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Breve desarrollo de la actividad literaria del escritor Antonio José López Serrano.

La carrera musical que no tuve.

Aunque algunos no lo crean, más que escribir, yo lo que quería de pequeñito era ser cantante. Pero no un cantante cualquiera. Yo quería ser cantante de esos que acariciaban el cable del micro mientras que melosos entonan canciones tipo Camilo Sesto o Julio Iglesias. Abrazameee, y cosas así. Artista donde los haya. Tanto fue así que tomaba la raqueta de tenis de mi hermano, y me dedicaba a cantar como si quisiera arrancar notas musicales del instrumento que no era. Eso por la primaria y en Tarragona, casi nada.

En mi evolución, me hice una guitarra de dos dimensiones. Monté con ayuda de una plancha de madera, tres clavos, un martillo y una sierra de pelo algo parecido a una guitarra eléctrica sin volumen y sin caja de resonancia. Luego pinté por encima simulando ser la guitarra de aquel fantástico músico al que adoraba y que todo el mundo conoce. Me refiero a George Harrison, el cual me parecía hasta guapo, y los Beatles unos genios. Todavía me lo parecen. Pero aquella guitarra era más sorda que una tapia. De hecho, nunca sonó más que en mi imaginación, y para más inri, por culpa de haberla pintado con las ceras Manley, manché varias camisas sin que nadie me descubriera. ¿Tan dífícil era ser músico y cantante consagrado con ocho años?

Es verdad que mis padres me llevaron al Conservatorio, pero mi experiencia con el solfeo no fue ni mucho menos agradable. Sucedió todo en Tarragona. El grupo al que me asignaron estaba compuesto por niños más mayores, y todos progresaban menos yo, que debía tener como dos o tres años menos que los demás. Era el torpe de la clase, no me enteraba, y en mi retraso, mi augusta y pianista madre, me tomó por banda y me ayudó con las piezas del examen, para que al menos aprobara en el examen final que se hacía ante un jurado circunspecto y serio. Por supuesto aprobé. Tengo primero de solfeo. Pero lo dejé, pues lo pasé mal.

Años más tarde retomé mi carrera musical y de cantante con algo más de éxito. Escuché y me enamoré de los Beatles, de su música y de su calidad. Y en esa emoción me compré un cancionero con los acordes dibujados de guitarra de los fab four. Luego llegó otro cancionero de Serrat, otro religioso…

Aquello me sirvió para aprender inglés (yo era de francés) y para tomar prestada la guitarra de mi hermana. Allí puse mis primeros acordes. Sol, Sim, La… y aprendí a tocar algo.

Aprendí música con los Beatles y entonces decidí hacer un grupo. Tenía 13 años y más ganas que las compañías adecuadas para lanzarme hacia una carrera brillante. A ninguno de mis amigos le molaba aprender a tocar un instrumento. Por cariño a mi persona, supongo, se dejaron convencer para formar un grupo musical, y aunque los embauqué para que fuéramos un fantástico grupo musical, en realidad nunca cantamos nada.

Fue por entonces cuando escribí mis primeras canciones. Algunas era un guiño al rock de Tequila, básico y movido. Otras eran pretensiones de melodía que no llegaba. Pero nunca se las cantaba, ni me atrevía a hacerlo.

Como por entonces escuchaba a mucho cantautor de esos que no usan la melodía ni para ducharse, pues ahí me quedé. Quería ser cantautor. Al fin y al cabo, no necesitaba un grupo que no supiera tocar y que tampoco dominara la flauta de sus hermanas pequeñas. Era la época de la movida, desde luego, y estaba en el lugar adecuado. Pero ni por esas los convencía para que nos gastáramos el dinero en una guitarra eléctrica cutre, de las de quince mil pesetas. Tampoco yo me la compré, ni equipo, ni amplis ni nada.

Ayer estuve repasando aquellas viejas canciones. Escribí muchas como cantautor en esos años que van desde los quince hasta los diecinueve. Algunas son incluso regulares. Aprendí y mejoré tocando la guitarra en los grupos cristianos juveniles en los que estuve. Underground sobre todo, que gustaba hacer buena música. Mejoré con el alabaré el kumbayá y esas cosas. Llegó el Fa, el Si7. Con el tiempo llegué a tocar bien la guitarra de acompañamiento, que era lo que tocaba John Lennon, cuya muerte lloré en el año 80. Faltaría más. Woman. Pero mis canciones nunca las proclamé ni las difundí.

