufrir por la no correspondencia, y porque vemos equivocarse en la vida a las personas que queremos. Los que se aman sufren muchas veces por culpa de su incapacidad para comprenderse, para entregarse, para construir un camino juntos. Amar es sufrir, y ese lado difícil de la vida no puede ser eludido. Tampoco sería justo si dijéramos que en el amor todo es sacrificio y que no otorga ninguna satisfacción. No somos masoquistas, aunque nos toque sufrir alguna vez por los que queremos. Amar y sufrir forman parte de la vida, y las personas que renuncian a sufrir, casi siempre terminan renunciado a amar.

Por eso sufre el padre cuando sus hijos se tuercen; sufre el hijo cuando el padre le quiere corregir; y sufre la sociedad cuando en lugar de decir “quien bien te quiere, te hará llorar”, afirma “quien bien te quiere, te dará placer”. Es hedonismo para hoy, y sufrimiento para mañana. Nuestra nueva generación Z y X son especialistas en la queja, y todo por no haber sufrido lo bastante cuando eran pequeños. Ya llorarán, ya. Y no es porque les quiera mal, sino porque la vida es así.

El refrán conviene no malinterpretarlo. No dice que “quien bien te quiere, te dará cosas malas”. No dice eso. Las cosas buenas no siempre son entendidas por el niño, por eso se llora. Llora el niño con una rabieta cuando su padre le quita las tijeras con las que puede herirse. Ahí está el sentido verdadero del refrán. Lloran los niños porque desean cosas malas. ¿Hay que dejar experimentar con cerillas para que el niño se queme y aprenda? Mejor negárselas, mejor darle pequeñas dosis de libertad, mejor ayudarle a crecer. Mejor reñirle y castigarlo cuando lo merezca.

Es evidente que los niños y adolescentes no siempre aprecian la virtud y los valores que quieren enseñar los padres, profesores o adultos. A menos que sean buenas personas, dicen muchos; pero para eso hay que negarles algo cuando hacen el mal. Repito, las personas que están aprendiendo, los niños y los adolescentes, no siempre saben lo que es bueno, lo que es verdadero, lo que es virtuoso… por eso deben llorar y es bueno que lloren para aprender. No es cierto que se aprenda con una sonrisa, no siempre se puede hacer, y en ocasiones hay que enseñar haciendo llorar a los peques. Proporcionalmente, por supuesto, pero llorar.

Los niños deberían ser los principales receptores del mensaje. Pero los pedagogos modernos se oponen a que lo escuchen. Pobrecitos, dicen. En realidad los prefieren cojos y tuertos para su jaula de cristal, que sólidos y fuertes para la vida. Muchos no quieren que sufran, entre otras cosas porque no son sus hijos, y porque no los tienen. Que no lloren, que estén siempre contentos. Eso está bien, pero el “siempre” es la tentación. Que estén contentos no es el objetivo, sino que sean felices, y para estar felices hay que enseñar a privarse de algo.

Niño, yo te lo digo:

No te quiere bien el que te da caramelitos por la calle, sino tu padre que te los niega porque vigila tu salud.

Niño, no quieren más a sus hijos los que les regalan un móvil con ocho años, sino la madre que se lo niega hasta los 18 años.

Niño, no te quiere más el que te dice que disfrutes con tu cuerpo, sino el que te enseña a respetarlo y a valorarlo.

Pues eso. Quien bien te quiere, te hará llorar.

PD: El refrán tampoco puede leerse al revés, que es lo que muchos, por olvidar las reglas elementales de la lógica, han confundido. No dice “quien te hace llorar, es porque te quiere”. No dice eso. Hay mucha gente que hace llorar porque es mala, porque hace daño, porque es tóxica, y porque no se quieren ni a sí mismos. El dolor por el dolor no tiene sentido, y por supuesto el refrán no habla de violentar a los demás, ni de agredirlos, ni de azotar a la gente. Es una interpretación sesgada e irreflexiva. Cuando sucede tal cosa, entonces el dolor se convierte en un absurdo.

PD2: Finalmente: ¿funciona el refrán cuando uno es adulto? Yo creo que no. El refrán se pensó en su historia para la educación de los pequeños, para que comprendieran el valor de la negación o del castigo que trata de corregir, y ese esfuerzo pegagógico de los mayores tiene que ver con el querer y el amor al niño. Amor verdadero. Por eso entre adultos no cuadra. No lloran más las parejas que se quieren mucho. Sería una relación de desigualdad excesiva. Aquí se habría que rehacer el refrán: “quien bien ten quiere, buscará tu felicidad”, incluso aunque sea alejado de tu persona.

