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Artistas libres; artistas controlados.

Cuando a un artista se le encarga una obra, la ejecuta y cobra. No hace lo que quiere, pero gana dinero. En este mundo del arte, el que paga, manda. O mandaba. Así ha sido durante mucho tiempo en el mundo del arte, de los artistas y de los escritores. Por eso, amigo lector, si quieres vivir de esto, tienes que buscarte un mecenas. O ser independiente y funcionario.

Te recuerdo que un mecenas es cualquiera que te da dinero por lo tuyo. Puede ser un lector o amazon. El problema es que a veces la obra no gusta mucho cuando es terminada, o que gusta pasado un tiempo, o que no es ubicada donde te esperabas.

Me cuentan que a veces el cuadro no hace juego con el tresillo de casa porque es de colores apagados, aunque también hay casos donde el pagador se “pasa” de cuando en cuando por el taller del artista y le da instrucciones, aporta su visión de lo que debe ser, y lo que considera que está bien o mal según su criterio y su bolsa. Poderío, que se llama. Sí moana, dice el artista. Mejor colores claros que hagan juego con el tresillo. Lo que usted mande, señor editor.

Lo dicho, tú eliges, o independiente o lo que diga el jefe.

Esta visión no está tan superada como podría parecer. El que paga sigue mandando, y salvo que un artista tenga una familia con pasta, le tocará plegarse a las exigencias de su jefe.

Hoy los que pagan son muchos (lectores y compradores) y piden que tu obra sea agradable, rentable y que valga algo, aunque sea en el futuro. Que no es poco. Ya saben, si no gusta tu cuadro al propietario de la galería de arte, siempre puedes venderlo a tus amigos, conocidos, despistados y turistas manirrotos. A veces te lo compran pensando que vas a ser famoso en el futuro. Ya está. Se lo vendes.

A los poetas siempre les queda un último recurso. ¡Amigo escritor, si tu poesía no le gusta a tu editor, siempre puede declamarla en el Campo Grande de Valladolid a los pavos reales! No pasa nada. Así empezó Clarín y terminó suicidándose.

Cada uno tiene su caché y para no amargarnos, nos recordamos una y otra vez que van Gogh no vendió una morcilla en su vida, y que mira ahora. Lo descubrimos tarde. ¿Seguro? Digamos que generó dinero tarde, cuando el pobre ya había palmado y no podía hacernos cientos de cuadros de girasoles similares. Si le hubiéramos pillado a tiempo…

Pocos artistas ha habido en la historia del arte que hayan sido verdaderamente libres. Pero los ha habido. Casi siempre responden al creador que ha logrado alcanzar un estatus y reconocimiento a partir del cual, hagan lo que hagan, tienen éxito y son apreciados. Dejan de ser deudores de sus intermediarios, e incluso de su público. Hacen lo que quieren, desde el punto de vista creativo, y todo se les perdona y se les compra. Porque son de fulanito.

Esto permite a los autores liberados crear sin cortapisas, construir su obra, pintar lo que les da la gana y como les da la gana. O escribir lo que les parezca sin que nadie les diga lo que tienen o no que hacer. Así le sucedió a Victor Hugo, pero no a Cervantes ni a Shakespeare.

Siempre me hace gracia que los mismos que coartan en el presente la libertad de sus artistas en nómina, son los que afirman guardar un amor desmedido por lo que hicieron los genios con toda la libertad del mundo. Y así encontramos al mismo editor que rechazó “Cien años de soledad” o abomina de “Marcel Proust” dando lecciones de lectoescritura a una camarilla de adláteres escritores que trabajan sometidos a él en la editorial equis. Ese mismo editor es además el que otorga los títulos de buenos escritores a los de su pesebre con la concesión de suculentos premios. Si les dices algo te contarán que si el mercado patatín, el mercado patatán. Y que ellos defienden el arte. Pero no es verdad. Lo esquilman sin sostenibilidad para el artista.

Picasso pudo pintar lo que le daba la gana cuando tuvo un estatus de pintor genial. Antes no, pero luego sí. Lo mismo le sucedió a Dali, que firmaba lienzos en blanco para incrementar su cuenta corriente. En la música popular, los Beatles decidieron dejar de actuar en directo y pasaron a experimentar en el estudio de grabación de Abbey Road en Londres, entre otras cosas, porque estaban hasta los mismísimos tarantinos de dar conciertos donde no se escuchaban ni a sí mismos desafinar del griterío que había. Hasta aquí hemos llegado, Paul, dijeron. Y se acabó. Y tres años después “Let it be”.