Durante la carrera de Derecho incluso las grabé en una cinta de cassette, pero tampoco llegaron demasiado lejos. Hice copias para un par de amigos, y las perdí de vista. Eran unas letras horribles, de esas que hoy, cuando las he revisado, me he sonreído por lo simplonas e izquierdosas, soñadoras y utópicas que son. Seguro que habrían tenido éxito. Pero aquello no sucedió. Se quedaron en un cajón.

Con los estudios de Derecho dejé de escribir canciones, y sólo, cuando terminé de estudiar Ciencias Eclesiásticas, con unos veintinueve años me atreví a escribir alguna canción más y compuse un puñado que grabé casi a pelo y sin preparar con los del Movimiento Cultural Cristiano. Eran canciones muy reivindicativas, de izquierda cristiana casi anarquista. Me ayudó Diego Velicia que hizo la segunda voz y que no nos quedó muy mal. Claro que no. Incluso dimos un recital en el salón de Acto de La Salle con un público amigo y entregado. Mi primera subida a un escenario para cantar.

Abandoné todo aquello sin que hubiera una razón. Trabajo, estudios, matrimonio y otros intereses más vinculados al mundo del cine, clases, filosofías, oposición…

El gusanillo regresó cuando recién aprobada la oposición, y rondando la cuarentena, aterricé en el IES Mateo Hernández de Salamanca. Había varios profesores amantes de la música, y nos animamos a montar un grupo musical. Con ayuda de los buenos amigos que hice en aquel insti, Dani, Miguel Angel, Carlos… aprendí un poco a tocar el bajo y a cantar y acompañar con una banda en las celebraciones del centro educativo. Fueron buenos tiempos. Escribí otras diez o doce canciones. Cada vez de más calidad, alguna incluso buena.

Pero de nuevo la realidad me tenía reservada otra sorpresa. Descubrí el mundo de la literatura casi sin querer, como un reto personal, y empecé a escribir LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. El libro me llevó cinco años de esfuerzo y dedicación casi en exclusiva. De nuevo adiós a la música, a la pintura y nuevos destinos y nuevos caminos con la familia y la vida a otro lugar. Luego edité, me premiaron. Seguí escribiendo y hasta la fecha.

Por eso, ayer, y en estos días de confinamiento, que he rebuscado entre mis viejas canciones, he descubierto viejas melodías, letras y creaciones que nunca han sido cantadas en público y que bien merecerían la oportunidad que no tuvieron en su momento. Hablan de los amores de entonces, de las dudas y los sueños idealistas de un joven que en los años ochenta quería ser cantante y cantautor. Hablan de una carrera musical que nunca tuve, pero que bien podría haber sido. Cualquier día monto un recital y me hago un Leonard Cohen.

 

Maestros que mueren con M de Marzo. Ayer Delibes, hoy JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO.

Hoy ha muerto José Jiménez Lozano, 9 de marzo del 2020. Descanse en Paz.

Escuchadme todos:

Ha muerto un escritor magnífico, admirado y comprometido con su fe y con el hombre. Humanismo cristiano hecho letras en un mundo que odia lo humano, lo cristiano y las letras.

Ha muerto José Jiménez Lozano, y pertenecía a esa raza de escritores que son necesarios, casi imprescindibles en nuestra tierra.

Hace diez años fallecía Miguel Delibes, también marzo, fue el 12 de marzo de 2010. También escribía historias que nos han hecho escuchar lo más humano de lo humano. Lo más profundo del aire, que dijera Guillén junto a San Pablo, lo más auténtico que fueron en sus personajes, donde se retrata a la lumbre el fuego del alma de Castilla.

Y porque las letras están de luto, yo también ando como perro olfateando las esquinas. Como Rinconete y Cortadillo, que al lado de mi casa se entregaron a desentumecer sus vidas con un coloquio de penas y un ladrido de miseria. Cervantes los vio y nos los contó.

Y junto a la columna de esa esquina se enseñorea con su pluma y su paloma en la cabeza José Zorrilla, al que dieron en la plaza un hueco ladeado, cuando el nos dio a doña Inés en desvelo por causa del amor sufriente por el Don Juan.

Y me guardo triste cuatro versos sueltos:

 

¿Qué tendrá este mes de marzo que convoca a los Maestros?

¿Qué tendrá este tiempo amargo que olvida a los vivos para homenajear a los muertos,

pero que ni lee a los vivos ni a los muertos?

¿Qué tendrá esta tierra mía, que se nos van los poetas buenos?

¿Qué tendrá el aire hoy de Castilla, sin José y Miguel? Cielo.

¿Qué guardará San Pedro de los ángeles con tanta alma al término de su destierro?

¿Qué nos esperará a nosotros, los vivos, cuando busquemos una voz nueva,

y no encontremos más que silencio?