 

¿Hacia dónde va el mundo? Apuntes de geoestrategia y geopolítica mundial.

Cada tres años edita la revista Mundo Negro un especial sobre África donde detalla en su conjunto, y país a país, el devenir y los problemas del continente africano. El trabajo es ingente y la labor fantástica, pues esta revista, de los misioneros Combonianos, es la mejor en lengua española sobre el continente africano, y probablemente sea de las mejores del mundo de temática africana. Les prometo que la voy a estudiar despacito despacito, la voy a analizar, y voy a disfrutar aprendiendo de lo que pasa por allí abajo.

Lo que he empezado a leer ya me ha traído preguntas e interrogantes sustanciosos. Me pregunto hacia dónde va el planeta, el mundo y la geopolítica mundial, porque mirando a uno de los continentes, el más castigado por la desigualdad, pero también uno de los más ricos en recursos naturales, uno percibe que el mundo está cambiando. Lo cual, dicho así a bote pronto, como que nadie lo discute.

El caso es que lo primero que me llama la atención es la irrupción de CHINA como potencia económica, inversora y política en África, pero también en el resto del mundo. Nuestra deuda, la europea, está en manos del gigante asiático, y lo mismo que manejan nuestro dinero, controlan nuestras opiniones. China es un IMPERIO EMERGENTE y esa evidencia hace que haya dos o tres IMPERIOS DECADENTES: Estados Unidos, Europa y Rusia. China se expande por África, y los europeos estamos de retirada.

De los mundos decadentes, el que claramente está más en declive es EUROPA. Durante el siglo XX ya se situó en un segundo plano a la sombra de Estados Unidos y de la Unión Soviética. Vivimos en un continente siempre en división y enfrentado en cientos de tribus, grupejos, nacionalidades y clanes. La guerra de Yugoslavia no queda tan lejos, y la de Ucrania por Crimea tampoco.

En las últimas décadas, a pesar de intentar ubicarse Europa como potencia económica con el Euro (políticamente está claro que no lo es por la división), su deterioro con la crisis económica, y la incapacidad para mostrar una solidez política a medio y corto plazo hacen que el proyecto de la UE sea inviable, incluso como potencia económico. Europa a lo sumo será lo que es ahora, un gran mercado que tendrá que luchar para defender en su interior un sistema de bienestar muy atractivo para la emigración y muy costoso de conseguir. Es verdad que representamos la cultura ancestral, la de la vieja Europa, el continente originario… pero poco más. Nuestra voz apenas está representada por una Francia que pulula a la sombra de la sólida Alemania, y Gran Bretaña, que está de capa caída y en retirada estrepitosa. El resto poco… los viejos imperios castigados por la historia…

El segundo imperio en decadencia son los ESTADOS UNIDOS. ¿Durante cuánto tiempo andarán en caída? Me atrevo a decir que su decadencia se va a gestionar muy lentamente, hasta tal punto de que es probable que se resitúen en el mapa geoestratégico mundial de otra manera muy diferente a la que hemos visto hasta ahora. El imperio nuevo se reinventa, y todavía es posible.

Actualmente, los Estados Unidos siguen siendo el enemigo a batir, son los poderosos y fuertes de la economía, el ejército y la conquista espacial. Pero Estados Unidos está harto de ejercer determinados papeles que le cuestan dinero y vidas. Se han cansado de ser la policía del planeta y de Naciones Unidas. ¿Alguien quiere un ejército de Cascos Azules o Naciones Unidas? Pues que lo pague de su dinero.

Europa es una rémora para los americanos. Quiere estar contra el Estado Islámico sin disparar un tiro y criticando a los americanos que sí lo hacen, y eso no es posible. El alejamiento de Trump de sus aliados tradicionales europeos no señala más que lo que la sociedad americana lleva pidiendo durante mucho tiempo: más mirar a su interior, y menos salvar el planeta occidental de los malos. ¿Por qué deben ejercer ese papel que nadie está solicitando? Que envíe tropas rusia a Naciones Unidas, o China…

El tercer imperio decadente es RUSIA. La antigua Unión Soviética se desmembró a principios de los 90 del siglo pasado, y su gran trabajo geopolítico ha consistido desde entonces en erigirse como la gran potencia que fue en la Guerra Fría. ¿Lo sigue siendo? En un parte sí, y en otra no. Rusia es el país más extenso del mundo, y goza de reservas de gas y petroleo. Sus materias primas son importantes, y su desarrollo tecnológico, aunque ha perdido relevancia en los últimos decenios, sigue siendo clave en muchos sectores. Rusia mira a Asia y a Europa a un tiempo, y tiene frontera con los Estados Unidos por Alaska. En ese sentido tienen mucho que decir todavía. No sabría decir si está en decadencia, o es que todavía no ha mostrado su fuerza ni sus posibilidades reales como potencia económica, y quizás ese sea su talón de Aquiles. Si Rusia tuviera la economía y el mercado interno de los Chinos, otro gallo nos cantaría.