Los Beatles hicieron lo que quisieron, experimentaron e inventaron como quisieron. Revolucionaron gran parte de la música, y siguieron vendiendo discos. Son seguramente sus mejores discos, los menos comerciales y los más interesantes. Si no hubieran sido tan famosos, no habrían editado ni la mitad de sus discos, y hoy serían un grupo más de los muchos que hubo en los años 60 por la pérfida albión. No habrían salido de su pueblo, vaya. Por muy molonas que sean sus canciones no tendríamos la psicodelia del Sgt Peppers, ni el album blanco, ni habrían llegado a cruzar Abbey Road, frente a los estudios Apple, que ellos mismos fundaron.

El otro día me contaban las penas de varios escritores consagrados, teóricamente consagrados y conocidos. Escriben lo que todos esperan que escriban. Si han parido una novela histórica buena tienen que escribir una trilogía. Y cuando tienen una trilogía, otra segunda parte de la trilogía. Y así se pasan su vida de artistas escribiendo lo mismo que una vez escribieron. Son envidiados por el resto de escritores; pero es curioso que muchos escritores consagrados envidian a los que no tenemos tanto éxito, entre otras cosas porque disfrutamos de libertad para escribir lo que nos sale del prepucio, el pucio y el pospucio.

Ellos viven de escribir, o mejor dicho, viven de reescribir aquello que les dio éxito, y lo reescriben una y otra vez. Nueva novela del año, la última de fulanito. Y es igual que las anteriores, incluso peor. No tienen el suficiente éxito para escribir lo que quieren y en ocasiones se van autodestruyendo. En cambio los pequeños escritores que no vivimos del tema, podemos escribir más libremente, aunque tenemos que alimentarnos de otro empleo para sobrevivir.

Es curioso que haya sido así en la historia de la literatura de manera tan generalizada. Abundan los escritores militares, periodistas, profesores, funcionarios, hijos de papá, etc.

Los artistas de nuestro tiempo están controlados por el pensamiento políticamente correcto. Pero también por los grandes inversores de arte, gente que ha construido una maquinaria para vender y comprar arte, libros o cuadros al por mayor. Esa maquinaria tiene mucho que ver con la política y las ideologías del mercado democrático. Artistas de izquierdas y artistas contraculturales. ¿Les suena? Hay público para todo, es verdad, pero los grandes del negocio quieren productos de bajo coste y mucha venta. Por eso hay arte basura, arte para usar y tirar, arte mercado y arte clandestino. Libros basura y libros de usar y tirar.

Por eso muchos artistas hoy se rebelan. Autoeditan sus discos, sus libros, sus novelas y su pintura. Son los nuevos genios que no quieren someterse al viejo mecenas, ni a las viejas formas.

Yo quiero ser uno de ellos. Como los poetas, que son los más libres de todos. A ellos les basta con compartirlo en las redes sembrando luces de belleza donde antes solo había caos.

 

 

Paseando por el Louvre.

Esta cosa minúscula que señalo con mi dedo índice es el famosísimo cuadro de Leonardo Da Vinci, titulado La Gioconda, por ser la señora esposa del Giocondo. También es conocida por la Mona Lisa, si bien desconozco a qué se debe el insulto a tan egregia y fotografiada señora. El cuadro está en el Louvre y no hay forma de arrimarse al mismo, pues hay tal fila de respetable, que ni aunque hiciera cola durante media hora (las interminables colas parisinas) conseguiría verlo con detalle. Además de un cristal de un centímetro, hay una azofaifa a su derecha que vigila un perímetro de dos metros, a fin de evitar ataques de locura entre la tropa cultureta de este planeta enano. Si el Giocondo levantara la cabeza se mosquearía y mucho, ¿qué es eso de que a su esposa la mire toda la peña, la fotografíen y se entretengan mirándola?

Del tema de la enigmática sonrisa no digo nada. Me basta mostrar la mía, también enigmática, pues no se sabe si es resignación, júbilo, cachondeo o chanza. Es la expresión viva de lo que siento cuando entro en un museo, un profundo maltrato personal y colectivo.