El mundo está más huérfano, y tú, Valladolid, de luto y de entierro.

 

 

 

 

 

 

Mi entretenida y curiosa carrera cinematográfica.

Veía el fin de semana la gala de los insoportables premios Goya de este año, y me acordaba de mi incursión por el mundo de la cinematografía. Hay bastantes escritores que antes de escribir se sintieron muy atraídos por el cine, y que luego, viendo que era un campo imposible por endogámico, optaron por escribir, que es más barato y más satisfactorio. Además, siempre hay que pelotear menos a la gente y bajarse menos los pantalones ante los consagrados de todos los tiempos. ¿Qué hay de lo mío? Eso en el mundo del cine es lo habitual.

El caso es que el gusanillo por el cine me vino por culpa de la película que vi en la Seminci de un director novel llamado Fernando León de Aranoa, y que se titulaba Familia. La peli me resultó fascinante, incluso yo diría que mágica. Aquella actriz desconocida llamada Elena Anaya, y aquella trama tan sugerente sobre la verdad y la mentira en la vida de las personas me mantuvo en vilo, en reflexión permanente y asombrado durante varios días. Yo quería hacer algo así, hacer cine y arte. ¿Era imposible?

Conocía la mecánica de la música y la mecánica de la pintura. En aquel año, octubre del año 96, estaba acabando la carrera de teología, con la finalidad de ser ordenado sacerdote no tardando mucho, sin embargo aquella película me embriagó y me sacó de un itinerario que parecía marcado. Ya era Licenciado en Derecho, y era una persona leída, pero desconocía todo lo que había detrás de una cámara, y me empecé a interesar y a obsesionar por el Séptimo Arte. ¿Qué era aquello? ¿Cómo se hacía? ¿Era posible el arte?

Durante ese curso escolar busqué todo lo que pude sobre el mundo del cine. Me metí en él, me interesaba todo y quería aprender mucho. Soy autodidacta por naturaleza, sobre todo cuando no existe otra posibilidad. Me hubiera ido de buena gana a Madrid, o a Miami, o a Los Ángeles a alguna escuela de Cine que me enseñara, pero no podría ni quería dejar los estudios de Teología, que como he dicho, concluía ese mismo año.

Participé en un curso breve de guión y cine impartido por Primitivo Aguado. Primi era el productor ejecutivo que trabajaba habitualmente con Elías Querejeta, y ahí conocí a un buen número de personas jóvenes, todas amantes del cine y de hacer cine. Leí todo lo que puede sobre narrativa cinematográfica, guiones de cine. Estudié y estudié. Comprendía que el guión y el guionista es la madre de todas las historias y todas las películas. Luego el director hace y rehace, y finalmente el montador. Era como una danza de varias personas donde la sincronización era fundamental.

El caso es que lo aprendí todo. Tuve la oportunidad, me invito una amiga, a participar como extra en el rodaje de la película Mamá es boba de Santiago Lorenzo. Me gustó la experiencia tanto, que le pedí al director si podía quedarme por allí viendo y aprendiendo. Me dijo que sí, y sin que habláramos demasiado, estuve durante la semana que rodaron en Valladolid husmeando todo lo que pude, preguntando a unos y otros y aprendiendo. Script, iluminación, sonido, maquillaje. lo único que no hice fue molestar a los actores, que estaban en lo suyo. Todo aquello me parecía un gran engranaje, una especie de orquesta filarmónica que dirigía un maestro con su batuta.

Uno de los días me dijo Santiago si quería decir una frase en la película, propuso a varios y tras hacer una recitación, me eligió y debuté en el celuloide. La frase, encajada en una conversación, la pronuncio con Gines García Millán, un buen actor al que saludé. ¿Mi frase? “¿Quién es ese tío que se ríe todo el mundo de él”. Hicimos tres tomas, todas de lujo que debieron sorprender al montador. Según me contó Santiago, le encandiló mi ejecución vocal.

En esos meses me sucedieron muchas más cosas sorprendentes, pero sería muy prolijo contar ahora. Entre otras, saludé al Papa, Juan Pablo II en Roma, abandoné el seminario, obtuve la Licenciatura en Ciencias Eclesiásticas (Teología) y continué estudiando cine. Me empapaba de todo lo que podía.  Durante aquel verano hice buena relación con el joven director de cine Ivan Sainz-Pardo, participando como asesino, o algo así, en uno de sus primeros cortos. No recuerdo si participé en algún otro rodaje suyo. El chico rodaba cámara en mano con mucha habilidad y talento. Eran historias llenas de vida. Iván luego se fue a Alemania y continúa dirigiendo cortos, algunos de los cuales han sido premiados, hoy es un tipo muy reconocido, al que por supuesto, también le gusta escribir. Reconocido, pero no en los Goya, claro. El cine es el cine.