Pero no lo tienen, y esa puede ser su herida en el futuro. Es verdad que los aliados de los rusos suelen ser los enemigos de los Estados Unidos, y viceversa, lo que nos da la impresión de estar como en barrios controlados por mafias de macarras. Los yanquis no meten las patas en Irán, y Rusia les deja cabrearse con Corea del Norte. Es verdad que tal confrontación se mantiene con unas formas más elegantes que durante la guerra fría, donde todos tenían enemigos en el bando de enfrente, pero el juego de ratones y gatos sigue estando vigente. ¿Son Rusia una potencia a la altura de los Estados Unidos? Creo que sí, pero desarrollan una estrategia distinta, muy amparada en la propaganda y en la desestabilización de Europa antes que en su conquista cultural. ¿Cuándo empezarán a decaer? ¿Lo han hecho ya? Ya veremos lo que da de sí esta parte del mundo.

De lo que nadie duda es de que el gigante asiático, CHINA, es la superpotencia del futuro, son el Imperio, y eso lo harán con permiso de los decadentes, o incluso sin ellos, que es lo que realmente está sucediendo. Los países emergentes, de los que tanto se hablaba hace diez años, ya no emergen tanto. Son países que están bajo la órbita de otras potencias y controlados por ellas. Son los aliados que necesitan todos los imperios, los adláteres que les siguen el juego.

China está extendiendo sus tentáculos por toda la economía mundial, especialmente en Europa, pero también lo ha hecho en toda Asia, Oceanía y Oriente Medio. Tiene también una presencia creciente en hispanoamérica y Brasil y por supuesto en África.

¿Y que va a pasar con África? África está dejando de ser ese continente rural, y sus ciudades están creciendo mucho. Pero no va a ser fácil. La emigración interna del continente es importante, y lo va a seguir siendo en el futuro. Lo mismo que la emigración a Europa. ¿Que por qué? Buscan nuevas oportunidades que no las dan sus convulsos y poco estables países de origen. La clase media alfabetizada quiere vivir mejor. La pregunta que me hago es si terminarán emigrando a China como mano de obra barata o preferirán venirse a Europa. Lagarto, lagarto.

Cuando se comprende la vida: yo hago lo que puedo, y el resto se lo dejo a Dios. Leyendo a Javier Garrido.

Tuve la suerte de conocer a este pensador cristiano, Javier Garrido, hace algo más de dos décadas. Fue en unos ejercicios espirituales que se celebraron en Valladolid. Yo andaba por entonces terminando mi etapa de estudios teológicos, y me ofrecieron la posibilidad de acudir para escuchar de viva voz, para tratar y aprender de Javier Garrido Goitia, uno de los teólogos y humanistas más interesantes de nuestro tiempo. Un franciscano que había hecho una síntesis asombrosa entre la teología espiritual y la ciencia psicológica contemporánea, con el referente de Jung entre sus principales.

Había escuchado bastante de él, y leído algo, pues varias creyentes, entre ellas una profesora de filosofía con la que conversaba a menudo, M.R., (que luego marchó de misiones) sentía verdadera devoción por este escritor y pensador. Me lo recomendó, me lo ofreció y me lo leí. Luego comprobé que muchos otros cristianos leían y aplaudían sus propuestas. Realmente ayudaba y mejoraba la vida de las personas en el sentido más amplio e integrador posible. No podría mencionar a todos aquí, pero fueron muchos, desde luego. Era convincente y aportaba algo nuevo.

El caso es que no me defraudó cuando lo traté. Javier Garrido había reinventado y reelaborado en una de los esfuerzos más interesantes de la cultura teológica contemporánea española y europea la psicología moderna con la teología espiritual. Hablaba del personalismo y de la construcción de la persona como elemento fundamental para que la gracia sobreabundase en la limitación humana. Explicaba, analizaba y contaba con mucha claridad y profundidad lo que todos sabemos, y nadie termina de poner nombre ni de definir. ¿Reconocen ese momento de luz intelectual?