Los museos son la expresión más clara de la sociedad en la que vivimos. El arte se agrupa y almacena igual que se almacenan a las personas en cajas de cartón llamadas viviendas o en contenedores urbanos semovientes llamados metros y autobuses. En Paris todo está almacenado y organizado. Hasta Napo tiene su sitio de dictador que no se lo va a quitar ni la memoria histórica ni la madre que lo parió. Ole y ole.

El Louvre es la expresión máxima del almacenaje cultural y de la decadencia francesa. Salas y salas de material robado a los egipcios, griegos, italianos, sirios o persas que es mostrado sin el menor rubor a una serie de hordas turísticas, entre las que me encuentro, cuyo principal interés es tachar de la lista lo que nos falta por ver en París, entre ellos el Louvre, el Orsay, la torre Eiffel y el Montmatre. Y dentro del Louvre nos dan otra lista para decir que hemos estado delante de tal o cual cuadro. El de la Mona debe ser muy cotizado en Japón, por eso hay más gente que en la guerra, con perdón.

Lo dicho, dentro del Louvre hay carteles sembrados por doquier anunciando donde está el cuadro de la Gioconda, para que las masas transiten a través de salas y salas llenas de cuadruchos impopulares. Luego están los prospectos anunciadores de los cuadros de segunda fila. Y por supuesto el resto es de tercera fila. En realidad para un artista casi todo es de una magnífica calidad, pero para las masas no. Como dijo mi amigo el Latino, la plaza Mayor de Salamanca es mucho mejor que lo que hay por ahí. Y tiene su parte de razón.

A mi, lo que más me gusta de los museos famosos, es hacerme una idea del tamaño real del cuadro; porque cuando uno estudia pintura siempre tira de fotos de libros y todos parecen iguales. El retrato de la Gioconda es más bien pequeñito, tamaño medio tirando a ñaco. El de la Revolución guiando al pueblo (Delacroix) tampoco es demasiado grande, pues hasta cabría en el salón de mi casa; en cambio el de Napoleón coronándose emperador es cojonudo, enorme y gigantesco, como la cojonudez y el chauvinismo de nuestros vecinos. Ese es para la fachada del Corte Inglés en Navidad. De hecho no me cabía casi en la cámara, es decir en el móvil. Ofrezco unas muestras, para que no se diga que soy un exagerado. Primero Delacroix, y luego David con su cuadrito del Bonaparte cascándose una autocoronación.

Vale. No voy a aburrir con la misma monserga. Reconozco que lo más interesante de los museos es la gente haciendo fotos y mirando los cuadros. Es una experiencia mistérica, primaria y única. Muchos miran sin verlos, y casi todos lo hacen a través de sus móviles. Están necesitados de una explicación para poder ver lo que hay que ver, de ahí que compren audioguías; lo que los convierte en una especie de compradores de marchandeisin que miran y rebuscan en un mercadillo de viejo, no para comprar lo que no pueden comprar por falta de recursos, sino para congraciarse con lo que estudiaron en el cole. Mira, este me suena; es lo que le digo yo a mi santa.

Pero siempre hay alguien que te hurta el cinismo y la ironía; y está delante de tus ojos. La excepción es joven y frágil. Me fijé en alguien que entró en una sala, miró un solo cuadro, estuvo dos horas contemplándolo extasiada. Se humedecieron sus ojos, lloró en silencio y se fue. Era imposible no reconocerla como la mujer del cuadro, la única que encuentra sentido en contemplar su retrato, supongo. O quizás, no. Quizás tengamos que aprender a visitar los museos de cuadro en cuadro. Deteniéndonos en el primero, y dejando para la semana siguiente el segundo.

En fin, yo me quedo con mis abundantes fotos. Este de Renoir y público, es magnífico. Hasta parece que miran algo, los del cuadro, digo. Feliz fin de agosto.

 

Escribir, pintar y cantar.

No es una tema nuevo que muchos de los escritores que en el mundo han sido les encante también dibujar y pintar. No es nuevo tampoco que los artistas entregado a la música disfruten en sus ratos libres pintando o esculpiendo. Y es que la naturaleza humana del que se embelesa con cualquier forma de creación, necesita de sus múltiples formas para expresarse.

Abundan los directores de cine frustrados que escriben, y esa es la mejor salida posible a su creatividad. Quizás sea yo uno de ellos, pero casi me considero mejor un cantamañanas que durante unos años disfrutó  haciendo cancioncitas y pintando. Luego escribiendo, que se me daba mejor. Y ahora he vuelto a pintar. Lo de la música sigue ahí pendiente, y lo de la pintura ya veremos.