El caso es que durante ese verano acudí a un curso de cámara de televisión y de realización para deempleados. Era curioso pero mi vida parecía girar de nuevo hacia un mundo desconocido para mi. Escribí varios guiones de cine, cortos; y rodé, en formato Betamax, creo, mi primer corto con ayuda de varios enamorados del cine. Choco y varios más. Yo mismo participo como actor en un corto suyo. En esos días, fundé la Asociación de Cineastas Quinito Films, cuya continuidad terminó en un armario de mi casa. Sorpresa tras sorpresa. De esta manera escribí mi primer guión de cine, y registré mi primera obra literaria, si es que se puede llamar así. Era un proyecto de cineasta, de jurista, de teólogo y de merluzo que tenía toda la vida por delante.

Sin embargo, los garbanzos son los garbanzos. Por eso, cuando en septiembre me propusieron trabajar como profesor de Religión en el Ferrari de Valladolid, en media jornada, no me lo pensé. Era algo de dinero, y ya seguiría con el cine cuando pudiera. ¿Acaso era imposible compaginar la vida? Desde entonces he dado clase, y como la faceta de cineasta no he podido desarrollarla, pues me he dedicado a escribir, que es bastante más barato.

¿Qué por qué dejé lo del cine? Es una afición demasiado cara; además, se necesita a mucha gente para sacar adelante una peli. La suerte última que me desesperó fue la excesiva endogamia de los que se dedican a ésto en España; o tienes apellido o eres amiguete de los amiguetes progres y guays de ese mundillo. Ni siquiera los que estaban bien relacionados son atendidos ni tienen suerte. Daba igual que fueras un genio o un pardillo, se necesita abuela y padrino. Y bajarse los pantalones. Opté por ir al cine sin más, y disfrutar viendo lo que otros hacían.

Por eso, cuando veo una fotograma de una película recuerdo lo que significa estar al otro lado, esperando que llegue el cámara, que suene la claqueta, que se ilumine la escena, que haya treinta personas mirando cuando parece que no hay nadie. Y me veo a mi mismo haciendo cine otra vez. Al menos por unas horas y hasta el día siguiente, hasta que me siento a escribir las siguientes letras de mi próxima novela.

La fuente de inspiración inagotable de un escritor.

Hablo de mi caso, y creo recordar que coincide con la de muchos escritores latinoamericanos del siglo XX. La vida de los vecinos y de la familia es una fuente de inspiración constante para un escritor cuando la vida se hace relato.

Desconozco de qué hablan otras familias, pero en la mía es muy habitual contar historias de un abuelo, de un bisabuelo, de un tío abuelo o de cualquier otro antepasado, primo, tío o sobrino. Se comenta jocosamente sobre lo que le pasó, lo que hizo o lo que tenía por costumbre. Son anécdotas que llaman la atención a sus parientes, y por eso lo recordamos con humor, con gusto, con intriga y con gozo. Los ojos de nuestros mayores brillan cuando recuerdan cómo era fulanita o menganito. Genio y figura… dicen. Qué forma de ser. Y son personas que han pasado por nuestra vida dejando una huella indeleble en el alma.

Estas personas queridas, se convierten en perfiles, en arquetipos humanos cuando por observación los utilizamos como personajes para edificar un relato. Yo no sé otros escritores, pero yo tengo que ver al personaje, tengo que saber todo o casi todo de él para comprenderlo y moverlo por la trama. Aunque no lo cuente en la novela, mis personajes tienen un pasado, y yo soy dueño de su presente y de su futuro. Tienen un carácter, una manera de ser, y ahí es donde las viejas historias y lo que observo y conozco es vital para mi.

La realidad supera la ficción, por eso siempre ha habido gente que ha hablado con los muertos, gente con deseos de soledad y de compañía a partes iguales; y gente, en general más díficil de carácter o más fácil. También ha habido siempre personas cuyo único interés en la vida ha consistido en nacer, casarse, reproducirse y morir. Por ese orden, mientras que otras siempre han tenido más gusto en inventar un crecepelo, un aparato que vuele o un idioma universal para entendernos con los que no son del pueblo. Sin embargo, en general todos coincidimos en que la vida hace de las suyas, y todo lo que uno planificó se derrumba. La historia es imprevisible, incluso la historia de las personas en su individualidad lo es. Encontramos gente con inquietudes, y gente muy satisfecha con su vida, pero casi siempre gente que no controla su vida y que necesita darle un sentido.