Javier Garrido me gustó y me encantó. Tomé muchos apuntes, memoricé y anoté en mi mente muchas de sus nociones, ideas, sugerencias y continué con la vida. Hablamos, le escuchamos y discutimos, dialogamos e intercambiamos ideas y pensamiento. Y por supuesto aprendí mucho, porque estaba ante un maestro, un sabio , un pensador y una buena persona. Un franciscano único. Un creyente arrojado en los brazos del Padre.

El caso es que la vida nos lleva por cualquier sitio, siempre diferente a lo que uno espera, y casualmente, hace unos quince días he vuelto a retomar algunos viejos libros que tengo por casa de este autor. En realidad tengo bastantes de él, así que escogí este de “Adulto y cristiano”, que me regalaron mis buenos amigos TyByT hace diez años, y me he entregado a releer y revivir pensamientos dormidos, siempre sugerentes y de excelente factura. Garrido no ha envejecido. En cambio soy yo el que tiene unos años más…

Hay muchas cuestiones que se podrían destacar de Javier Garrido, pero siempre tengo en mi mente la síntesis de contrarios que hacemos en la vida entre el IDEALISMO Y LA REALIDAD. La vida es eso, una lucha entre los ideales que uno tiene con respecto al amor, el trabajo, la familia, los demás, la sociedad y el mundo; y la realidad con la que uno se encuentra. Siempre en tensión, siempre en crisis y crecimiento. En expansión y en aceptación.

Ser creyente implica además hacer una apuesta por el IDEALISMO que construimos conforme a la fe. La utopía cristiana es una elaboración que hacemos también en nuestras cabezas, en nuestros sentimientos y en nuestras personas; lo cual explica los abandonos y las apostasías de los jóvenes; pero también augura el retorno a la iglesia de aquellos que una vez sintieron el toque delicado en el alma, gente que cuando la vida ha sacudido a fondo vuelven a entrar en un templo y se reencuentran con Dios y con ellos mismos.

“Yo hago lo que puedo y el resto de lo dejo a Dios” dice el libro que pronuncia mucha gente orante. Es una buena síntesis de lo que un cristiano vive cuando descubre que la vida no la controla uno, que todo ha sido y es gracia, y que Dios te ha ceñido el vestido y te ha llevado por donde tú no querías. ¿Acaso no sucede siempre así? A pesar de las dudas y de las vacilaciones, incluso de las negaciones, Dios te ha llevado hasta el final. Eso sólo es posible descubrirlo cuando se ha madurado y sintetizado el idealismo y la realidad. Cuando uno percibe la limitación propia y la grandeza inconmensurable de Dios. La vida es un derroche y un regalo, y nos queda agradecer antes de morir.

La única posibilidad de un cristiano maduro para vivir con autenticidad la fe es abrirse definitivamente a su gracia, a su amor, entregarse en sus brazos como un niño. Ahora qué sé quién eres, deseo estar contigo para siempre. Es la entrega definitiva del hombre maduro y del anciano que recapitula la contingencia de la vida y que descubre que Dios siempre ha estado ahí, purificándolo, amándolo, esperándolo. Todo es gracia, y ha sido voluntad de Dios.

Javier Garrido explica todo esto maravillosamente. Cosas que probablemente no necesiten explicación porque uno las vive sin más.

Y me trae el libro a colación el mundo en el que habito. También con la tensión entre idealismo y realismo que se da en todos nosotros. Me voy a lo prosaico. El idealismo de la izquierda de construir un mundo mejor se resiente cuando la vida avanza y uno necesita adaptarse para comer, entonces parece mira a las derechas; el idealismo de los jóvenes cuando tienen hijos y comprueban que la realidad no era lo que pensaban que era, lo que pensaban que no ibas a hacer lo termina haciendo; el idealismo de los profesores que empiezan pensando que van a cambiar el mundo con sus clases y terminan pidiendo que lleguen las vacaciones cuanto antes y por favor.

Para un creyente siempre hay un viento de idealismo por vivir Siempre se puede contribuir, aunque solo sea con un pescado y un poco de pan, para que Dios lo multiplique. Siempre descubre uno que no ha cambiado el mundo por dar clase, pero que sí que ha podido ayudar a alguien que estaba casi excluido. Con uno basta, porque sólo Dios sabe de verdad. Uno descubre que con que un sueño se haga realidad ya vale la pena. Y a veces ese sueño ya se ha producido.

“Yo hago lo que puedo, y el resto se lo dejo a Dios”; y entonces te das cuenta de que lo has comprendido.

 

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