Cuelgo algunas de las pinturas que he realizado este año en cretas de colores sobre papel. Me han ayudado a relajarme y además no me canso de mirarlas. Algunas serán las portadas de futuros libros, y otras se quedarán escondidas en la carpeta hasta que les demos aire. Las copias me han relajado. Lo que no son copias son criaturas, y afirmo sin ambages que suelen ser más jolgoriosas y que me han mantenido con la cabeza más ocupada.

Una muestra de fotos con los fondos de la biblioteca y los cuadernillos que pululan por mi casa. Añado explicación para los entendidos… ¡Ole, la gracia morena!

Arriba: copia de un cuadro de Monet. El Folie Bergere.

Abajo criatura. Retrato de un escritor. (se supone que soy yo rodeado de mis personajes).

Abajo y tumbados los libros de casa. Copia variante de Van Goth. Café terraza de noche. Pongo variante porque cambié a la peña de la terraza que no estaba tomando una tapa. Ale.

 

Arriba: criatura. Posible portada de la novela TRAS EL CIELO DE URANO. Se aprecia el cielo azulado del planeta Urano, y los icosaedros diseñados por la Agencia Espacial Internacional para viajar por esos mundos de Dios. Este lo repetiré porque me ha quedado más oscuro que los “X” de un grillo.

Abajo: criatura. Rosas en un jarrón con playa al fondo. Este está mejor y tengo que decirlo: me encanta su colorido.

 

Abajo: Copia variación de Van Goth. Noche estrellada. Está hecho sin arrancar la página del cuadernillo. Y es que somos así de tranquilos.

Arriba. Copia variación de Monet. Mujer con sombrilla. Se puede ver también el lomo del libro que estoy leyendo, Holocausto católico en la parte superior. En la inferior se aprecian los libros que he distribuido estos días por varias librerías, además de las anotaciones de mi tonelaje en los primeros días de abril. Algún día contaré de qué va esta piradez. De momento lo importante es la señora de la sombrilla.

Arriba. Criatura. Retrato cutre de mi hija Marta. Pongo cutre porque ella es más guapa. La foto del dibujito la hice en el mismo sitio que el anterior, por eso salen los cuadernillos con los que trabajo. El dibujo creo que lo pinté en Talavera la Real.

Arriba. copia de bodegón de libro para aprender a pintar. Ale. El del libro está mejor, pero lo tenía por ahí.

Abajo. copia de dibujo de lámina con coloreado libre. Son láminas de dibujo que tenía mi madre guardadas de cuando era maestra. La verdad es que están bastante bien, de la editorial Salvatella. Un servidor copia el dibujo; y cuando me apetece lo coloreo a mi gusto. Son parecidas, las dos que tengo, pero me gustan y están bien. Paisajitos.

Abajo: copia de dibujo de una lámina con coloreado libre. Lo mismo que dije arriba.

Arriba. copia de perro que encontré en una fotografía, creo. El horrible lazo azul fue una petición de mis hijas. ¿Dónde iba un perro sin un precioso lazo azul? A quedado como lo que yo te diga. “Perro con lazo azul”, y todos contentos.

Arriba: copia de bodegón que encontré en un libro de aprender a pintar. Usé el color naranja porque estaba probando colores en casa. Bien. Entretenido. Si pasa a la historia de la pintura será porque le ponga otra firma, una que diga: Dalí.

Arriba: criatura. La tarántula y el alacrán. posible portada del próximo libro LA EXTRAÑA FAMILIA DE ARGIMIRO MONTAÑÉS. Este cuadro es uno de los que más me gusta. No me canso de mirarlo y de seguirlo viendo. Es hipnótico.

Arriba. Variación de un cuadro de gatos. Fue el segundo que hice, y buscaba una variante más cubista del mismo cuadro. El primero más creativo y libre.

Arriba. Criatura. Botijo y botella. pintado en ceras. De cuando no tenías las cretas compradas.

Arriba. Cuadro original de los gatos. Fue el primero que hice. Era una copia para aprender la técnica de las cretas. Me orientó Elena Benayas, que es la pintora que me ha enseñado a pintar con cretas.

Abajo. Copia de Renoir. Este me quedó chulo.