Recuerdo cuando estudié hace años las técnicas de escritura del guión de cine y TV que se aconsejaba que sucediera algo y que los personajes no fueran ordinarios. Nos pedían que tuvieran algo especial. Un policía que se prostituye por la noche es más interesante que un policía aburrido; y un cantante famoso que odia la música da más juego en una serie de televisión que un tipo aburrido y feliz de haberse conocido. Por eso ha dejado de ver un tipo series y determinada clase de cine: porque es demasiado previsible que si no se enrollan todos los personajes  y se acuestan todos con todos el guionista no sabe qué hacer para que no sea aburrido. Alargan las series poniendo al personal en pelotas o bajo tierra. Dicho con un ejemplo: lo de los Alcántara en Cuéntame no es normal. La vida no es así de estresante, gracias a Dios.

Pero no por eso es menos interesante, entre otras cosas porque es más real.

Recuerdo la historia de un hombre desconocido que pasó por el majuelo con su caballería . Tenía ganas de tomar un trago de vino, y le pidió a un vinatero que vio por allí que le diera algo de beber. El hombre le ofreció un vaso colmado, y tras probarlo y disfrutar de él, pidió un barril entero para saciarse la sed, pues dijo, ser muy buen vino. Ni corto ni perezoso el bodeguero le vendió un barril pequeño, supongo que de unos tres o cuatro litros. Aquel forastero acercó su boca al agujero por donde salía el néctar de la uva y se bebió todo el contenido del barril. Lo tiró al suelo con cierto estruendo. Muy rico, dijo. Y subió a su caballería para continuar camino. Ni que decir tiene que salieron todos en espera de que aquel hombre se cayera del caballo, pero eso no sucedió. Se mantuvo erguido mientras les dijo adiós con la mano a él y a su familia. El majuelo era el de mi tatarabuelo, y la historia nos la hemos ido contando unos a otros.

FIRMA de libros el miércoles 18 diciembre por la tarde en la Librería El sueño de Pepa.

Pasado mañana…

Por si no pudiste a acudir a la presentación del pasado mes de noviembre…

Ahora tienes una nueva ocasión…

FIRMA DE LIBROS DE ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

El próximo miércoles 18 de diciembre.

De 18h a 20h de la tarde.

En la librería EL SUEÑO DE PEPA

Plaza Mayor 3, en Valladolid

¿Te lo vas a perder? ¿Tener un libro firmado por el autor para poder regalar estas navidades?

Vaaaale, si no puedes no pasa nada…

y si puedes…

Nos vemos allí… Un saludo.

 

 

Presentación del libro TRAS EL CIELO DE URANO.

 

La verdad es que estuve muy relajado y a gusto. Como no no podía ser menos. Acudieron amigos, viejos conocidos y algún que otro familiar; gente lectora en general y gente interesada en disfrutar de un encuentro ameno en particular. Aproveché para saludar a viejos y entrañables amigos, y me entregué a la febril tarea de firmar y estampar firmas y dedicatorias en unos cuantos libros. Nunca había tenido tanta cola esperando la inmortal rúbrica que convierta la novela TRAS EL CIELO DE URANO, en un ejemplar único. Digo. Eso me obligó a despedirme con rapidez de Carlos Malillos que me ayudó con genial talento en la presentación del susodicho pequeñuelo. Gracias a él y a todos los asistentes, que fueron muchos e importantes.

Ahora a descansar. Tengo nueva firma en La librería el Sueño de Pepa el día 18 de diciembre por la tarde. Allí nos veremos, si Dios quiere.

Os dejo con unas cuantas fotos del evento.

Dentro de dos días presentamos el libro. TRAS EL CIELO DE URANO

Los sentimientos se cruzan para retorcerse. Presentar un libro es casi como bautizar a una criatura pero sin el como. El caso es que tal actividad produce en el progenitor -en este caso, un servidor de usted- una tensión no exenta de respeto y temor hacia el público, el cual termina convirtiéndose en el crítico verdadero del libro. ¡Vaya mierda o me ha encantado! Ahí es nada.