 

Abajo: criatura. Es otro de mis favoritos. Botijo, café y playa.

Buscando un tema, preparando el siguiente libro.

Me identifico con los creativos, con los creadores y con los artistas y genios de cualquier condición. Me identifico con los que agotan su mente buscando una idea, una pequeña y simple idea que nos haga recrear, procrear, policrear y expandirnos. Me identifico con todos los locos del mundo que se obsesionan con lo que tienen entre manos, con los que agotan su tiempo y lo pierden buscando expresar lo que llevan dentro. Gracias a ellos ha sido posible el arte, la ciencia, la técnica y la literatura.

Si no lo hacemos, si no creamos, nos ahogamos en nosotros mismos, nos estancamos y pudrimos como agua pantanosa. Lo nuestro es el agua que corre, la acequia que se lleva la tierra de la orilla, el río señorial y el ancho y precioso mar donde pretendemos desembocar nuestras ideas. Luego nos arrepentiremos, queremos destruir a nuestros hijos, nos aburrirán sin que podamos retocarlos, pediremos perdón por equivocarnos, pero seguiro que pensaremos en la siguiente tarea creadora, en la última y la siguiente que es la más interesante y sugerente. Al menos para nosotros.

Crear supone un esfuerzo. Siempre ha sido así. El ejercicio de crear una obra de arte requiere un estado mental agotador, de obsesión permanente y de trabajo continuado. Las musas no nos visitan, y en cambio lo hace la soledad, el hastío cuando no sale nada, el silencio roto por la incomodidad de no saber, de estar perdido creando, haciendo, escribiendo o pintando, que tanto da. Las noches pensando para parir una idea son tan necesarias en el científico como en el novelista.

Confieso que tengo un buen número de libros escritos, bastantes más de los que he publicado, pero no son suficientes. Primero escribí LOS CABALLEROS DE VALEOLIT como una sola novela. Por razones de venta he tenido que sacar la novela en tres partes, pero realmente era una única novela, una epopeya al estilo Los miserables, Guerra y Paz… Nada más terminarla, empecé a escribir EL ÁNGEL AMADO. Estoy hablando de novelas que escribí hace ya unos cuatro o cinco años.

Luego me entretuve con dos novelas que estuve escribiendo a la vez. Era como si el descanso de una supusiera concentrame y descansar mentalmente con la otra. Estaban (y están bien escritas), pero las he ido abandonando al olvido. La primera se titula ENTRE DOS RAMBLAS, y está ambientada en Tarragona, la ciudad en la que pasé mi infancia. Es una historia de misterio y de amor a un tiempo, más autobiográfica que otras y con varias escenas que me fascinan. Buena literatura aunque los temas sean vulgares. La otra novela que escribí al tiempo la titulé LA ISLA DE LAS ESFERAS, es de ciencia ficción en la Tierra, gentes del futuro que se dan una vuelta por nuestro mundo, y con todos los componentes para hacer pensar al público. Es mi novela más Saramago, supongo, también en el olvido. La envié a algún premio de los que están amañados, y lógicamente no me lo dieron.

Tardé en terminarlas unos dos años, pero luego, cuando ves que el mundo editorial es una castaña pilonga, y que hay más tiburones en el mar que peces de colores, pues te tiendes a desanimar y a refugiarte en más y más escrituras y lecturas.

Continué escribiendo, claro que sí. No podía dejarlo, y empecé otro relato. En mi opinión es el mejor pero es inclasificable. ¿Quién escribiría Cien años de Soledad otra vez? Pues yo, que me gusta escribir y me gusta el realismo subrealista mágico y a la española. Reinventé el estilo, y he inaugurado con esta obra una corriente nueva en la literatura universal. Digo yo que es así, pero no creo que venda mucho a los lectores de novelas de usar y tirar.

Es una obra maestra, eso creo. Pero no alcanzará al número de los selectos lectores de Marcel Proust, que actualmente se encuentran en unos cincuenta por todo el mundo. Así que mejor no publicarlo. los pocos que lo han leído les ha parecido una obra extraordinaria. No se venderá, lo presiento, o será un éxito descomunal. Me da igual. Lo titulé primero NATURALEZA MUERTA, y luego le puse por título LA EXTRAÑA FAMILIA DE ARGIMIRO MONTAÑES. Está ambientada en Yecla, y con ella cambiará la historia de la literatura, modestia aparte. ¿Seguimos?

Tengo recién terminada una última novela de ciencia ficción aventuras muy al uso. Se titula TRAS EL CIELO DE URANO, y seguro que terminan haciendo una película con ella los de Hollywood. Dice mi hermano, que se la ha leído, que habrá cientos de capítulos y libros en continuación, y es que las aventuras son siempre una delicia. Mi madre opina que es como Julio Verne, y no creo que le falte razón.

El caso es que no sé que más escribir. Y tampoco tengo muy claro qué va a ser lo siguiente que voy a autopublicar. De momento voy sacando las entradas de este blog en PALABRAS ATADAS, formato Amazon, pero no termino de darle salida a lo que escribo. Todo se andará.

Tengo, como objetivos próximos, escribir una novela con la vida de la primera madre heroína de la que tenemos noticia: Santa Mónica. Me da pereza empezar. Otra sería continuar con el estilo realimo mágico subrealismo español, pero es menos vendible que un humidificador en el desierto del Sahara. También tengo pensado lanzarme con ls siguientes partes de TRAS EL CIELO DE URANO, pero también me da hartura. He pensado escribir EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO versión propia, mi búsqueda del tiempo perdido en relatos sencillos y profundos. Si Proust lo hizo, ¿por qué no lo voy a poder escribir yo?

En fin, que estoy perdido, buscando tema y preparando el próximo libro. Casi nada.

 

Zolopotroko teatro. El buen teatro.

De las tres fotos, me parece que esta es la que estamos mejor, a pesar del fluorescente del fondo, y del rictus de Julio Martín. Os los presento. ZOLOPOTROKO TEATRO. Gente que lo hace muy bien, y que trata de sacarse las castañas del fuego haciendo teatro. Buen teatro.

Nuria Martín (con su personaje Tina) y Julio Martín, llevan haciendo teatro unos cuantos años, pero han abierto desde no hace mucho un local en Cabezón (cerca de Valladolid), donde acogen cumpleaños, dinamizan pequeñas fiestas, y ayudan y representan el teatro con el que tanto disfrutan. No están solos, pues hay un buen grupo de buenos actores y actrices junto a ellos. Son los externos de las compañías, porque hoy el negocio del teatro no da para tanto. Ellos son dos, pero cuando montan algo contratan a muchos, de los mejores, porque quieren ofrecer lo mejor. Y lo consiguen.

Son el teatro de siempre, el teatro que malvive y le cuesta ganar unos duros, el que hace las delicias de los niños, el que va de pueblo en pueblo, el que despierta el amor de los más pequeños por los cuentos, las canciones o los peluches gigantescos. Son una compañía para hacer soñar a los niños, para que sean felices con historias sencillas y bien elaboradas, con un repertorio abundante y una profesionalidad fuera de dudas. Son una compañía que se sostiene gracias a un esfuerzo y a un trabajo interminable. Son trabajadores de la tramoya y las luces, de la televisión (donde han estado muchos años con el personaje de TINA en TVCYL) y de la interpretación. Son una compañía de dos, cuyos principales amigos los componen los ojos hermosos de los niños que los miran  y contemplan con la boca abierta.

A mi me encanta esta actividad, ese gusto por el teatro y ese amor a la bambalina y el maquillaje, las representaciones y el público. Pero es que ZOLOPOTROKO TEATRO es mucho más. Han animado y participado en unas cuantas ferias del libro, donde el libro infantil se convierte en un plato lleno de condimento y sabor. Es buena cosa que el mundo del teatro se alimente de la lectura y la lectura del teatro. Amigos inseparables, donde una buena ilustración en un cuento infantil evoca a un personaje simpático, quizás visto en un espectáculo de Tina, de Zolopotropo Teatro. Historias que se alimentan, y sueños que se irradian en el mundo de la fantasía.

Me cuenta Julio, que Nuria es la hace sus adaptaciones, las de Lorca, las de sus historias clásicas, las de los demás. Tiene talento, sin duda. Me recuerda a la de tantos escritores que andan buscando un lugar donde darse a conocer. Al poeta le agrada mucho cuando tiene la oportunidad de recitar sus versos, sencillos y buenos; y el dramaturgo, el escritor de teatro, es feliz cuando alguien decide trabajar un texto suyo, darle vida y convertirlo en obra teatral. Representar es lo máximo para un escritor de teatro. Lo que no es fácil. Para un novelista suele ser distinto, pues nos agrada simplemente que nos lean y se disfrute con esa lectura. Haga pensar, haga ver cosas… Para un actor, el aplauso y la credibilidad por un magnífico trabajo es lo que más satisface.