Escribir es agradable y placentero. Puede ser bastante cansado y tedioso en algunas de sus partes, o convertirse en un esfuerzo grato y entretenido, incluso divertido. Escribir requiere constancia y exige perseverar hasta el final. Primero se estudia el tema, luego se planifica, se redacta, y finalmente se revisa hasta que te parece que queda medianamente aceptable. Entre uno o dos años mínimo. Algunos se quedan en la primera fase, en la segunda o en la tercera. Y yo sé que pasa el tiempo, y que no todos los libros ven la luz, pues muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Casi todos los escritores (y artistas) tenemos costumbres parecidas con respecto a nuestra obra. Me identifico con otros creadores en la sensación de inseguridad que produce a cualquier artista su obra. Lo haces porque lo llevas dentro y te revienta el alma no sacarlo fuera. Es como parir, se hace con dolor y alegría, y hasta que no sale de tus entrañas no te quedas a gusto. Pero esto es distinto a tener un bebé. Porque un hijo siempre es para su madre y su padre la más bella criatura del mundo (hay excepciones que saltan a la vista y que motivan un “madre mía, que bicho más feo”); y escribir, pintar o componer no resultan casi nunca bellos a los ojos de su creador.

Escribir es como parir un alien, y la duda del huevo será si alguno se dará cuenta de los defectos que tú sí que ves. Quizás no les importe, piensas. Y eso es lo que suele pasar. Un hijo es así, y así me lo ha dado Dios; pero parir un libro es ver sus defectos cara a cara.

Coincido con muchos escritores en que escribir para los demás tiene algo de exhibicionista, y eso te obliga a pasar por el trance que envenenará tus emociones los próximos meses. ¿Te ha gustado? Es la pregunta que haces, y la afirmación, lo que esperas que te digan sin más ni más es el bálsamo de Fierabrás, el que cura todos los males. “Sí, me ha gustado. Es la mejor novela que he leído en mi vida”. Por desgracia, si te lo dicen, no te lo crees. Además, eso no suele pasar tan fácilmente, sobre todo porque hay cientos de novelas clásicas mejores. ¿Qué leerá este tipo para que le guste lo mío? Y así hasta el que la duda metódica del artista bordea la galaxia de un infinito imposible de recorrer. Igual no soy tan malo, y te animas a escribir otra cosa.

Personalmente -confieso mi obsesiva naturaleza- como me embarco en un nuevo proyecto más pronto que tarde, suelo considerar el libro recién parido como algo del pasado, como algo que ahí está por el mundo bambando a sus anchas sin tenerme en cuenta. De cuando en cuando nos volvemos a ver en una Feria del Libro, o en una firma improvisada.

Este es el quinto libro que publico, aunque en el fondo sea el tercero, pues “Los Caballeros de Valeolit” era una obra única que publiqué en tres partes por exigencias de tamaño. Cuando saqué “El ángel amado” no me inquieté tanto, pues sabía y sé, que es una buena novela y que aunque no sea la temática religiosa la más apetecible por mis lectores, nadie podía echarme en cara que fuera una mierda. Al contrario, sé que El ángel era una obra maestra. ¿Y ahora? ¿Qué pasa ahora?

Ahora sucede que el niño parido es una novela de ciencia ficción. He cambiado de género. TRAS EL CIELO DE URANO es una novela de aventura pura y dura, con intrigas, supervivencia, amor y amistad. Yo creo que lo tiene todo, pero se trata de una aventura espacial que puede extrañar y sorprender a mis lectores de siempre. La libertad que tengo como escritor que se ha librado de las editoriales debe asumir el riesgo que produce la intemperie de ir y venir por donde el arte y el instinto te lleven. Y eso no es tan fácil para un alma creativa.

Sé, porque lo sé, que Picasso se sintió igual que yo cuando presentó por primera vez “Las señoritas de Avignon”, y es que la inseguridad de cualquier artista está siempre bajo la piel, a veces coraza, que soporta y aparenta soportar. Orgullos que disimulan los temores. ¿Gustará o no gustará? Por orgullo puedes pensar que no la entienden; pero también, la lógica y el instinto, te pueden llevar a temblar ante la terrible realidad de que no sea lo suficientemente buena.

Siempre he pensado, desde que terminé la primera redacción hasta la última revisión, que TRAS EL CIELO DE URANO era una buena novela, de las que puede gustar mucho y emocionar al lector, incluso hasta el punto de que podría convertirse en un superventas. Pero no sueño, pues conozco el color del suelo por donde piso. También conozco los errores nimios que presenta este tercer hijo que publico. Tengo confianza en la fuerza y capacidad de esta novela; y todavía confío más en la benevolencia del que me lee. ¿Me perdonarás que haya cambiado de género literario? Hay quien me dice ya que soy el mismo escribiendo en otro género, y que se nota. Pero yo también sé que puedo parir una obra mejor, una que me deje satisfecho cien por cien y que traspase el desfilar de las generaciones.