Cientos de obras de teatro de escritores están esperando el sueño de los justos, son obras buenas, escritas para ser representadas. Pero no hay tantas compañías, tampoco hay tanto amor por el teatro como para que tengamos la oportunidad de ver teatro en casa, desde el sillón del hogar. ¿Qué eso no es teatro? Tampoco se ve bien el fútbol en casa (en el campo se aprecia todo mejor), y nadie parece darse cuenta. Es verdad que en directo el teatro es una experiencia catártica, única y vibrante; pero echo de menos el teatro en la televisión, el buen teatro. Me recuerda que hace unos años en televisión el teatro en diferido era una manera más de ofrecer al espectador, de muchos lugares de España, lo que no puede tener en su pueblo pequeño o su ciudad. Por desgracia, parece que los escenarios de nuestro país, los que vemos por la caja tonta, solo sirvan para que algunos buenos actores se dediquen a contarnos chistes. A mi me encanta, pero aspiro para mi país algo más que un club de la comedia donde nunca hay más comedia que la que nos proporciona un puñado de gracias.

Por el teatro y por ustedes.

dirección y relación con zolopotroko: zolopotrokoteatro.com

 

 

 

 

El complejo cultural español.

El tema viene a propósito de un comentario que escuché a un señor que afirmaba que en España no había ningún pensador sólido en la historia de la filosofía porque preferíamos entretenermos con el fútbol y los bares. Refuté el argumento indicando que sí había gente, y cuando eché mano del elenco de pensadores españoles me quedé con Ortega, y casi regresé a los tiempos de Vives, Averroes y Séneca. ¿Era cierta esa afirmación?

Desde luego los países que son pequeños presumen mucho de lo poco que tienen, eso es cierto. Dinamarca y Copenhage presume mucho de Kierkegaard, de Hans Christian Andersen, de la cerveza Carlsberg y de la sirenita. Uno por sector, y eso hacen muchos lugares del mundo. Holanda vende a Van Goth y Praga a Kafka. En cambio, los países más grandes venden la cultura de otra manera, casi siempre ligada al potencial económico. En este sentido, España es un país pobre en recursos y casi ridículo en propaganda cultural, dedica muy poco a potenciar su cultura y el negocio de la cultura española está todavía por explotar. Eso es cierto.

Pero no es cierto que no haya artistas ni pensadores, yo diría más bien que vendemos poco o nada a nuestros epígonos culturales, tanto de primera como de segunda fila. Ciertamente nuestro peso no ha estado en la filosofía, y menos en las últimas centurias, pero tampoco nuestros políticos destacan por ser unos magnificos impulsores de lo que ya tenemos. Y tampoco disponemos en España de un baluarte cultural e intelectual de cierto peso ordenado y reconocido, como tienen en Francia, por ejemplo. Los intelectuales españoles han pasado por ser los amiguetes de cine y algún que otro escritor. Es poco lo que exportamos, pero es mucho lo que atesoramos. Vendemos mal lo mucho que tenemos. Sería deseable otra actitud, de acuerdo.

España ha dado buenos filósofos en su historia. En el mundo romano destacó Séneca, y en el mundo visigodo San Leandro, San Ildefonso y San Isidoro de Sevilla. Al-andalus fue cuna del despuntar filosófico musulmán, competía con la escuela de Bagdad, y presentaba nombres tan importantes como Averroes, Avempace, Avencerraje y muchos otros. Gente olvidada en los planes de estudios de la Historia de la Filosofía, que seguramente la diseñan en Londres, París y Berlín. En el renacimiento destaca la Escuela de Salamanca, donde muchos pensadores brillan junto a Juan Luis Vives, Domingo de Soto, Francisco de Vitoria. ¿Por qué esa gente no se estudia en al historia de la filosofía? Pues porque los que hicieron las primeras historias de la filosofía en el siglo XIX olvidaron el catolicismo, o sea a los españoles. ¿Realmente no había pensadores o es que se quedaron fuera? Se quedaron fuera porque eran menos conocidos y poco apreciados en un contexto Europeo de rivalidad. Hasta el Parlamentarismo hay que reconocerlo como un invento leonés del medievo, y no una genialidad británica. Ellos venden y nosotros olvidamos nuestro genio.