Este jueves será un gran día. Presentaré una obra diferente. Sé que el viernes por la mañana TRAS EL CIELO DE URANO será una criatura que dejará de pertenecerme. Me huirá y vivirá sin mi. Para siempre o hasta el olvido. Nos veremos en alguna feria, en otras firmas, y en lugares a los que sueles frecuentar. Si te portas bien, querido libro, te escribiré una segunda parte.

Presentación del libro TRAS EL CIELO DE URANO en la Casa Revilla de Valladolid

Ya tenemos fecha. PRÓXIMO 28 NOVIEMBRE, A LAS 7 Y MEDIA DE LA TARDE EN LA CASA REVILLA.

Se trata de TRAS EL CIELO DE URANO, mi primera novela de ciencia ficción. Aventura en toda regla, con trama trepidante incluida y una historia preciosa de amistad, amor y superación. Será en la Sala Francisco de Cossio de la Casa Revilla, que desde hace años es lugar de encuentros y de cultura.

Salgo así de la pereza y la reclusión a la que me suelo entregar entre libro y libro. Me gusta acudir a las cosas, pero soy poco amigo de organizar y meterme en líos. Pido perdón a mis lectores pues no hice ninguna presentación con mi novela anterior EL ÁNGEL AMADO. Es verdad que se vendió aceptablemente, y que estuve en las firmas en las que pude, pero ahora, ante la luz y la lamparilla de mi mesa de trabajo, puedo prometer y prometo que no volverá a pasar. Trataremos a TRAS EL CIELO DE URANO como se merece. Con honores de libro.

Por supuesto no puedo dejar de agradecer a Pepa, de la “Librería el Sueño de Pepa” de la plaza Mayor de Valladolid su esfuerzo para organizar este encuentro en la CASA REVILLA. Pepa es una mujer diligente y activa que respalda y apoya el trabajo de los escritores de la ciudad. Y eso es de agradecer y mucho.

Me ayudará en la noble tarea de bautizar este libro TRAS EL CIELO DE URANO mi querido amigo y escritor de encuentros y tardes felices, D. Carlos Malillos. Sus novelas son una enseñanza para el lector adolescente y juvenil, una delicia para los adultos que nos atrevemos a entrar en su mundo y su escritura. Le agradezco que esté con nosotros en esa tarde que aventuro memorable, y por supuesto, les emplazo a todos ustedes, lectores asiduos al DÍA 28 DE NOVIEMBRE A LAS 7 Y MEDIA EN LA CASA REVILLA PARA LA PRESENTACIÓN de TRAS EL CIELO DE URANO.

 

Del manuscrito al libro.

Reconozco que me gusta esta parte. Es como entrar en la sala de parto y dar a luz. Publicar un libro tiene mucho de artístico, no por el texto en sí, sino por el aspecto final del libro. Es verdad que hay que convertirlo en un producto que sea vendible, atractivo y todo eso; pero también tiene su arte y interés el proceso. Cada época diseña de una forma diferente. Se busca una buena portada, se buscan los textos de las solapas, las imágenes más sugerentes, la letra adecuada, el papel ahuesado… Es un proceso que tiene algo de fascinante y de creativo. Los libros de los años 70 parecen hechos para leer y prestar. En cambio los de hoy parecen diseñados para regalar, lucir en una estantería semivacía.

Una buena edición no mejora un mal texto, es verdad; pero un buen texto se multiplica en valor si la edición es buena y está cuidada. A mi me gusta que mis libros sean majetones y buenos en todos los sentidos. De hecho, me gustaría que sus formas finales fueran las mejores, las más selectas, las más equilibradas y las más prácticas. Me gustaría que su lectura fuera cómoda y mágica, y que no engañaran al lector con su contenido. Me gustaría que se pudiera conservar y proteger por si el lector lo tuviera por valioso. Editar un libro sólido para que sea releído muchas veces es lo contrario a lo que se busca hoy, pero para mi sería el ideal.

La forma de un libro es todo un inventario de intenciones por parte del editor. Un libro de bolsillo, de tapa blanda y sin solapas pide un lector impaciente que lea una historia rápida y fugaz. Un libro de tapa dura, con ilustraciones y recosido está pidiendo una lectura sosegada, junto a una chimenea, donde debe abundar la reflexión y el placer mismo de la lectura.

Los libros clásicos no suelen mostrar en las cubiertas más que el nombre del autor y del libro. Los libros que venden a un escritor concreto ponen las letras del mismo tamaño pizza familiar. Y los que desean vender historias truculentas usan nombres truculentos. Luego el contenido desanima, decepciona, o encanta y emociona.

Ahora se usan las letras más grandes en los libros, porque los lectores son más perezosos y prefieren menos páginas que desgranar. Libros cortos, muy de usar y tirar. Libros para regalar, pero no se van a abrir quizás en su extraña vida de libro.

Los libros electrónicos permiten cambiar el tamaño de la letra, permiten almacenar mucho texto en un soporte relativamente práctico. Pero no nos muestran cubiertas, ni solapas. Las letras son más grandes en las portadas, porque los soportes son más pequeños. Los libros electrónicos no huelen a libro, y están pensados para el que quiere saber de la historia y de la lectura sin más. El libro vale en su exclusivo contenido, no en su diseño. Gusta o no gusta.

Ahora que estoy trabajando con ayuda de un editor a diseñar, maquetar y elegir lo mejor para TRAS EL CIELO DE URANO pienso en la edición de tantos y tantos libros. Y quiero que el mío sea el mejor, el más curioso y elegante. Y es lógico, ¿qué padre no quiere que sus hijos vayan bien vestidos? Pues eso.

Próximo libro para diciembre: TRAS EL CIELO DE URANO

Estamos trabajando para que este diciembre 2019 salga a la venta y en papel el último libro que he escrito, y que lleva por título TRAS EL CIELO DE URANO.

La novela la terminé de escribir y de revisar el año pasado por estas mismas fechas. No he tenido prisa en publicar, nunca la tengo, pues mantengo la convicción de que cuando algo es bueno y de calidad, vale la pena esperar. Y esta novela creo que ha valido la pena.

No sé cuanto tiempo habré tardado en escribirla. El número de revisiones generales del texto que tengo en el ordenador es de siete; y el tiempo total desde que empecé a pensar en una novela de ciencia ficción hasta que he puesto la última palabra al libro, ha sido de unos dos años y medio. Pero no puedo precisar más. Sé el día que la acabo, pero no el día que empiezo a pensar en una novela. Supongo que me será indultada la falta.

TRAS EL CIELO DE URANO es una novela de ciencia ficción y de aventuras, la última que escribo y la primera que publico en este género que siempre me ha sido muy grato y entretenido. La ciencia ficción no debería ser un género menor, pero es verdad que en España, y en lengua castellana, no hay demasiada tradición narrativa en este género. Tampoco hay premios ni  reconocimiento, a pesar de que sus lectores siempre han estado bien definidos y son fieles. Todo el mundo ha oído hablar de los grandes: Verne, Wells, Asimov, Bradbury… y es evidente que no hay españoles ni hispanoamericanos en abundancia. ¿Por qué será? Lo desconozco, pero es justo reconocer que en esto los anglosajones nos ganan por goleada.

TRAS EL CIELO DE URANO es también es una novela de aventuras, de personajes intrépidos, de misterio aderezado con amor y buenas dosis de desamor y de emoción. Hay algo en ella que conecta con la trilogía de Los caballeros de Valeolit (los héroes del día a día), pero es también una novela muy diferente, donde los personajes son la avanzadilla de una exploración espacial. La aventura se realiza viajando a un mundo desconocido, y en ese sentido, me recuerda a los relatos históricos de los grandes conquistadores españoles y portugueses de los siglos XV y XVI, cuando en medio del vasto océano toman la decisión de continuar hacia un horizonte desconocido y hostil.

No es tampoco una temática muy distinta a la que tomamos cualquiera de nosotros ante la vida. Por eso creo que es una novela muy atractiva para todo el mundo. ¿Arriesgar o acomodarme? ¿Luchar, salir de mi mismo, o estancarme? El mundo es de los intrépidos, de los que luchamos con la vida día a día.

Supongo que he bebido de las fuentes de los autores más clásicos de ciencia ficción, lecturas juveniles que se han ido depositando en mi subconsciente, y que resurgen hoy en mi quehacer de escritor.  Me cuentan algunos amigos que TRAS EL CIELO DE URANO les evoca lo mejor de Julio Verne y de Isaac Asimov; y eso me llena de orgullo y de humildad. Orgullo porque estoy cerca, y humildad porque camino sobre los hombros de los grandes escritores que nos han precedido.

TRAS EL CIELO DE URANO es una buena historia de conquistadores, de colonos espaciales y de naves. Es una historia de pioneros que buscan un hogar donde establecerse y poder comenzar una nueva vida.

En esta novela no he buscado un lenguaje elaborado, ni un vocabulario técnico científico. Realmente es una novela que puede leerla cualquier persona a la que le guste la aventura espacial. Cuando pienso en ella me doy cuenta de que esta es la novela que me hubiera gustado leer con dieciseis años; y creo que con eso lo digo todo.

El agua de la fuente

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