El resto de la historia del siglo XVIII, XIX y XX ha pasado para nuestro país desde la imposibilidad de pensar libremente, y no es culpa exclusiva de la Inquisición, ni del olvido de nuestras autoridades monárquicas primero y liberales después. Un pensador original y profundo como Gustavo Bueno está a la altura de Bertrand Russell, pero nosotros no lo apreciamos así. Ortega es un genio, y si lo consideran algo por Europa es porque estudió en Alemania, no porque fuera español. La gente conoce a Kierkegaard, pero nadie se acuerda de Ortega, al que las derechas acusaron de republicano, y las izquierdas de avenirse con el franquismo. De Zubiri ni se acuerda el respetable, y eso que fue un magnífico pensador contemporáneo. Mejor abrazamos a Foucault, que era un renegado con poses fascistas. Así nos ha ido.

En otros sectores culturales sucede algo parecido. Francia, Inglaterra y Alemania subrayan los suyos, y los venden como si fueran agua de mayo; mientras tanto en España no nos preocupamos ni tan siquiera de conocerlos. ¿Se imaginan el flamenco en Inglaterra? Sería la música y el baile de moda en todo el mundo. En España los editores de cante hondo, cante gitano son… franceses. Se editan en París, y luego nos venden los cedés a nosotros. En España la gente escucha cualquier basura anglosajona, y ni siquiera entra en los circuitos comerciales de nuestro país el flamenco. Gracias a Hispanoamérica, Mexico, Colombia, Perú y Argentina, el complejo español es menor. Ellos no tienen reparo es su música, ni en su arte, ni en sus escritores. La pena es que no seamos una sola nación, ni una confederación más unida por una construcción cultural hermanada.

En el mundo anglosajón, Shakespeare es, además de un dramaturgo, una asignatura consistente en leer e interpretar al dramaturgo. Lope de Vega, que no tiene nada que envidiar al inglés, pues además de ser un dramaturgo tan genial o más, era poeta, y muy bueno; pasa desapercibido por el mundo, más que nada porque está olvidado por los españoles. Si Lorca es famoso fuera de España, es porque fue fusilado, porque la izquierda exiliada lo vendió como un mártir, y porque escribió Poeta en NY. Tan bueno o más es Manuel Machado en comparación a Antonio Machado, y se habla mucho del segundo y poco del primero.

España es un país espectacular en pintura. Pero ni siquiera hemos sabido vender a Goya como precursor del impresionismo. Picasso, ha pasado durante décadas por un pintor francés, mientras que aquí lo despreciábamos por no entenderlo. Dalí vendía porque era raro y tenía bigote, Miró es desconocido, y Antonio Tapies, otro genio, tampoco es muy apreciado por los españoles, que prefieren a Kandisnky porque es de fuera, y por supuesto van Goth, que es más chulo que Tiziano o Rivera. Hasta Velázquez lo vendemos mal.

Nuestro país no es inferior culturalmente a las grandes potencias culturales. Lo que es inferior es nuestra política cultural y nuestra inversión económica. Que ni está ni se la espera. Por eso en España hay grandes artistas, grandes escritores, grandes pintores, y grandes músicos. Tengo un libro por casa que escoge los mejores obras de literatura de la historia (escrito por un holandés): por supuesto sólo está el Quijote. Prefiere el Cantar de Roldán al Cantar del Mío Cid y así con casi todo. Se le olvida a Galdós, Blasco Ibáñez, Lope de Vega, Fernando de Rojas, Miguel Delibes y cientos de escritores geniales que no lograron vender fuera de nuestras fronteras. ¿Por qué? Hasta el Premio Nobel lo han inventado en un país pequeño, donde hay 15 galardonados en las letras que son Escandinavos, por 12 Hispanos (de los que 6 son españoles). Esto lo explica todo, claro.

HENRY MOORE por las calles.

Me encantan estas fotos.

Han repartido algunas esculturas de Henry Moore (quizás el más grande escultor del siglo XX) por la calle de Cadenas de San Gregorio de Valladolid, y la ciudad se ha multiplicado con un número indeterminado de figuras sugerentes. ¿Estoy en Toronto o en Londres? Pucela. Simplemente Pucela.

 

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